Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Todo tiene dimensión de escalofrío

Llegó el amor
y mi alma se sostiene de encuentros,
el tiempo se sospecha diferente
aparece una singular disputa
en la esperanza de tener tu abrazo.
Contenida como un antílope en la cercanía leonina
mis ojos lanzan palabras mudas
al centro de los tuyos.
Si de esto se trata para ser feliz
estoy en el mundo mágico de la dicha
y si fuera posible concretar más te diré que salto,
me emociono y brillan las aceras cercanas a mi casa.
Como abeja laboriosa aprendo de esperas,
de momentos que habría que subrayar en vida,
de una pasión que voy tiñendo de desconcierto
y así todo alcanza dimensión de escalofrío.
Es tu sonrisa la que me despierta al nuevo día,
tu sueño el que se apodera de mis noches
la luz de tu mirada el faro el fin del mundo,
la manera tuya de acariciar el alma la que enmudece mi tiempo
y ya todas y cada una de mis orgánicas emociones
están creciendo como un feto,
mi abdomen se multiplica
y siento tu peso,
hombre que me has devorado entre tú y yo.

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En lo alto nubes

En lo alto nubes con formas discretas
en el vientre, aquí abajo, hoy renace la luz.
esa luz que llega con la primavera
renovada cada año en un acto ritual
sobre la desidia de pequeños bultos como setas alicaídas.
Un buen comienzo, sí, para la vida.
Hoy renazco a la inquietud de la sangre y los conjuros
a leer a Safo y a Pessoa.
Hoy he tenido conciencia del sosiego
y las miradas me han sonreído. Bien

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El público énfasis de la dignidad

El olor de la vida, la hierba, las casas, el cielo,
los valles, los ríos mansos y las cataratas ruidosas.
La lucha, el público énfasis de la dignidad,
la sombra alta del rostro digno, románico,
esculpido con el aroma de miles de restos efímeros.
Manantial de rocas suaves, sonrientes y húmedas,
siempre a la espera de más caudal, de más recorrido fiero,
respingando su composición hasta que queda atomizada,
sudorosa y plácidamente entregada.
Eres aliento que expira naciendo en un cuello expectante,
fulgor de un breve instante de atemperado deleite.
Eres ese abrazo largamente esperado,
solo rozar mi piel y un grito rotundo
sale para recoger tus brazos y así recortar ese mudo espacio
y recordar que la distancia entre los dos debería ser inútil.
Busco palabras nuevas,
expresiones que me ayuden a argumentar el fuego en el que me inmolo,
la rotunda ira que desatas arrasando mis adentros.
Así miro al cielo y en su nombre
más allá de cualquier estrella lejana
al borde del universo infinito
asida a una gravedad mareante o al cuello de una escafandra maremota
volcada como un pez en una pecera minúscula, sin aire dentro, sin aire núnca,
sé que no será fácil más yo te amo finalmente.


© Samuel Folgueral Fernández