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Presencias

Tengo que escribir. Debo dejar alguna pista, alguna señal de que esto está ocurriendo. Se que no me van a creer, pero si me llega a pasar algo supongo que recién ahí van a dar veracidad a mis palabras. Por eso este texto no va a llegar nunca a manos algunas si es que tengo la suerte de escapar.

Este lugar apacible, al caer la noche se torna terrorífico. Sí, así como lo leen. Se oyen voces, al principio eran difusas, ahora son cada vez más nítidas, más escalofriantes. Antes ocurría en forma esporádica, ahora es un murmullo constante, y la violencia de las palabras se incrementa con el transcurso de los días. Tengo miedo. Ayer parecieron dirigirse a mi, me amenazaron. Saben que los oigo y no quieren que se sepa que ellos están acá, dijeron que si intentaba escapar me iban a perseguir, me iban a matar. Las luces parpadean, al principio pensé que eran fallas de tensión, pero ahora me doy cuenta que son ellos quienes las absorben. Las cosas se mueven, aún cuando no hay viento...

Cuando el sol aparece las voces se diluyen. Parece que se fueron, pero yo se que montan guardias, están ocultos, silenciosos, acechando. La noche les sirve para camuflarse tras su manto de tinieblas, príncipes nocturnos que vagan en la oscuridad. Son peligrosos, lo se por esa voz metálica e imperiosa con que se dirigen a mi. Están planeando algo, hacen reuniones, se fortalecen con la energía eléctrica.

Ahora que lo pienso, no sé si será seguro escribir, tal vez sepan leer y se den cuenta que intento delatarlos. Los siento frente a mi, detrás, a los lados. Me rodean en silencio, pero el aire se respira frío y enrarecido, lo que me indica su presencia. El perro les ladra, los vellos de la piel se me erizan. Casi puedo sentir su aliento helado.

¿Qué querrán de mi? ¿Por qué sólo yo soy capaz de escucharlos, de sentirlos? Se que no es casualidad, que me estuvieron buscando todos estos años, y ahora que me hallaron no me van a dejar ir. En realidad, ahora que lo pienso, este impulso de escribir no lo siento como mío, parece que alguien guiara mi mano, y este texto solo puede tener un receptor...

Vino alguien, golpeó las manos, ahora se van a esconder como siempre lo hacen. Al menos voy a tener unos segundos de paz, sin su odiosa presencia.

Pero claro, ¡qué tonto! Olvidaba que soy uno de ellos. Desde ayer, por cierto. ¿De qué otro modo podría leer estas líneas? Solo bajo la luz oscura del pensamiento de los seres esta tinta se hace visible al ojo humano.

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Revelaciones

Que nadie me moleste. Tengo que escribir ahora que veo con cierta claridad. Soy un psicópata. Siempre creí intuirlo, pero ahora tengo las pruebas. Solo que no soy un psicópata ordinario sino uno potencial, porque aún no tengo definido mi objetivo. El perfil concuerda: la inteligencia; el perfecto uso de la lógica; la crueldad cuando niño; la perfección con que elaboro mis pequeños crímenes, mis pequeños sabotajes a las estructuras. Cómo fue que nadie lo notó todavía. Exhalo síntomas, ahora voy a tener que cuidarme. Las paranoias, claro. La ausencia de sentimientos de culpa, la justificación casi divina de todos mis actos. Esta teoría que llegué a elaborar de las vidas cíclicas, de ser sólo actores y no artífices de nuestro destino... todo parte de lo mismo.

Heme aquí. La “suerte” está en mi contra, son castigos divinos como manifestación externa de culpabilidades externas que no asumo, que asumo pero las oculto. Por Dios, una doble personalidad manifiesta, un plan minucioso de fingir ciertos tipos de locura como para que nadie sospeche llegado el caso de la locura de fondo... Pará, ahora estoy ocupado, no me hables.- Sepan disculparlo.

Hay una única idea recurrente que tiene que ver con la muerte, pero es la de mi suicidio a los 33 años, émulo de Jesús. Me creo Dios por momentos, es cierto, y tengo que demostrarle al mundo que lo soy. Si está clarito.

Este dolor de cabeza, la tensión de los músculos. Todo es creado bajo un plan macabro del que soy el instrumento pero cuyo contenido aún ignoro. Porque no hay duda que detrás de mis actos hay un plan macabro, cada movimiento, cada palabra, cada acontecimiento. No tengo fallas, sólo creo que estoy en imposibilidad de detonar por un motivo: patologías cruzadas. No se si hablan de esto los libros del gremio. Hablo de una fuerza como la que mantiene a todas nuestras moléculas unidas, la que mantiene a los planetas en órbita en torno a un centro. Fuerzas centrífugas y centrípetas, el principio del lavarropas, si alguna de ellas cede... zas, el planeta sale disparado, la materia estalla, el nuevo big bang... Mis otras patologías contrarrestan al psicópata, lo reprimen, lo equilibran de modo insano, generándole disociaciones, complejos de inferioridad y demás obstáculos que impiden su impúdica explosión, he aquí el psicópata potencial.

¿Pero cuánto faltará para el big bang? Todas las piezas giran fluidas alrededor del eje, he notado que cada vez que alguno de esos factores externos se mueve de mi esquema mental sin mi aprobación, ajenos a mi deseo, el psicópata aflora. No se si el psicópata, pero sí el desorden, el caos emocional, una sensación de descontrol, no me puedo manejar a mi mismo. Me vi boicoteado cuando tras una de esas manifestaciones acudí a una terapeuta, tomé medicamentos hasta que decidí abandonar el tratamiento. Ahora voy comprendiendo. Es un plan excelente. Es como si estuviera preparando el terreno para que algo aterrice, pero sin saber de qué se trata: un avión, un helicóptero, una nave espacial... entonces tomo los recaudos para que la pista sea polifuncional, que cualquiera de las aves mecánicas se sienta cómoda allí... ¿me van siguiendo?

En caso de un futuro genocidio o cualquier catástrofe generada por mi, llegado el caso de investigarme, incluso mis sesiones de terapia, nadie podrá creerme realmente un psicópata. Lo que sí siempre me generó cierta excitación es la idea utópica del “crimen perfecto”. Creo que lo he relatado a varios de mis conocidos con mayor o menor detalle como para volver a relatarlo en estas líneas. ¡Callate, dejame escribir!

Me siento ser, soy, un caldo de cultivo, una bomba de tiempo, y a su vez tengo la capacidad de generarme el clima y los tiempos propicios para el desarrollo del gusano. Incluso estas líneas no son, ni mucho menos, un intento de traicionarme a mi mismo ni a mis propósitos. Seguramente quien las lea (y más aún ahora, que lo menciono) va a pensar “pobrecito, le gustaba pasar por loco, llamar la atención”. Ilusos de ustedes.

Bueno, en vista de lo detallado anteriormente, sólo resta esperar. Sin impacientarse, esperar, y en algún momento (y seguramente lo voy a sentir en la piel o en el estómago) el objetivo se me revelará. Y entonces teman a la furia del cordero. Voy a fumar un cigarro. Hasta la próxima.

 

© Rubén Sancho
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