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Romance a tus ojos

Tus ojos, siempre tus ojos

escrutando mi mirada,

brillando, siempre brillando

de tarde , noche y mañana.

Tus ojos, siempre tus ojos

clavados aquí, en mi alma,

ardiéndome con su fuego

prometiendo a mi esperanza.

Amados ojos amados,

de la silente llamada,

de la constancia perenne,

confirmación sin palabras.

Mirada firme y oscura

de la pasión incendiada,

del amor por sobre todo;

sólo el amor y más nada.

Oscuridad en tus ojos

que se aclaran con el alba,

luego de amar, transparentes,

sus viejas ansias descansan...

Ojos que saben guiarme

en este amor, enredada,

como eterna cruz del sur

a toda nave lejana.

Mirada viril y noble

que custodia mis andanzas,

que siempre está y me permite

pasear la senda confiada.

Mirada honda y paciente

de tu corazón fontana,

sin malicia ni veneno,

de mi sendero atalaya.

¡Tus ojos, siempre tus ojos

de ardiente y votiva llama!

Cuando voy cruzando el mundo

me miran pupilas claras,

sin embargo yo me quemo

en el calor de tus brasas,

y encuentro en ti, ojos negros,

mi aspiración realizada. 


Tiempo perdido

 

Me dicen que estas horas son perdidas,
porque es perdido el tiempo de escribir.
Que la vida apurada ya en partir
no se distrae en idas y venidas.

Que las horas gozosas o sufridas
ya se despeñan, ya van a morir;
que tan sólo hoy existo. Transcribir
esperanzas, deseos, otras vidas,

otros amores, otras dimensiones
-que van del misticismo a las pasiones-
es de todo mi afán la dulce meta.

No importa lo que el tiempo haga conmigo
seré siempre feliz, si yo consigo
que en mi lápida pongan: fue poeta.

 

© Beatriz Milne Rotundo
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