Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Capítulo 3 "Hombres"

Hacía ya dos semanas que Javier no veía a Dana, y empezó a preocuparle la constancia de los hechos en su memoria. Estaba acostumbrado a la volatilidad de ciertas relaciones y esta última, a pesar de no haber sido una relación, lo mantenía abierto, como preparado para hacer algo, dispuesto y por todo ello, distinto. En su memoria, sólo quedaban retazos aislados de sus anteriores novias, pedacitos de situaciones. ¿A quién hubo de tener a su lado? Eso no lo sabía precisamente. En realidad nadie puede conocer a fondo al que tiene a su lado (se necesitaría una cantidad de tiempo igual a nuestras vidas y quizás más, para llegar a conocer realmente a alguien). Pero a pesar de ello, se pueden aprender muchas cosas de los demás y saber, no absolutamente, quien es el que está a nuestro lado. Seguramente, él no tenía nada de esa información.

Siempre que se preguntaba cómo era tal o cual persona que hubo de estar junto a él, respondía con vaguedades y generalmente hacía hincapié en la superficie de ellos como si fueran compañeros de trabajo, personas ajenas a él que nunca lo llenaron ni tocaron.
Y ahí era donde existía una clara diferencia de quien era el que actuaba. Cual de sus dos personas. Porque si se tienen en cuenta las características de su "ser vacío" era factible que siempre esquivara el dolor. Dolor que sólo podía producirse si ella, si fuera una novia, o él, si fuera una amigo, se alejara y lo dejara para siempre. De manera que las relaciones debían ser así: aisladas. Como si el uno estuviera en una isla y el otro en otra, donde cada mensaje podía llegar con "ruido". Y nunca ninguno de los "dos" se atrevería a cruzar el terrible mar porque estaría arriesgando su vida ya sea en el propio momento en el que lo hace, o después, ya junto con su "amigo" cuando este lo desordene, le cuente sus miedos que él seguramente no podrá solucionar; que, teniendo en cuenta cierta capacidad de los hombrecitos, sería terrible. No por su amigo, sino por "él". Para "ellos" importa más dar el consejo porque los hace sentir "superiores". Pero lo peor es que no lo saben, y se creen extremadamente solidarios cuando gritan desde su triste y solitaria isla.

© Fernando Ariel Seoane