Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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La noche de la Maya

La noche y el submundo se parecen mucho.
Son un espantoso cuerpo
satisfecho de su propia dualidad
forjada de oceanidas de carapacho duro.

Como en habitaculo cercado de condena.
el corazsn se despasea, de extremo a extremo.
la esperanza esta vencida por las dudas.
El viento fuera brama y temo.
A paso de tortuga, el aliento se levanta
y mis ojos salen a las lagrimas.
Escapo de este viaje nocturno.

Un palurdo en aqos soy
que no encuentra el Sendero.
Esta charca de seqales es confusa.

!Como quisiera una ventana
hasta el trayecto hermoso, luz diurna
que abra el firmamento de Brahma
y la apofantica verdad que es el Atman
y el hallarme como soy, bendito,
reciin nacido como el Hijo de los Soles,
ante tm, con mi cancisn cimera, mi voz
abriindose entre dos encarnaciones!

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Mimado desde tu vientre

Una maqa de mi cuerpo te retiene
porque es feliz lo que traes a cada instante.
El corazsn agradecido no te agota
aunque lejos, en la muerte.
o en la vida, cercanma, te separes.
Son lamidas que me dmste
en la casa de tu vientre bendito,
en los foros de tus palabras amorosas.
!Con tantos besos me ungmste
que estoy hzmedo por ellos
todavma!

Es que el sol no vence el manantial
que tienes en la boca: me has besado
como la materia y el tiempo sslo besan,
inagotable, profundamente,
hasta el sinfmn atsmico
de mi fugaz esqueleto.
Tus manos supervisan.
Tu irradiacisn es perenne.
Tu voz, tu olor, estan conmigo.
Me defienden como espinas
del mismo limonal que da
dulzura en frutos y jovial abundancia
de sigilo: eres el amor en la sustancia.

Me hijificaste con lo mejor del pan,
tu carne, tus riqones.
Yo de tu nombre inhalo
aroma de vida ante los limonales.
!Qui acridulce memoria!
!Te debo tanto y por eso...
una maqa de mi cuerpo te retiene!

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Los senos cosmicos
A Catrina Falbo

Para dar santos nombres de japa
a lo que yo llamo dos ricas peras,
dos delanteras iluminaciones,
yo no tengo que ir a la India.
Yo repito: !Tetas, tetas, tetas!
el mamtram de tus pechos sin cobertores.

Grabo en mi memoria los conos
con la tersura que yo sospecho
y doy la ventaja a mi garganta
desde antes de evocar
las entidades que han sabido
derramar la galaxia
con leche y miel del Universo.

?Para qui mirarse el ombligo
en un tznel nirvanico en las frmas Himalayas,
si detras de mi puerta, donde esta tu regadera
tienes la T-shirt que te las cubre,
csmplices carcelarias de tus palomas,
pares de japa japa
y por las que yo escribo
su texto en mis labios
y fluyo aliterativamente
hasta que el gozo supremo
eche mi torre abajo?

!Tetas, tetas, tetas!
Puede que las dualidades de tu pechuga
primorosa no estin disponibles
para mi espacio-temporalidad,
aqum y ahora, !maldita sea!
porque hay tela encubridora
cuando no tienes que baqarte,
conspiracisn de corpiqos.

!Pero no importa!
Continuari el modesto ritual
hasta que seas mi vecina favorita.
Y no necesitari dar santo nombre
a tus chichihualli que, divinamente dicho,
son dos tetas maravillosas.

Uno mete el ojo por la cerradura.
Agujera su anhelo insslito de milagros.
Asalta el techo, se descalabra
en volzmenes de esperanza,
pero sslo a tm, japa ninfatica,fiat, el hagase,
ahm te voy, saciate, mirsn,
cuando asesinas el brassier en los pasillos
y exprimes dos fantasmas en mi boca.
Cada vez que te veo, !mamtrizo!
y tz lo sabes; me preparo para santificar
el delicioso instante en que desnudas
tu torso para ir a la cama.

Con mis ojos, he descorrido la luz
y robado lava de tus volcanes
para que tus japa japa madruguen
entonces, friolentos
de aliento y mordiscos.

© Carlos López Dzur