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Transformaciones

Desde la esquina del antiguo bar Ramos me sonrió sin detenerse, o deteniéndose algo, lo usal, sola, pantalones azules (no de jeans), blusita, a punto de cruzar Montevideo. Interrumpí el paladeo de un Reval, desocupé la mesa del ventanal, y de pie pagué al mozo la consumición. Calor, impecables pantalones verdes, camisa con charreteras, la seguí hacia Paraná, y como retomando una conversación vivaz la empecé a conocer. Yo todavía tenía buena mi dentadura, así que la lucí, y de paso, los hoyuelos. Cenamos en Pepito cazuela de pulpos y popietas de pescado en un rapto de sólida y confluyente inspiración marinera. Estaba –me transmite- en una impasse sentimental con un señor nacido en la misma década que su padre, estudiaba psicopedagogía, trabajaba en computación, vivía en Belgrano, frente a las barrancas; me proporcionó todos sus números de teléfonos. Tras copa helada compartida, nos introdujimos en un cine. ¿Cómo no metaforizar señalando que éramos dos brasas durante la proyección, si justamente éramos dos brasas? Dirigiéndonos hacia Callao absorbí la información de que estaba menstruando. En el taxi que nos trasladaba a Parque Patricios me investigaba más –recuerdo- y me aprobaba. Dejamos de confluir cuando procuraba yo cerrar la puerta de calle de mi casa: su desacompasada avidez me avasalló como a un novato, pulverizando el júbilo, cediendo ambos a un coito rápido y desabrido. Cargando con la decepción y el enchastre (antológico), me dí una ducha insuficientemente reparadora, mientras ella hojeaba, encima de cuatro pliegos de un toallón, apuntes de la materia Psicología Enmendativa. Soñé esa noche. Soñé que me ahogaba en una laguna de sangre espesa, y que ya muerto, mis miembros se descomponían hasta alcanzar una condición líquida, y aun siguieron transformaciones de un orden seminal multicolor. Muerto, moría un poco más, y hasta mis gusanos se asfixiaban envenenados y rabiosos.


¿Se acuerdan de mí?

¿Se acuerdan de mí
-¿qué risa!-
en mis temporadas de putañero?

¿Me ubican?:
de la secundaria:
el gordito de pie en la foto
apoyándosela
a nuestra profesora de contabilidad

Hoy me agarran asoléandome
en este poema
de un amigo.


¿Qué se hace con este fastidio?

¿Qué se hace con este fastidio
con cara de bobo?

Uno como yo, con cara de bobo
en esta mañana
¿qué hace con este fastidio
con cara de bobo?

La adoración del bobo que vive en mi cara
fastidia a mi cara de bobo
cumpliendo una mañana más
ante tanto fastidio.


Auras

Santifícote
o excomúlgote

Si provinieras de mi aura
santifícote
si sospechárate tiznado
por aura ajena, excomúlgote

Esa es mi administración
y me complace:
digo lo mío y santifícote
o digo lo mío y excomúlgote

o callando
infiérote la ausencia
y excomúlgote.

 

© Rolando Revagliatti
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