Mondo Kronhela Literatura - República Argentina

A cinco días del último golpe militar
"Recuperar la identidad es algo muy positivo"
Por Laura E. Rotundo


El próximo viernes 24 de marzo de 2006 se cumplirán 30 años del inicio de la última dictadura militar en Argentina.
La historia de Manuel Gonçalves es como la de todo hijo de desaparecidos: incertidumbre, reencuentros y desencuentros.
Una vida difícil.
Por una diferencia de fecha entre la denuncia que su abuela materna presentara en Abuelas de Plaza de Mayo
y la fecha real de su desaparición, la investigación estaba detenida.
Finalmente, hace 11 años, la Asociación pudo encontrarlo y definir su identidad.
Desde ese momento, Manuel conoce su verdadera historia de vida.

¿Cómo es tu historia?

Yo recuperé mi identidad en 1995, cuando tenía 19 años. Hasta ese momento, sabía que era hijo adoptivo pero no sabía porqué. A partir de ese momento, aunque todavía me faltan cosas por descubrir, sí pude confirmar que a mi papá lo secuestraron el primer día del golpe militar del ’76 y que mi mamá fue asesinada a los 23 años cuando yo tenía apenas cinco meses.

Despúes de todo eso, yo estuve en un hospital de San Nicolás y a los cuatro meses de permanecer allí, el Juez de Menores me dio en adopción, sin siquiera buscar a mi familia biológica.

¿Sospechaste alguna vez que eras hijo de desaparecidos?

No. Nunca lo había barajado como una posibilidad. Pero quizás esto pasó porque en lugar en el que yo me movía o la realidad y el contexto del momento era otra, donde no se daba lugar a que se debatiera y se hablara de estos temas.

Recién en 1996 comenzó a darse un poco de difusión, desde los organismos de derechos humanos.

A mí en el colegio jamás me hablaron de la dictadura, saltearon esa parte horrenda de nuestra historia. La única referencia que tenía yo de los desaparecidos era insignificante. Hoy, en cambio, los chicos sí tienen algunos elementos informativos como para poder dudar sobre su identidad y ver esta opción, como una posibilidad cierta.

¿Cómo se dio el contacto con Abuelas, cómo fue que finalmente te encontraron?

Cuando ya supe quién era en realidad, un equipo de antropología forense que trabaja con los cuerpos de los desaparecidos, me contó que tenían una importante base de datos que habían ido formaron a través de todos los años posteriores al golpe y entre ellos estaba el caso de una chica a la que habían matado en San Nicolás.

¿Cómo recordás ese momento?

La fecha exacta no la recuerdo, sí sé que fue a fines de 1995. Y la verdad es que fue todo muy raro. Un día, un señor golpeó la puerta de mi casa, pidió hablar conmigo y cuando me vio, me contó que era antropólogo y empezó a relatarme cosas de mi vida, de la vida de mis padres.

Era algo muy extraño. Ese antropólogo era un desconocido para mí pero sin embargo yo me encontraba haciéndole preguntas sobre mí mismo.

Las sensaciones eran encontradas, todo era contradictorio porque por un lado sentía felicidad de haber encontrado una gran familia y de saber que mi abuela, después de 19 años, me podía ver pero por otro lado... en ese mismo instante, me enteré que mis padres eran "desaparecidos". No se puede definir... es algo muy raro.

¿Cómo fue ese reencuentro?

En realidad no fue uno, sino varios. Primero visité a mi familia, mi abuela, algunos primos y también con amigos de mis papás que se emocionaron mucho al verme. La verdad es que ya pasaron 11 años y sigo reencontrándome con personas que van apareciendo, a través de otras.

Pero esos momentos no sólo fueron y son muy especiales para mí... a medida que fue pasando el tiempo, también me sorprendía ante la reacción de los otros cuando me veían. Era imaginar todo el tiempo qué significaba para un amigo de mi papá o mi mamá, ver al hijo y así... creo que para todos los de un entorno de este tipo de hecho, son momentos fuertes a nivel emocional.

Tu hermano -Gastón- es una persona relativamente mediática, ya que pertenece al grupo Los Pericos, es el bajista. ¿Es cierto que se habían encontrado antes de saber que eran hermanos?

Yo era seguidor de la banda. Algo así pasó... de casualidad. Yo trabajaba en un boliche y justamente el grupo tocaba ahí una noche. Yo entré un segundo al camarín y bueno... él era mi hermano y yo no estaba enterado.

Cuando decidimos encontrarnos porque ya conocíamos la historia, ambos acordamos que nos visitaríamos con un previo llamado telefónico. Fue muy lindo...

¿Cuál es tu relación con tus papás adoptivos hoy por hoy?

Se mantiene intacta. Tenemos la misma relación que antes y no modificamos nada al saber la verdad.

¿Cómo cambió tu vida cuando te enteraste de tu nueva identidad?

Imaginate... es algo difícil y obviamente cambia porque tenés como una vida paralela, sin saberlo. De repente, te encontrás con una abuela que te buscó durante 19 años, con hermanos, tíos, primos, amigos. Es como que tenés otra estructura armada.

¿Mantenés actualmente algún contacto especial con la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo o vivís el 24 de marzo de una manera especial?

El contacto con Abuelas tiene que ver con mi colaboración en la búsqueda de chicos, a través de campañas publicitarias y material audiovisual. A esto me dedico.

Desde que recuperé mi identidad, vivo cada 24 de marzo de un modo muy distinto, inevitablemente creo que se siente de otra forma.

Además, estoy en contacto con otros hijos de desaparecidos que también trabajan en la Asociación. A veces salimos, charlamos, nos contamos nuestras historias... también hay muchos con historias iguales en el interior del país.

¿Cómo se llamaban tus verdaderos padres?

Mi papá era Gastón Gonçalves y Ana Granada, los dos se dedicaban al trabajo de contención social. Ellos militaban en las zonas bonaerenses de Garín y de Escobar.


 Ana Granada


Gastón Gonçalves 


Manuel Gonçalves 

En pocas palabras, ¿cómo resumirías tu historia?

Es difícil. Es una historia que si me la cuenta otra persona, no podría entender cómo la puede llevar adelante.

¿Tuviste que recibir algún tipo de asistencia terapéutica cuando te enteraste de la verdad?

No, nunca hice terapia y la verdad es que mucha gente no entiende cómo porque es muy difícil sobrellevar algo así.  

¿Qué le dirías a los chicos que tienen dudas sobre su identidad?

Yo les aconsejaría que se animen a buscar su historia y a recupera su identidad porque es algo muy positivo desde todo punto de vista, a pesar de tal vez, tener que vivir momentos muy difíciles. Actualmente, hay más de 400 chicos que se siguen buscando.

Por último, quisiera preguntarte ¿qué sentiste el año pasado, el día que no pudo asumir Luis Patti a su banca legislativa?

Ese día yo estaba en el Congreso Nacional. Pero la verdad es que la lucha venía de mucho antes de las elecciones o de que se supiera si él asumía o no.

Lamentablemente, Patti tenía que entrar al Congreso y nosotros debimos pedir la impugnación porque queremos que él enfrente el proceso judicial que lo toque, sin ningún tipo de beneficios, que sí le daría una banca en la Cámara de Diputados. Nada tiene que ver esto con una persecución política.

¿Qué sentí? Un poco de Justicia.

El 27 de junio de 2006, Manuel cumplirá 30 años. Paradójicamente, en noviembre próximo, también se cumplirán tres décadas desde el asesinato de su madre.

© Laura Rotundo