Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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El bufón

Erase una vez un bufón en algún no tan perdido reino
Sombra de tus ordenes,
Sus lagrimas eran los cascabeles que tintineaban acompasados a tu risa,
Sus volteretas trazaban los limites de tu posesión,
Le olvidabas según caía el telón de tus ojos,
Miradas perdidas acuclillado en un rincón,
Un secreto lacerando su alma hasta el alba
Saltos
  y pantomimas hechas de dolor
Hasta que un día aun lo recuerdas,
Loco empuño su sufrir
Se rebelo ante ti, ante lo que le rodeaba,
Desde entonces, lo sabes
Vaga por tu alcoba, recordándote lo que nunca quisiste ver
Su risa loca y sin sentido
Se oye cuando en el horizonte se acuna la luna.

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El perro

Como un perro buscando su propio dolor,
Ese sentimiento nacido de la nada,
Por que saltan los fusibles cuando nos cruzamos,
Por que el tiempo no hace mella en esta locura,
Me siento como un perro buscando su propio dolor,
Muñeco agitado por los vientos que surgen del pestañeo de tus ojos,
Imbecil en su propia sinceridad,
Busco caminos sin pasado y apareces lanzada
Desde las tinieblas de mi corazón
Sorprendido, no me engaña ni aun cuando me condena
Mi mente se rebela ante su fiereza
Sentimientos que nunca mueren, que me mataron
Espero que el mañana sea distinto
Hace tiempo rompí el pedestal en que te hallabas
Y aun así
Como un perro buscando su propio dolor
Mi alma se retuerce ante la forma de tus labios,
Grito en silencio tu nombre, busco el olvido
Que se resiste atrincherado en mi propia necedad
Susurros de incredulidad llagada en el tiempo,
Eres tú o solo un fantasma
Que resista las embestidas de un mar en tormenta,
Que me acompaña donde quiera que este
Como un perro buscando su propio dolor,
Muñeco agitado por los vientos que surgen del pestañeo de tus ojos,
Imbecil en su propia sinceridad.
¿Por qué?

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Como en un tango

Como en un tango arrabalero
Donde se mezclan el vino, la rosa y el puñal
Luces de neon deslumbrando las callejuelas
Reinos de sombras repletos de figuras furtivas
Esquivando autos sin freno, como embestidas del mas allá
Realidad sobrenatural transfigurada en sombreros ladeados
Ligas prohibidas, susurros anhelantes de perdición,
Por la avenida se oye su pisar, el andar tumbado,
Un cigarrillo en la comisura de los labios,
Manos en el gaban, en el destierro su pensar,
Lo buscan en la noche cerrada
Como en un tango arrabalero
Donde se mezclan el vino, la rosa y el puñal.
Aun recuerda el ventanal, su despedida en el huir furtivo
Perfumes contradictorios en un jardín abisal
Miedo, sudor y pasión.
Fuerzas de seguridad doblan la esquina
Niebla de pólvora
Están a su servicio, lo sabes,
Ves tu propio cadáver
Como en un tango arrabalero
Donde se mezclan el vino, la rosa y el puñal,
Aúllan las sirenas y lloran en los burdeles.

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Por un pajarillo

Cuando el dolor peina canas en la hora crepuscular,
Un pajarillo herido de muerte en mitad del granizo
Es la vida vestida de verdugo
Suspiros atrapados en containeres repletos de brea,
Obsesiones atadas a grilletes,
Muros que se alzan sobre huesos blanqueados
Cuando el dolor peina canas en la hora crepuscular
La lucha pierde el sentido por un instante o por toda una eternidad,
Agonías maquilladas con polvos de felicidad,
La realidad se derrite como el tiempo de Dalí,
Figuras informes se adueñan del ocaso
Avanzan como un ejercito en las tinieblas
Espectros de sueños podridos, resucitados de la tierra que los sepulto,
Cuando el dolor peina canas en la hora crepuscular
Se oye el grito atroz de los desfallecidos
Rebotando en paredes de esperanzas cortadas a cuchillo,
Perdiéndose en la inmensidad de la negación,
Vegetación impúdica de la codicia enaltecida
Nativos de una nación sin fronteras.
Cuando el dolor peina canas en la hora crepuscular
Es la hora del alzamiento sin fe
De la rebelión como mero gesto automático
Una parte mas de la cotidinadiedad sin fin
Espuma de rabia incandescente,
Aunque solo sea para quitarle el capuchón
A la vida vestida de verdugo
Por un pajarillo herido de muerte en mitad del granizo.

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Payaso cósmico

Señoras y señores ante ustedes el payaso cósmico,
Inconstante constante en el caótico fluir de extremado orden
En cuyos vaivenes derrapan mis calzones,
En cuyos meandros me difumino, respiro de mi roja nariz.

Señoras y señores ¿han oído hablar de dios?
Deseo de dios santificado improbablemente,
¿Quizás el fluir? Donde reman todas las barcas,
simple deseo del equilibrio en opuestos fundidos en carne,
columna vertebral de lo inabarcable,
exactitud desfigurada por muescas de crueldad,
¿Creer o no creer?
Manta universal que a todos cobija,
La dulzura sangrando la realidad,
¿Camino del fluir?
Fuerza latente desde los días y las noches de los tiempos,
Derrotada aun antes de empezar por la propia muerte
Por su halo totalmente impenetrable,
Por su perfecto juicio o indiferencia
Aplicada por sus bastardos sin provisionalidad en este lado de la frontera,
Entre nosotros y el o ella o los dos en uno.
¿O quizás solo el fluir?
En el caos de extremado orden,
Batallas particulares buscando el equilibrio en un mundo-dolor,
Probablemente
Mundo de dios

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Sueño

Sueño con una explosión de vida
En la fina arena deslizándose por tu cuerpo
En botecillos meciéndose al ritmo de las mareas,
En la brisa al final del rompeolas,
En un sol radiante y generoso.
Sueño con una explosión de vida,
Tu sonrisa entre los helechos
En un bosque sin final,
En un horizonte que cabe en nuestras palmas,
Manos entrelazadas imaginando un firmamento.
Sueño con una explosión de vida
El roce de tus labios marcando el mediodía,
Tiempo fundiéndose con tiempo
Luna tras luna
Amanecer tras amanecer,
Encadenados con rosas.
Sueño con una explosión de vida
En la fina arena deslizándose por tu cuerpo,
Sueño y sueño.

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Pasado; presente y futuro incierto

Pasado, presente y futuro incierto
Se dieron la mano en la noche huérfana de luna y estrellas
Como el agua dulce a la salada de lagrimas del vasto y desolado delta
De una tristeza enquistada en la confluencia
De un pasado, un presente y un futuro incierto.
Subió la marea y el maestro de marionetas
Movió los hilos invisibles que nos atan, nos llevan de la mano quien sabe donde,
Fuera de cualquier imploro, de cualquier agradecimiento
En el regazo de una tempestad que no remite,
Una luz tenue alumbra el camino, como un candil en la lejanía
Vieja conocida, desconocida, soplo de alegría, vendaval de amargura
Azotando sin piedad lo que parecía piedra esculpida
En el fragor de una monotonía asesina.
Pasado, presente y futuro incierto
Envolvieron el caminar sobre el rompecabezas,
No conoce el corazón de tableros
Solo actúa, o en su propia inacción se marchita
Esperando primaveras prometidas, simplemente soñadas
Imbecil y afortunado porque unos ojos se posaron
Cual pajarillo en ciernes, en el abedul que
Corona la colina de nuestros deseos.
Como el agua dulce a la salada de lagrimas del vasto y desolado delta
De una tristeza enquistada en la confluencia
De un pasado, un presente y un futuro incierto.

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Susurros

Susurros en la noche negra como el carbón
Extraída a pico sobre el día difunto.
Susurros que recorren en forma de ondulaciones
La charca que yace a sus pies.
Susurros de lo que fuiste
De lo que nunca llego a ser
Susurros de guerra
De amor
Barriendo la tierra enemiga, amiga.
Susurros aciagos envolviendo la ribera de cipreses
Colgando cual cortinas de una ventana tapiada
Casas ardiendo crepitan susurros aterciopelados de odio
Gente que huye
Gente que muere (en el fragor de susurros asesinos)
Gente que sufre.
Hay libros hechos de susurros
Vidas llenas de susurros
Mentirosos, verdaderos.
Susurros en la noche negra como el carbón
Extraída a pico sobre el día difunto.

© Yagoba Larrañaga Udabe