Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Ciudad América sur

                Si camino tus calles grises, ciudad,
me lleno de miserias
me visto de harapos
me unto de vergüenzas.

                No te quedan rincones para la hipocresía
ni vendajes para la ceguera
ni palabras para la mediocridad.

No te sobran luces para tanto abismo
ni reparos para el ocultamiento
ni soles para un amanecer distinto.

Se huele tu carroña, ciudad
se percibe tu duelo
se palpa tu hambruna
se sabe tu escoria.

Y no te caben verdes ni oros para la tragedia
ni fosforescencias para la mentira
ni pancartas para la promiscuidad.

Y no te abundan instancias para quedarte orgullosa
ni tiempos para meditaciones
ni relojes para acompasar.

Es hora de que abras los ojos, ciudad
tu reflejo es tinto, revuelto, marrón,
río, plata, América, sur...

Es hora de verte la sangre, ciudad
turbulenta, famélica, espumosa,
caliente, América, sur...

Es hora de pies plantados, ciudad
terriles, negros, cayosos
Áridos, América, sur...

Es hora de manos juntas, ciudad
puño, golpe, azada
caricia, América, sur...

No te quedes sola
mirando otros paisajes ajenos
vacíos,
imperiales...

No te duermas
no te tientes
no te engañes.

Si camino tus calles grises, ciudad
quiero amarte y que me ames
como sos y como soy...
amor, América, sur...

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Antídotos

                        El veneno te drena lento, Sudamérica mía...
                capilares, venas, arterias
                sube en medulares verticales
                tus montañas, glaciares y faldeos
                filtra en intrigas subterráneas
                lagunas, canteras y desiertos.

                       Gota a gota te orada los cimientos
                con la constancia precisa de ganarle
                a todos los tiempos del recuerdo,
                de disolver las memorias

                        y exterminar el pasado en la Historia
de tu pueblo sin historia
                sin pisadas, sin testigos, sin fuentes,
                sin lógica que documente tu existencia
                antes del letargo del envenenamiento...

                        La ceguera es brillante como el sol del norte
                en una brújula extraviada de continentes sureros
                y la voz es brisa
                arrastrada en lenguajes siseantes
                de palabras remotas sin confines
                ni latitudes, ni longitudes
                para la australidad de tu hemisferio…

                       El veneno es letal
                alucina, duerme, paraliza
                exprime, vomita, asesina
                y el filo de un milagro sanador
                ilumina el miedo y nace
                en revuelta apasionada, entre tus manos
                y las mías.

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Dignidad

                                Pies descalzos en el lodo sangran,
son el pasado de la América herida
son el quétzal con las alas destrozadas
son el canto de los ríos secos
son las rocas del oro devastadas
son la arcilla... del camino que vendrá.

                                Pies descalzos, sangran
manos llenas, tiemblan
de oprimir vacíos, de enjugar sudores,
de hilvanar tragedias, de labrar hambrunas
de sentir limosnas, de sellar sepulcros,
de crecer miserias, de esperar... la siembra.

                                Pies descalzos, cubren
manos llenas, colman
pies sangrantes, surcan
manos tibias, tiemblan...

                                Un sueño viene marchando
con la fuerza de un volcán
sus torrentes se hacen savia, canto, carne y alma
y en proscripto abrazo nos abriga
de insurgente... dignidad.

© Helena Fernández