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El planeta del agua

El planeta del agua ya estaba ahí nomás, la nave redujo su increíble velocidad y entro a la atmósfera, el aire se desplazaba alejándose de la estructura metálica, porque así debía ser. Eligio una zona iluminada por el sol, precisamente Sud América y en segundos estaba a 50 metros de altura sobre el bosque de pinos y muy cerca de la cabaña que estaba en la ribera del Nahuel Huapi.

La pareja miro los instrumentos, escaneo junto con el sistema de escanear y supo que ningún humano los había detectado, salvo cinco que sabían y cuya presencia síquica, los acompañaba, eso no era problema ya que estos solo divagarían con una presencia en el bosque y un lago cercano.

Ahora bajaron sin la nave y se dirigieron a la cabaña, Atnun que era el macho, apuro el paso para estar a la par de Tria, la hembra. Llegaron justo al lado de la casa, cuando supieron que ya Carlos los estaba presintiendo.

Esperaron allí frente a la puerta, sabiendo que este ya saldría.

El hombre dejo de trabajar con su artesanía, dejo el pequeño gnomo semitallado, en la mesa y decidido a tomar un poco de aire fresco, salio afuera.

Los vio luego de dar dos pasos en el patio y se quedo paralizado viendo a la pareja, que vestidos con una ropa violeta que parecía pintada sobre el cuerpo, lo saludaban con las manos extendidas y muy quietas.

Asombrado supo que eran visitantes lejanos, y que no eran de la tierra, así simplemente sabiendo, luego lo corroboro al observar esos ojos tan negros, que no se observaba la retina y la altura que superaba los dos metros cincuenta.

A solo un par de pasos de distancia inclinaron la cabeza para observarlo con curiosidad evidente, miro y por el costado de la muchacha, vio suspendida a la nave gris.

Miro los rostros de largas cabelleras negras y le pareció que sonreían, aunque sabia que no hacían gesto alguno.

Algo de familiar tenia todo, tal vez unDeja Vu”,…penso y comenzó a preguntarse que quería su visita.

Como si le respondieran, comenzó a sentir,… Era un planeta muy cercano, si se tenia en que moverse, lo envolvieron dos o tres galaxias, hasta que vio a la tierra, igual que en esos documentales del discovery chanel, luego comenzó algo muy complejo, sintió códigos de ADN y mil símbolos extraños, relaciones incomprensibles lo maravillaron y confundieron y se encontró sintiendo la necesidad de encontrar ese código, solo ese y ya comenzaba a perderse en esos genes que como un CD permitían recorrer millones de años con sus raras vivencias, fue entonces que volvió algo asustado por tanta cosa extraña.

Sabia que le respondían, pero mejor resolvió preguntar a la antigua.

--¿Que es lo que quieren muchachos? ---pregunto tratando de que no se le quiebre la voz.

La muchacha sonrió imperceptible, dio un paso en su dirección y agacho aun más la cabeza.

--- Queremos a un pato---dijo Tria con una voz suave y muy bien articulada.

--- ¡Un pato!--- se asombro Carlos.

---Exacto---dijo Atnun, con voz más ronca---un pato de los que crías.

¡Otra vez las sensaciones!, ahora se trataba de algo parecido a un prodigio, algo de sideral laberinto evolutivo y una salida única, genial que estaba en su pato negro y que cojeaba de una pata.

Bastante confundido por lo complejo de las revelaciones, solo señalo hacia atrás de la casa y les dijo…

---Síganme, muchachos.

Mientras caminaba hacia el refugio de las aves, sentía, tal vez mejor que si los viera a los grandotes que le pisaban los talones.

---Allí están los patos---y les señalo el diminuto corral de alambre tejido y puerta de madera, adentro había 10 patos y tres gallinas que ajenas a todo, picoteaban porfiadas el suelo buscando restos de comida, abrió la puerta y se quedo del lado de afuera.

La muchacha entro y se dirigió hacia el pato cojo, se agacho, lo tomo con suavidad y con una facilidad tal, que parecía que el animal quería irse con ella.

Carlos repentinamente preocupado, ya que se encontró mirándole las nalgas y se sorprendió pensando en cuestiones un tanto libidinosas, como si estuviera anunciándolo a gritos, trato de dejar el por erótico, peligroso tema.

---Llévenselo, es suyo---dijo mirando inquieto al grandote, que estaba a su lado y sin poder evitar recordar una propaganda donde un baboso se convencía que como hay códigos, la novia del amigo, lucia bigotes.

Atnun, asintió con un movimiento leve de la cabeza y se dirigió a la nave.

La muchacha con el pato cojo en brazos se acerco a el y ya a centímetros, Carlos se encontró mirando el huequito de su ombligo que tenia frente a sus ojos, se aguanto las ganas de mirar mas abajo, levanto la cabeza y se hallo con los cuatro ojos que lo miraban, los del pato y la muchacha, claro.

Ella entonces le puso una gran mano en su hombro, Parecía estar en un sueño lleno de sensaciones femeninas, sintió a la mujer como si estuviera desnuda, o mejor aun, se adentro en sus deseos femeninos, en cosas placenteras y amadas, se sintió desnudo a su vez, pero no le importo, mejor aun disfruto del saber que estaba siendo explorado y disfrutado, se encontró tratando de satisfacer sus deseos, es decir los suyos y los de ella. Eso lo excito mucho, tanto que no recordaba algo parecido y cuando ya estaba por abrazar de donde pudiera a la gigante, esta se despidió, así nomás pensando y se dirigió con grandes pasos a la nave, donde ya había entrado el grandote.

La nave despego de sus cincuenta metros y se alejo casi instantáneamente, perdurando un poco en la visión de Carlos.

Se quedo mirando al cielo, suspiro y meneando la cabeza, mascullo…

¡La puta, si son todas iguales¡

Y ya que se parecían se dirigió presuroso a su camioneta, arranco y mientras pensaba no contar nada a nadie, se dirigió apurado hacia el pueblito, donde vivía su novia.

Hasta el presente, Carlos no tuvo noticias de la grandota, compañero, ni del pato cojo... Pero se consuela, ya que convenció a su, al principio asombrada novia, de que practicaran sexo tantrico, pero no es lo mismo, claro.

© Oscar Olié
 
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