Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Pero el olvido... el olvido

Yo... en vahído
en exilio de mí.
Divagante en música vidente.

Abdicándome de mis recuerdos,
perdonando -no tan fácilmente-
a todas esas máscaras, que destrozaron en una perennidad que me invente mi alma.

En vahído, en exilio de mi cuerpo tan pesado;
tan pesado y tan frágil.
Levitando en este destino tan abrupto que inextrañablemente es mío.
¡Mío!

Sonriendo, llorando, que difícil es estar cuando no estoy.

El olvido... el olvido está encerrado junto con mi alma amortajada en baúl,
en esos que cierran con candado.

Mi mano tapujada en mi mente clausurada temporalmente en ambigüedad,
junto con mi corazón perdido en la última palabra que no se mencionó por un
embozo que trajo Tajabone.

Me vuelvo una catarsis... y me encanta.
En una catarsis benevolente, encallecida, teñida de lo que no quiero perder.

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Cueva profunda

Exhalo un vaho insípido,
fecundado del calor perdido en mi reflejo,
atravesado por troncos follados de nada y luna amarilla.
Imágenes pasajeras, quizá mañana imaginarias.
¿Llorar en una noche como esta?

Entiérrenme en mi dolor y búsquenme al amanecer
echa estalagmita.
Una colgada de mí.
Hecha por mí.
Olvidada en cueva profunda.
Entrañada.

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Lo que fue

Tumbados los dos al lado de las velas que me han acompañado en muchas noches de insomnio.
Sin deseo alguno hacia nuestros cuerpos que están tan ausentes.
(quiero que me veas como una amiga)
(ya te veo así)
me cuenta de sus historias desdénicas a medias
(cuéntame...)
... de ese amor utópico que ataca alguna vez a todos.
(no se le puede contar todo a alguien)
Implorando secretos.

Juntos por primera vez en alma.
Mientras la noche acobija nuestros cuerpos lejos muy lejos.
(no me toques)
(¿por que?)
(por que no estoy aquí)

Estamos sentenciados a odiarnos al final del día.
(ya lo estropeé todo ¿verdad?)
(si Ricardo siempre al final del día)
Pero seguimos juntos entre esas asperezas
que como diferentes que somos,
nos hace verlo mas claramente.

Somos cómplices de diferentes delitos.
Lloramos por separado, las mismas lágrimas.
Y aun así somos los peores de los mejores amigos.

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No lo he perdido

El día en su lentitud arrasa con su cansancio de mediodía.
Mis ojos se terminan al parpadear de llorarse.
Él tan dentro de la entraña que lo entraña;
por que definitivamente se ha marchado.
Hace un mes que ya no vuelve,
pero su voz es una pérdida reciente,
esa apenas la perdí hace unos días,
cuando se alejo por aires norteños.
Ya no lo tengo,
pero no lo he perdido;
simplemente no volvió.

© Naieli Macias Santibánez