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Ficción

Aquí estoy aquí soy rodeado de palabras, letras que danzan nerviosas ante mi visión pesimista la cual a veces regurgita escritos sin sentido que se extienden por la fría superficie del linóleo sujeta a mis pies desnudos a la imaginación creadora al sueño muerto y putrefacto al basurero donde busco para a veces encontrar sin saber qué sin conocer con la vista puesta en la trastienda de mi cerebro, sufro pinchazos continuos en mi cabeza como estiletes de plata sucia consecuencia del trabajo y el esfuerzo que realizo, dormida está mi mente dormida siente que la vida gira ante sus escasos sentidos sin poder atraparla ¿para qué? Me quedo con un mundo en el que por fin pueda volar. “Cuéntame más” Te puedo contar la historia del niño con cabeza de huevo al cual nadie quería por ser diferente y cuya muerte nadie lloró, una historia triste de triste final como todas la que salen de mi boca como todo lo que trago como todo lo que me dejan tragar y mis jugos gástricos disuelven y consiguen hacer mío parte de mi y ahora parte de ti, cada vez se hace más difícil seguir viviendo y me obligo a respirar cada mañana para continuar con el tedioso viaje en el que estoy embarcado, me han salido dientes en la rodilla y solo espero que en ella crezca una boca que pueda expresar lo que siento lo que pienso sin que la gente sepa de dónde proviene la voz. Sentada debajo de un árbol cuya hermosura murió una primavera lejana, la mujer se sube la falda lentamente y abre las piernas para que su sexo se adormezca con el frío del campo nevado. Un hombre de aspecto impoluto cuya testa aguanta con elegancia un sombrero de copa, la observa impasible, mientras sus ojos descargan furia y pasión. “Hace frío”, comenta el hombre en un susurro apenas audible y la mujer, asustada, se baja la falda tan rápido como sube la sangre a su rostro avergonzado. Es inútil gritar, pues nadie va a oírla desde aquí. Es inútil luchar, pues el corte en la garganta, aunque imperceptible en un primer momento, tiñe en latigazos de rojo contraste la palidez de la piel femenina y la sangre cae sobre la nieve virgen como trazos macabros de una pintura violenta, causando, casi de manera inmediata, su muerte. Y la luz me molesta decido quedarme a oscuras con el resplandor que procede del exterior como única ayuda para poder moverme por la habitación sin tropezar “cuéntame más” oscura oscuridad que me abraza hasta sentir el frío anidar en mis huesos roídos hasta que estos se quejan en chasquidos dolorosos y los músculos chirrían con cada movimiento que hago, los dientes se mueven en sus huecos al son de mi lengua podrida, qué bien que estés aquí que quieras oírme que me hagas compañía en la soledad de la habitación blanca o no sé dónde estoy, nací hace tiempo ni mucho ni poco en un mundo que torció la cabeza y miró a otro lado asustado y asqueado dándose cuenta de lo que acababa de parir y no es fácil crecer en mi mente y desarrollarse en mi cuerpo sin apenas sueños conquistados sin saber qué pasará al día siguiente o sabiéndolo perfectamente lo cual a veces es mucho peor, de nuevo refugiarse en melodías tristes que hinchan mi pecho crujiente y a punto están de abrirlo para dejar que entres allí te quedes para propagar por mi interior la enfermedad de la que creía haberme curado, he de engalanarme ordenarme arreglarme lavarme masturbarme beberme matarme y luego volver a vivir mas todo eso es inútil en estos momentos en los que no puedo hacer otra cosa que pensar, pensar y sentir y tal vez morir para no regresar más a la mañana siguiente para empobrecerme en mi propia locura perpetuamente infinita que rechazas con razón “Cuéntame más” no sé qué contar o escribir que no hayas oído ya que no hayas leído ya que no hayas sentido ya y abres las piernas con la intención de dejar al descubierto tu ropa interior, una mueca o un gesto mecánico en tu rostro me indica que no eres real sino una ensoñación o un delirio que mi cabeza produce como defensa a la soledad que me envuelve, los brazos se despegan de tu cuerpo cuando los levantas para invitarme a tu regazo, las piernas ruedan por el suelo enfundadas en nailon negro “cuéntame más” Es como aquel niño que harto de la vida que le había tocado en suerte y sin haber experimentado aún la verdadera desgracia de vivir, se escondió en la vagina de una doncella dispuesta, acurrucándose en su interior y dejando que el tiempo pasara. Y el tiempo pasa y se recrea y suelta la lengua bífida para hacerme cosquillas en el gaznate y reírse en mi cara y la ensoñación sigue ante mi demandando más historias que me es imposible contar pues hace tiempo que el pozo se secó que no dejó residuo alguno que mis manos se niegan a escribir y que me encuentro solo conmigo mismo, podría intentar contarte historias para que tu y yo o mi yo y mi delirio nos podamos deslizar por el tiempo y aterrizar en la frontera que me separa del otro lado para adquirir experiencias y contártelas algún día si es que puedo regresar y me lo permiten, mientras tanto contemplo tu cuerpo cercenado y lo deseo más que si estuviese completo pues es tu imperfección la que me excita y es mi locura la que te enamora y tu y yo o mi yo y yo nos imbuimos en la infección llena de costras resecas de recuerdos del pasado de viejas historias que no sabes si ocurrieron o nos las inventamos para poder llevar mejor el día a día para resistir el continuo envite de un cerebro en pie de guerra que pide coronarse como rey de un cuerpo muerto y que hace tiempo ni mucho ni poco nació para vomitar esquelas de ficciones imperfectas. “Cuéntame más”.

 

© Oscar Varona
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