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Falsos versos


Uno

Estábamos por avanzar ayeres,
consumiendo futuros
en un hoy interminable
cuando un recuerdo secuestró al futuro
y
¡se abrió ante nosotros un reencuentro que ignorábamos!,
¡fue reconcebir
a un ser hecho pedazos de vida!
Andábamos.
Y andando fuimos caminos.
Pero la ausencia de un recuerdo
borró de un soplo todas las rutas...
y ahora:
¡no somos!
Fuimos hechos
cachos de tiempo,
reintegros de una esperanza
que nos aguardó siempre
sin decirnos nunca nada;
más que nada...
Entonces avanzábamos
hablando harto y con fuertes voces;
pero comunicándonos sólo silencios,
murmullos de un lenguaje perdido.
Oscuridad de voces que no quisieron mirarse
y con las que nunca aprendimos a encontrarnos.
Dentro del estruendo,
entre zumbidos de voces
y televisoras y periódicos,
andábamos presos,
tomados
de noticias,
briagos
de publicidad
adoptada como presente mental.
Aunque
al menos entonces estuvimos.
Aguardábamos mañanas
crudas
de nosotros mismos.
Y es que esperábamos arrancarle
cada cual
"mi sueño" a la esperanza de todos.
Soñábamos
infinidad de realidades subjetivas.
Y pensábamos que así
resolveríamos
el hundidero de nuestros conflictos,
los desasideros de nuestras contradicciones,
el abandono de
nuestros ideales
de entonces.
¡Individualidad a porfía!
Y es que marchábamos
y desabansábamos;
hechos pedazos...
Nuestras almas vagaban
manoseadas como nalgas
por los caprichos del mundo.
¿Qué éramos?
pedazos de universo
encadenados a una sola realidad en individuos:
islas cautivas de su propio sistema de ideas,
diseños de nuestra opinión;
con que cortábamos el universo interior del externo
con nuestra visión de la vida,
con nuestros intereses,
deseos y afanes...


Dos

Y entonces pensé
sacudirme al mundo de la mente
con el señor Quetzalcoatl.
Me concentré en aquel
quien antaño rescatáramos del placer,
de ese delicioso infierno
que nos acontece por el sueño de ser
que nos endilga el mundo.
¡Me interrogué en mí,
buscando al Quetzal
para alumbrar mi Coatl!
Y una voz interior
surgió
armonizando un todo universal
en acto interior de renuncia...
Esto me tornó en centro
en consecuencia de mi desapego.
Brotaron entonces
de mi mente
cuatro reinos de demonios interiores
que me gobernaron mientras fui.
Ahora que no soy ya los veo
porque ya no busco hacerme sus pensamientos:
interna habla
en la que me partí a mi mismo
hecho infinitas voces.
En ellas me escucho y encuentro,
me pienso,
me deseo identidades
y me sueño... y desaparezco.
Mas mi yo, sin ser, aún desaparecido
y nostálgico de presentes,
se hace recuerdos
en los que me veo a mi mismo.
Y hecho recuerdos
me añoro,
con la sensación
y al sistema.
Me incita la aventura
de volar en la ilusión,
de hacer el ser de la apariencia para vivir,
y donar mis fuerzas
a la experiencia.
Y hecho actos
me veo imágenes...


Tres

Soy el universo de imágenes
en las que me identifico.
Comprendo
que la razón griega,
su espíritu curioso
y la duda metódica de nuestro idealismo
se tornó en esencia
y está en ciencia,
comprendo
que ésta nos aprisionó en reinvento,
y éste
en moda y sociedad de individuos modernos.
Así que fuimos herencia, duda,
hechura y consecuencia de la exploración,
descubrimiento, conquistadores y conquistados,
fruto del humanismo, reforma, puritanismo e ideal en busca de si mismo,
realidad de guerras, de industria, comercio y liberalismo.
Y entonces fue
que todos quedamos convertido en dinero.
Y el capital se apoderó de todos nosotros
en nuestros deseos, intereses y necesidades;
justificando con el éxito
al eterno atraso moral
-social
para vernos entre nosotros mismos;
lo que nos habituó a la culpa,
a la ignorancia y olvido
con que engañamos al tiempo.
Tal acto barrió al ser,
con la opción a sus recuerdos,
con los falsos mitos sobre lo que somos,
sobre lo que fuimos y seremos...
El águila de oro se tragó nuestro interior,
para cagarnos como lo que somos:
capital
e
identidades.
Deseos e intereses que nos transformaron
en espejitos de payasos. Fantasmas de imágenes,
clavadas en sí mismas
a las que se les incineró el presente
a que jugaban vivir.
Todos dejamos de ser,
juntos
en el instante de olvido.
y aunque desnudos de ser
aún fuimos;
pero sin ser ya lo que habíamos sido,
sin poder dar lo que nos tocaba hacer,
ni guardar ya esperanza
de futuros actos.


Cuatro

Supimos al fin lo que era vida,
porque
sin tenerla es que se nos reveló lo perdido.
Así como hay verdades sobre la muerte
que se juzgan horrorosas,
como la muerte por sed,
o la muerte sin luz,
también es verdad que
ya muertos
nacemos sin ser aquí.
Morir es cuando descubrimos al cuerpo
cual red que nos tejió en destino,
acertijo
trampas a superar con trabajo de luz
como destino.
Morir es fraguar en instante
todos los presentes
que nos dan historia.
Morir es ya no pensar.
porque ¿cuáles pensamientos pueden existir
cuando no buscamos saber
tener o el gozo de experimentar?
Ahora,
m u e r t o s
tenemos porque no tenemos.
Somos libres
porque nada nos puede matar
ni retener,
porque la distancia se quebró en añicos.
Ser
fue.
Hoy ya no es
ni la riqueza
ni el poder.

 

© Sergio Verduzco
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