Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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El Arte de Desaparecer

Hojas muertas en mi jardín

No me gusta ver
hojas muertas en mi jardín.
Muertas
y en mi cabeza
la sabia cuajada,
verde, en mi jardín.
Hojas sonámbulas,
cayendo en incendios,
quemando mi suelo.
Hojas muertas,
vestidas,
desangradas,
listas a caer.
Cómplices suicidas;
las hojas toman sus manos
dejándose caer.
Se abren las carnes,
las arterias.
Se arrojan listas,
probando inviernos antárticos.
No me gusta verlas vivir
soportando el ocaso,
sentirlas crujir;
rompiendo pieles,
verlas pudrir.
Quiero sacar sus sombras,
perder la fiebre
en este cuerpo inevitable.
Llamar calor a ese manto áureo,
expuesto a la luz de la lluvia,
a las horcas, a la razón.
Despertando al frío,
carne inquieta,
suicidas rompiéndose la sangre.

Vuelo en aire libre

Cenábamos a orillas del mar.
La cama despedía olores de antaño,
mármoles silbando sobre madera.
El avión en aire libre hacía piruetas,
vociferaba al aire,
fugaz,
contorneado,
cortando sus alas como cuchillos ese aire de miel.
Preguntaste si sabía volar
y yo, inquieto, con esa inquietud de nada
me lancé.
Recuerdo la tierra en mi nariz,
los pies doblados,
la lengua atascada.
Al compás de los motores, al sol,
estaba perdido como gallina dando trancos
pero sin volar.
El avión trepana y huye,
cae en su velocidad siniestra.
Merodea y cae,
sube y cae.
El avión sobre azules muertos,
quiebra sus alas...
y explota.

El diente de leche

Iluminó la noche
tu primer diente de leche.
No hay diferencias
entre Luna y Fiebre.
Todos aman
tu diente de leche,
Que crece feliz
junto a una taza de sol.
Asoma su cabecita
el primer muro de palacio,
y a pesar de no ser blanco
(porque es sólo de leche),
una tenue nube
posa sobre tus labios invernales.
Creo que hoy celebraremos
la llegada, hijo, el primer momento,
como cuando la sangre
fluyó por tu cuerpo.
Es importante tener un diente en esta vida, hijo.
Todo se convierte alguna vez
en momentos
y la manera más fácil
de ser recordado para siempre
y no ser lastimado,
es llevando puesto un gran diente blanco,
montado cerca de tu sonrisa,
como algo vivo, eterno,
con el filo puesto en la extremidad.
Es verdad que uno tiene dos ojos,
pero un solo diente basta para demostrar
la teoría del Universo,
de la Generación Espontánea,
de la célula que se apostó sobre tu puerto.
Ya habrá tiempo para seguir
fabricando dientes.
Hoy, sólo nos ocuparemos
de éste, tu invento.

Lógica

Dios se crea así mismo.
Dios crea el Universo.
Dios crea la Tierra,
de la Tierra su promesa; el Hombre.
Dios crea al Hombre a su imagen.
el Hombre imita a Dios,
Dios destruye al Hombre.
lo vuelve a crear.
El Hombre imita a la naturaleza,
la Naturaleza destruye al Hombre,
el Hombre destruye a la Naturaleza.
El Hombre mata al Hombre,
el Hombre muere.
El Hombre alcanza las estrellas,
las Estrellas caen sobre él.
Los animales comen Animales,
el Hombre come Animales,
los Animales se lo comen.
El Universo destruye lo creado,
lo creado vuelve a nacer.
El Hombre indiferente
destruye moscas.
El Hombre muere,
vuelve a morir y se levanta.
Dios lo toma entre sus brazos,
lo deja caer.
El Hombre cae,
vuelve a nacer.
Dios duerme.
El Hombre se acerca a Dios,
Dios lo escucha, despierta.
El Hombre le dice sus temores,
Dios no acepta hipocresías.
El Hombre escribe
la palabra de Dios,
Dios escucha al Hombre,
el Hombre no escucha su palabra.
El Mal destruye al Hombre,
el Hombre destruye al Bien,
el Bien destruye al Mal.
El Hombre vuelve a la Tierra,
el Hombre destruye la Tierra.
No hay Tierra,
no hay Hombre.
Dios crea,
abre los ojos,
duerme.
A lo lejos
se divisa un punto
de color azul.

Tonto decapirote
(Dedicado al tonto que todos llevamos)

Tonto Decapirote,
tus huesos de leña,
tu ombligo tibio,
tu costilla envenenada,
tu sexo limpio,
tu ventana mojada,
tu mala leche,
tu pobreza declarada.
Tonto, tonto y Decapirote,
trabajas con tu espalda,
con ojos lacrimógenos,
llagas, nudos.
Trabajas de sol a norte,
por papeles que gastas
en tu empeño por ser sólo tonto...
y no Decapirote.
No tengo tinta
y menos palabras
para escribir sobre ti
y acabar con un tec cerrado.
Vistes elegante,
con olor a flores,
a muerto encarcelado.
Tu fe es ciega,
te entregas al Olimpo,
te abandonas,
crees,
vas perdiendo,
desapareciendo.
Tonto Decapirote,
todas las horas del mes,
la falta de aire,
la falta de carne,
la falta de comida,
de colmillo.
Saltaste, te quemaste,
el sentido ha ido en tu busca.

Ese dios no, ese dios sí...

No aquel dios recalcitrado y manoseado,
ese no.
Aquel occidental falso e hipócrita,
ese tampoco.
Aquel que buscamos
pero no encontramos,
No.
Ese distante,
pero que tampoco es.
Ese que humilla tus pecados,
aquel que te dice dónde debes dormir
y te persigue,
te caza, te condena.
Aquel muerto de yeso;
estampa goteando en la pared,
figura inmaculada de madera,
huesos de cera.
No.
El de las escrituras,
Dios de palabra y acciones incompletas.
El de lo alto, el inalcanzable.
Dios cansado, lastimado, herido,
hambriento, callado.
El dios que yo quiero
tiene carne viva,
el cerebro ocupado,
las manos llenas,
el corazón al costado.
Escucha, perdona,
está en el espacio, en el aire.
Acompaña a vivos y muertos,
enseña, sueña.
Ese dios no conoce límites ni horarios
y reza a tu lado,
cuando dudas de su existencia.

Ver

Quiero ver sueños.
Ver violetas arbóreas,
calles groseras, niños sumergidos en nubes.
Tocar la profundidad,
ver, fingir mi debilidad.
Ver lo que no veo,
ver, exijo verte.
Crear un espacio,
un ojo, un iris caído,
unos ojos más, pido.
Sucede que las esporas del olvido
conmueven en mi retina.
Despacio, lento e ignorante,
mis ojos duelen.
Quiero cantar con mis ojos,
ver lo real, sólo lo importante.
Lo indiferente cegar,
olvidar.
Ver lo que veo,
ver lo que no veo,
ver lo que podría haber visto.
Prever el choque, la luz, lo inevitable.
Ver lo que no pueden ver los demás.
Exclusivo, la memoria en mis ojos.
Ver dos veces, ver atrás, sobre mí, a través.
Porque veo y no sé; de la oscuridad al fuego.
Ver para ver,
conocer cada cosa;
por ejemplo...el perfume, la muerte.
Conocer la vida,
ver, por favor, ver.
Porque sabemos que no vemos,
nos ocultamos ciegos, con perros de caza.
Salir por las noches a buscarte,
abrir tus párpados, encenderte.
Ver, porque todos dicen que veo,
y de tanto visionar...
quedo ciego.

Tengo un Muerto viviendo en mi cuerpo

Hay un muerto
viviendo en mi cuerpo,
en mis huesos, en la piel.
Un muerto,
uno ciego que no quiere morir.
Se ríe, enoja, se queja,
tengo un muerto en mi cabeza.
Uno encerrado y pegado.
Necesito herirlo,
matarlo,
sacarlo.
Somos dos viviendo,
conjugados a la química de la vida,
cada cual aferrándose a la distancia.
Un muerto que nace todos los días...

Nuevo Sentimiento...

Busqué un nuevo sentimiento
para sentir lo irreconocible, lo irreprochable.
Busqué en la humedad, en el líquido, en el fuego;
un nuevo sentimiento, atado a una nueva emoción.
Una nueva invención, hurgar en el soma, la mitocondria,
la célula perdida.
Un sentimiento escapado, dulce, agrio, intenso y delicado, dividido en dos, asumido y ocupado.
Alejado de la euforia, el candor,
cercano al dolor, pero pequeño ante el sufrimiento.
Un mecanismo, una dirección nueva o usada,
mezclado en lo absoluto.
Quisiera hacerlo vivir, neutralizando mi piel,
absorbiendo agua de mi cuerpo.
Que toda descripción sucumba ante la dicha de describirlo.
Incubando mis deseos, creando un estado de letargo,
de cambio, de incubación.
Unir todo para no separarlo por un sentimiento común.

Tengo mi piel escondida

Tengo mi piel escondida para besarte con ella
porque la boca es apenas mezquina,
algo pequeña y blanda.
Sólo intuimos que la espesura de nuestra piel
es la correcta.

Un sueño en tus ojitos...

Amanece, mi vida nace,
veo un sueño en tus ojos de leche tibia.
Despiertas observando
a un gigante, a una montaña.
Vienes de un largo viaje,
veo un sueño en tus ojitos.

Juntos

Lo interesante es haber crecido
en las alas de una azucena,
bailando, deslizando pétalos fértiles,
sobre un manto de hojas azulinas,
cantando a las pléyades asustadas.
Para ti, blanca esponja,
deliciosos néctares prueban mis sentidos.
Puedes escapar por este horizonte amado.
Constelaciones quietas buscando grietas
en almas resecas y felices.

Vuelan flores

Esta noche se abre tu reino,
vuelan flores a tu camisa.
La lengua, tu risa,
tus palabras son misas.

© Waldo Marcelo Mallea Hernández
Autor del libro"EL ARTE DE DESAPARECER"
Trabajos realizados entre los años 2001-2002