Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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La noche interminable.

Es una noche que vuelve, que no termina de ser y aniquilarse para dar paso al nuevo día;
que es convocada por acciones mínimas: el sonido de un avión, un portazo,
el aullido del viento en una tormenta, ciertos fulgores del crepúsculo.

Una noche atravesada por alucinantes trazadoras buscando su frágil objetivo,
y obuses fragmentando piedras, huesos y tripas; devorando el aire imprescindible.

La mierda, el sudor, la cordita y el olor del metal caliente son los perfumes dominantes.

Y el estruendo y los gritos desesperados. Luis trata de ordenar sus percepciones para zafar de esa noche,
para ser otro, para vivir; y salta de pozo en pozo para escurrir su cuerpo de la muerte próxima.

Los obuses cesan y sólo se escucha el tableteo de las ametralladoras y la seca detonación
de los fusiles automáticos; Tomás dispara hacia la noche y Luis se arroja junto a él y abre fuego, son minutos
apenas los que permanecen echados en la tierra codo con codo pero son suficientes para ver como varias siluetas
acechantes caen y para convertirse en blanco del fuego de las ametralladoras británicas, se ponen de pie y corren
y vuelven a echarse en el barro y de nuevo disparan.

Repiten la operación hasta que los obuses vuelven a caer, corren hacia atrás, Tomás tropieza y el obús cae
directamente sobre él, la fuerza de choque golpea a Luis en la espalda y lo eleva un par de metros,
cae y luego de unos momentos cree escuchar los lamentos agonizantes de Tomás pero sabe que eso es imposible,
como puede se pone de pie y comienza a correr por alejarse, por salir de esa noche templada por demonios, corre,
corre por diecinueve años y a menudo cree dejarla atrás pero todos sus intentos son vanos y hoy sabe que la despedida
requiere un gesto definitivo. Lleva el cañón de la pistola a la sien izquierda, sonríe y presiona la cola del disparador.

© Julio Páez