Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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¡La letra con sangre entra!

La cámara estaba estratégicamente situada en el Aula del profesor de filosofía en la Universidad de titularidad privada, el director del spot publicitario quería que todo estuviera en orden, un día laboral, donde los estudiantes están en clases, un día normal, y filmar esa vida cotidiana de la clase del profesor de filosofía. Todo estaba bastante bien enmarcado, quería el director producir un efecto inmediato como aquel que se queda mirando durante ratos un cuadro de pintura, enmarcar esa realidad cotidiana de la clase de filosofía en un instante, en varios minutos para luego reducirlos a segundos y que tuvieran efectos inmediatos sobre los consumidores de imágenes en movimientos, como cine o televisión, es una publicidad vanguardista, el director del spot publicitario es muy conocido en el mundo del negocio de la publicidad, saben que es un número uno haciendo publicidades para la televisión, y por eso los "dirigentes" de la Universidad privada requería un buen director de spots publicitarios por que estaba dispuesto invertir varios millones de pesetas para que el anuncio tuviera efectos, o sea, que subieran el número de alumnos para la temporada que viene, para el curso que viene, este año ha habido una sensible caída de número de alumnos, ha habido una curva decreciente en el negocio de la enseñanza, cada alumno debe pagar varios millones a cambio de una enseñanza muy cotizada, una enseñanza muy bien valorada, una enseñanza con tutorías a todas horas, una enseñanza con salidas profesionales al cien por cien, una de las Universidades privadas más valorada del país.

Yo estaba en esa aula. No hacía nada, sino curioseando. Fue un momento imprevisto. Estuvimos tomando unas copas, el director del spot publicitario me invitó a que fuera testigo de su pequeña obra, cosa que acepté con mucho gusto, más que nada por que nunca he pisado una Universidad Privada, y quise saber de qué filosofía iba, o sea, y bueno, el director antes de embarcarse en el mundo de la publicidad se dedicaba a pequeños cortos de cine y trabajaba para una televisión local, tenía cierta experiencia y una vez hizo una película porno, es un tipo que tomaba la vida con mucha filosofía, pero tiene el defecto de que siempre iba muy perdido y es demasiado libertino que dedica poco tiempo a su trabajo, hace un spot publicitario como le gusta denominar, y luego se tira meses perdido por ahí, o en la ciudad o fuera.

El director del spot se sentó en una silla típica para el director de cine, a escasos metros de la cámara, y yo estuve cerca del director del spot, y desde ahí vi la escena siguiente:

¡Acción!

Al fondo, sobre la tarima, estaba el profesor de filosofía, con un mostacho, y una gafa como la que lleva Alfredo Bryce Echenique, además se parece mucho físicamente a Alfredo Bryce Echenique, muy concentrado en la lectura de un libro en plan peripatético, mientras mantenía un ojo observando superyoicamente a los alumnos. Esa era la primera escena que vi. Luego las diversas mesas esparcidas, mesas grandes de madera noble, de las que se talan en la selva de la Amazonas, esas mesas grandes se sientan varios alumnos formando grupos, y esos alumnos nos daban a ver con gran envidia de ser alumnos muy aplicados en los estudios, que no se les escapaban nada de lo que se explicaba y que anotaban todo y que leían con mucho interés, chicos y chicas muy concentrados en los estudios, además daban toda la apariencia de absoluta normalidad, eso me producía enorme envidia, y ese era el efecto que quería producir el director del spot, que lo que se filme produzca envidia, enorme envidia, es como si ellos gozaran estudiando, y fueran tan florecientes y bellos, y que saben lo que es la vida sin demasiados alborotos, rinden bastante académicamente, y no son ni un pimiento comparable a la Enseñanza Pública (donde realmente es un desastre en comparación con eso que veía de la privada). En verdad, observando la pequeña pantalla de vídeo que tenía en mano el director de cine, trasladaba una sensación enorme de envidia, o sea, tampoco suelo tener envidia, pero eso no quita el efecto, los fenómenos que producen donde los deseos andan en juego, efectivamente, un día el director del cine me comentó una noche que lo que más trataba de sacar en jugo era el deseo, aunque no le entendía realmente un día me explicó que allá donde ande el deseo causa estrago y envidia.

En fin, que no entendía ni jota, pero algo comprendí, lo que sí comprendí era que sacaba el jugo necesario para producir buenas publicidades y tener efectos inmediatos sobre las gentes, insertarlos en los discursos sociales, me dijo una vez: estamos modelados por los discursos sociales. Sabía manejar bien los distintos símbolos, captaba y creaba diversos fenómenos invisibles, por ejemplo, la envidia es un fenómeno que lo capté muy bien mientras observaba la realización del spot publicitario. Realizaba varias tomas, escenas, y repetía hasta la saciedad. El profesor bajaba de la tarima, y se acercaba progresivamente a la cámara, y la cámara realzaba el fondo (los alumnos muy aplicados y muy bien entregados al estudio) pero inmediatamente vi y el director del spot también vio que algo fallaba, o sea, mientras el profesor se acercaba a la cámara y nos daban a ver lo orgulloso que era tener muchos estudiantes muy disciplinados y buenos estudiantes, a su izquierda, y apenas se veía la cámara, había una excepción, un alumno perezoso, sentado, y que estaba totalmente ajeno al grupo, a los otros, y denotaba un aspecto burlón, cínico, y daba a entender que no entraba en el juego, que todo es mentira. Pero cuál fue mi sorpresa que ese alumno rebelde con un gran aspecto de poeta maldito y desarraigado sacó de quicio inmediatamente al profesor de filosofía, y el director del spot publicitario no quería perder eso que veía, y ante la mirada atónita del cámara el director con un gesto con la mano indicó que siguiera filmando como tal, como si nada pasara, conforme el profesor se acercaba a la mesa, totalmente desdibujado y casi invisible por la presencia del alumno rebelde (nos quedamos realmente atónitos), el profesor casi inmediatamente parecía al Mister Hyde, o la sombra de él, o no sé como llamarlo, y dio un giro inmediato y se aproximó a una mesa cercana donde se hallaba un enorme látigo enrollado y la desenrrolló he hizo como un modo circense domeñar a la fiera, al alumno rebelde (que no se inmutó). Los alumnos seguían como muñecos de ceras ajenos a lo que ocurría, y el cámara casi temblaba de miedo, cosa que el director dijo con un gesto con la mano que tranquilo y que continuara, al igual se lo dijo a todo el equipo del director del spot publicitario e inmediatamente me hizo una señal cómplice como diciendo que me daba cuenta de todo, sí, realmente me daba cuenta de todo, eso del látigo no entraba en el guión, pero se filmó, el profesor seguía con el látigo y gritó ¡la letra con sangre entra!.

El profesor de filosofía que se parece físicamente a Bryce Echenique fue expulsado de la Universidad Privada, y la dirección de la Universidad Privada acordaron no pagar al director del spot publicitario la cantidad exigida en el contrato al no ser satisfecho la expectativa de la dirección de la Universidad Privada (?), ya que el director del spot no suprimió la cinta y la utilizó para un cortometraje de cine psicológico que llevó varios premios y creó polémica en el país por el verdadero fondo perverso de las enseñanzas privadas, la polémica se llamó ¡la letra con sangre entra!. En varios festivales de cines independientes se llevó el mejor premio al mejor guión, a la mejor producción y dirección, al mejor...

Me quedé atónito. Fuimos a tomarnos unas copas por las calles oscuras del barrio viejo de la ciudad y charlamos sobre eso del deseo y otras historias, y no sé más... Eso sí, acompañamos al alumno rebelde, con aspecto de poeta maldito, para que nos contaran sus experiencias y estuvimos de acuerdo que lo que se produjo en ese corto, en ese malogrado spot publicitario, fue a causa del alumno rebelde, el eje central de lo que ocurría en ese malogrado spot publicitario fue a causa del alumno rebelde, insistimos, y el verdadero héroe de todo eso fue el alumno rebelde que apenas conocíamos hasta ese momento.

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Escribir
(Diario de Carolina)

Estaba en aquella tienda campaña, de titularidad pública (Diputación de mi ciudad, Área de Juventud), como marcas institucionales en cada tienda campañas, recuerdo que en cada una de ellas cabían varias personas, perfectamente podría dormir cinco personas, Aurora se consideraba literata, de las pocas palabras que intercambié con ella siempre me comentaba que escribía y que tenía varios premios de relatos, y que estudiaba Filología Hispánica, o sea, dedicada cuerpo y alma a la literatura, se notaba en sus ojos, ensoñaba con demasiada frecuencia, me sentía minúscula frente a ella, dije que yo suelo escribir pero que siempre estoy insatisfecha y todo me sale mal y no me considero como tal una escritora, sino a veces siento la necesidad de soltarlo todo, como ir a un psicoanalista y hablar, y si voy por la calle y me topo con el amigo o amiga pues me pongo a hablar, pero generalmente parece que estamos en una sociedad poco comunicativa desde mi punto de vista, hay algo en mí en la cual soy poco propicio a la conversación, generalmente me desahogo con la escritura y con el psicoanálisis, no encuentro otro modo.

Para ser escritor hay que andar con mucha seguridad, dijo alguien, por eso no me considero literata, por que hay que dominar el idioma, o haber leído muchos libros clásicos y saber interpretar y todo el mogollón, que Don Quijote o Ulises, o que el poeta aquel. Lo típico, hay gremios literarios que dominan hasta la perfección la cultura literaria, y bueno, no entro en ese juego, solamente escribo como modo de expresar lo que siento, trasladar por medio de palabras lo que siento. Y leo lo que me apetece. No sigo normas, no me pongo a aculturarme, ¿Qué libros prefieres llevarte a la Isla Perdida?, la típica pregunta.

Aurora tenía una cámara de fotos, pero la utilizaba muy poco, sabía para qué utilizar, me di cuenta últimamente, para gozar de la mirada, me di cuenta de eso, quería imprimir en fotos lo bello, tenía una obsesión por la belleza. También tenía una gran afición por los sentimientos, aunque en el fondo tenía cierto aspecto frío, distante, eso sí, suele evitar las compañías, lo que se dice una chica poco sociable.

De los breves encuentros, siempre sacaba de su pequeño bolso de cuero tipo hippye de los que se venden en mercadillos un trozo de hachís para liarse un porro, siempre fumaba porros.

En esos días hacía teatro, muy pocos días intensivos, la única vez en mi vida que hice teatro, más bien Taller de Mimo y Pantomimo y Teatro de Calle a la vez, era muy intenso, e Irene observaba mis pequeñas evoluciones en teatro, notaba que algo iba saliendo de mí y eso era lo que buscaba, y además le gustaba cómo bailaba en la discoteca por las noches. Eso era una reflexión que me hice, el último día, cuando se hizo la representación teatral final, ella estaba de asistente, de público, con una cámara de fotos sacaba fotos por un tubo, le fascinaba lo mágico, lo extraño, las sensaciones, las poesías que expresamos con nuestros cuerpos.

Es un recuerdo que me viene a la cabeza, no es una añoranza, sino como escenas, como documentos que salen de mi archivo mental, y bueno, imborrable, como cualquier recuerdo digno de recordar (a veces los indignos hacen malas jugadas en nuestras vidas, los traumas, las pesadillas...). Pero pensaba sobre todo por que en mi ciudad hay pocas ofertas culturales, a pesar de ser una ciudad universitaria, consulté a través del internet, prensa, y demás, y realmente hay apenas nada de taller de teatro o de literatura o de cine, ofertas culturales en definitiva, y eso me produjo como cierta impotencia, no por que deseara hacer lo que me apeteciera o lo que me gustara, sino por que la sociedad demuestra que cada vez es más dominado por la No Cultura, y que las gentes no encuentran lugares adecuadas para expresar lo que sienten, por ejemplo, si uno le gusta pintar, no tiene más remedio que matricularse en Bellas Artes para encontrar un refugio o un espacio libre a sus inquietudes, o cosas así. Pero Bellas Artes no tienen salidas profesionales, por lo visto.

¿Qué nos quedan? La cultura de la litrona. Las autoridades nos ofertaban alternativas, como practicar deportes, pero yo no quiero practicar deportes...

Entre la sequía cultural, encontré un lugar para encontrarme como mínimo, que fue el psicoanálisis. Hace tiempo que dejé el Taller de Literatura, y escribo en el ordenador.

A principio me asustaba escribir, tenía un alto concepto... la figura del escritor era como alguien que dominaba bien el idioma y ha leído muchos libros, y esa idea, ese concepto me impedia escribir, pero luego me dije que todo al carajo, que mi deseo no es ser escritora sino escribir, lisa y llanamente escribir, poner palabras a lo que veo, lo que siento, lo que sueño..., y todo lo demás son secundarios.

Hay algo que me asusta realmente, como dije la falta de alternativas culturales, como me dije, llevaba unos días pensando por ejemplo a modo de diversión o aprender algo más sobre las personas y el teatro, decidí buscar algo sobre talleres de teatro, y qué ocurrió, resultado: un desierto total. Es lamentable. Pues bien, eso que me comentó una persona, que las satisfacciones pulsionales de las personas no encuentran salidas en esta sociedad, de muchas personas... (y para esa persona cuando no hay salidas pulsionales es un peligro, puede por ejemplo provocar guerras, aumentar el número de enfermos del alma, etc.)

Aurora no estaba en el taller de teatro, sino en el taller de masaje, creo recordar. Había otro taller, la de cine. El lema de la campaña de verano de la Diputación era más o menos Salir del Cascarón. Aparecía la imagen de la cáscara de huevo, y pretendía dar una salida a los jóvenes de 18 a 30 años. Eso recordaba.

Era cierta constancia ir de campamento, subvencionado en parte por las instituciones. La primera vez fui a través del Ayuntamiento de mi ciudad. Y luego con el colegio. Y por último a través de la Diputación.

Recordaba la afición de Aurora a la escritura. Y su necesidad de buscar lugares alternativos.

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Conversación en Bocatta

Un montón de personas comían Bocattas, ¿Comida rápida? La multinacional se llama Bocatta. Se dice: voy a comer un bocata. Siempre está llena de personas. Igual que en las hamburgueserías. Y las pizzerias. Van muchos jóvenes y turistas. Hay una cierta contradicción, vienen los turistas a ver cosas antiguas de la ciudad y van a comer en un local de comida rápida.

Patricia comía un bocata junto a su inseparable amigo Carlos, en una de las mesas de plásticos disponibles, el local estaba a rebosar de gentes, todos comiendo y charlando amigablemente, vestían todos bien, daban aspectos de modernos.

Carlos gira la cabeza, mira a las camareras, a las cajeras, a las empleadas del Bocattas. También a los camareros. Las camareras todas vestidas iguales.

Carlos vuelve a girar el cuello, y escudriñar todo, mirando minuciosamente todo, como un científico observador que hace un trabajo urgente sociológico, como un... y ya está

Carlos casi se queda atragantado, coge el vaso de cocacola para beber y aligerar el paso del alimento por el cuello hasta el estómago.

Yo no supe que mi padre tenía relación sentimental y sexual con esa mujer. Un día descubrí un cuaderno de notas con fotografías que se hicieron juntos, y mi padre escribía minuciosamente sus relaciones sentimentales y sexuales con esa mujer, acompañaba fotos, y aparecían datos sobre ella, por ejemplo, que recientemente entró a trabajar en Bocatta. Te leo una copia que he hecho de ese cuaderno de anotaciones de mi padre –saca la copia del bolso, con sumo cuidado, como si se tratara de algo de mucho valor y a la vez con cierto nerviosismo-: "Ahora la veo, después de muchos años, a ella, trabajando en Bocatta de la calle R. Tengo buenos recuerdos de ella. Cada vez que paso por esa calle miro el escaparate y veo a ella moverse con naturalidad, me fijo en sus dientes cuando sonríe, su mirada directa, me recordaba nuestra experiencia sexual frecuente, era inagotable, la iniciativa siempre fue de ella, primero empezaba lo que me gustaba mucho, chupándome la polla, era insustituible, y luego todo lo demás, lo que se dice una relación sexual bastante completa. Mi mujer veía algo extraño en mí. A veces me negaba el amor. Hasta que un día confesé mi infidelidad. Mi mujer me perdonó. Al final abandoné a esa mujer por cansancio...".

Fueron a pagar en caja: en ese momento estaba la camarera negra. Carlos casi se enamora perdidamente, sexualmente de la camarera negra. Tentativa de diálogo, tentativa que aborta patri: "¡venga, Carlos, vámonos, tenemos cosas que hacer!" Pagaron la cuenta, y se largaron.

© Miguel Angel Sánchez Valderrama