Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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La 14.

Nunca le había interesado compartir su espacio, pero sabía que no había salida. Las opciones no eran muy alentadoras, la pérdida de su privacidad, o morirse de hambre.

"Cuánto hace que estás sola con la piba?" le preguntó su nueva compañera de cuarto, mientras encendía un cigarrillo que sostenía de costado con los dientes. "El padre jamás se hizo cargo, ni lo va a hacer... gracias a Dios". Esta mujer no le agradaba demasiado.

Inés, después de poner esos cartelitos en los túneles del subte, se había arrepentido. Sentía que tendría que haber consultado con algún conocido, pero en fin, no lo había hecho, y ella apareció ahí golpeando la puerta, sosteniendo un vaso de tergopol con café en una mano, y uno de los carteles arrancados por la mitad en la otra. Se presentó como Carmen, y apagó en la madera recién encerada, un cigarrillo envadurnado en carmesí, con el taco aguja de sus sandalias. Eso fue solo el comienzo.

"Cuánto tiene ya?", preguntó mirando a la beba. Inés, le señaló con un dedo sobre los labios que guardara silencio, recién se había dormido y no quería despertarla.

"Si estás tan necesitada de guita... por qué no la vendés?, podés sacar dos o tres pavos por ella...".

"Tiene cuatro meses y no me agrada para nada lo que decís". Carmen, le sonrió cínicamente y le dijo "Es joda, no entendés, joda".

La temperatura estaba en 42 grados, el zumbido de los mosquitos era insoportable, y la mantilla de lana le daba comezón.

Él con ternura le despegó un mechón sudoroso de la frente y se lo acomodó por detrás de la oreja. Ella se apartó de su mano, frunciendo el ceño. "Falta mucho?" le dijo algo irritada. "En cada viaje te vas a poner así? . Porque te digo que no me costaría nada, conseguir otra barata como vos...".

"Te conseguí la piba, estamos en una ruta esperando a los federales con un calor de cag..., de morirse y me exigís buen humor... Es de no creer!!".

Estaban cruzando Virasoro, en el norte de Corrientes, mucho camino no les quedaba hasta Ciudad del Este en Paraguay, pero en ese Falcon 69 todo era eterno.

Ya habían pasado dos controles, y lo único que le habían dicho a Carmen sobre la beba, era que la desabrigue un poco porque se iba a deshidratar.

En el tercer control, incluso le ofrecieron cargar una mamadera de agua fresca.

La tierra colorada que volaba y se adhería por todos lados irritaba aún más a Carmen y la ruta 14 con sus subidas y bajadas tan pronunciadas, y con tantos camiones que transportaban troncos, lo exasperaban a él.

Una subida interminable. El Falcon agonizaba y delante un Mercedes viejo, cargado de troncos atados con cuerdas de nylon, se tambaleaba amenazando desarmarse.

La cuerda cedió. Un estruendo. El parabrisas estalló. Un gemido cerró la escena.

En la morgue judicial se examinaron los cuerpos de los pasajeros del Falcon. Además de encontrarse con los dos adultos, de los cuales, ya estaba programada su detención en el control de Posadas. Se encontró un NN, sexo femenino, de alrededor de 4 o 5 meses, en un estado tal de putrefacción, que seguramente llevaría varios días desde su fallecimiento por asfixia. Era pequeña, pero les había servido para camuflar casi 2 Kg de cocaína en su abdomen.

Mientras decidían que hacer con el 1,5 Kg, de los que nunca se sabría su existencia en los medios, Inés se autoconsolaba pensando que el dinero le hacía falta de verdad, y que seguramente su niña estaría en una familia, de la que nunca se arrepentiría de haberla dado.

© María Noel Fernández