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De niño me decían

De pequeño me decían
-no vayas al río-
que puedes morir.

Yo me sumergía en profundas odiseas,
nadaba entre espasmos tórridos
y gemía en el agua.

Buscaba cada vertiente
y cuanto mas profundo
el limite líquido-aire
traspasaba mi cabeza inquieta,
más brincaba mi corazón,
más estallaba mi sexo.

De niño me decían cuidado con el río...

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Paisaje de adentro

Ahí
donde juego a la rayuela
y con mis hermanos nos escapamos al río
a embriagarnos de fábulas.
Donde a lo lejos diviso todavía
al indómito tren de aquella estación.

Ahí donde nazco y perezco
según otoños que encarcelan octubres,
donde la música del viento
me recuerda aquellas calles, aquel pueblo.

Ahí donde no hay almanaques
y conservo aún los ojos tristes de mi perro.
Donde el circo luce su carpa reluciente,
donde salgo al recreo
donde me invaden perfumadas mandarinas.

En ese lugar donde tener memoria duele,
los muertos parecen latir
sin vejez, sin andamios.
Donde habitan también tantos desamparos,
niños de cartón, mujer desgarrada.

En ese lugar donde hay un país vencido y mutilado,
palomas bombardeadas,
clausuradas plazas, iglesias infames.

En ese lugar,
ahí, en mi paisaje de adentro,
mi casa aún es refugio
mis manos palabras.

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Esqueleto inerte

Es parte del entierro
estos brazos que por colgar pesan tanto,
esta voz que quedó muda
entre exilio y sin-razón,
estos zapatos que visten abismos.

Es parte del entierro
el lento dolor de la daga,
la sed en labios secos,
la hoguera que siempre espera.

Es parte del entierro
estas ganas de ser pájaro,
esqueleto inerte.

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Primogénito

Primogénito:
Tendrás mis ojos de nada
incrustados en tu huérfana presencia,
mis gotas de lluvia flagelando
al esquivo tiempo, mis ahogados silbidos
poblando inútiles vacíos.

Tendrás mi mortaja sobre el blanco lienzo,
el ansiar desparejo, este ser nadie
sobre esferas secas.

Tendrás un pueblo mudo
señalando celdas y el correr
por hoscos pasillos floreciendo miedos.

Tendré de ti
esa soledad tuya,
esta soledad mía.

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6to poema de la 2da parte
(se lee directamente)

Ella la muerta.
Sube al colectivo,
baja,
aparece,
se esconde,
percibe,
se mutila, trabaja de día, de tarde,
de noche lava, plancha,
se prepara para el otro amanecer.
Pálida sucumbe,
respeta,
no levanta su voz
se peina -nunca se despeina-,
cede su asiento,
reza mucho -cree poco-,
no llora,
no ríe.
Ella la muerta
que no ama,
no siente,
no grita,
la que nunca nadie miró,
la que nunca nadie soñó,
que no tiene niños, gatos
ni jazmines.

Ella es la muerta que camina sin lápida.

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Hermano

Hermano,
la casa sigue buscando rincones de luz.
Maltrechos tejados rasgan el velo lunar
de lejanas añoranzas.
Si vuelves, búscame en la hamaca del patio
donde quedaron ilesas antiguas inocencias.
Hermano,
el camino sigue difícil y empinado.
Las viejas carretas circulan con los abatidos obreros.
En el cielo hay barriletes
con recuerdos legendarios.
Si vuelves, te espero en esta hamaca donde quedan aún
nuestras risas inconclusas.

Hermano, si vuelves torturado y perdedor
estaré en el portón aguardando los pasos.
Si es que no puedes retornar,
si tus sueños aniquilaron,
si desapareciste tras un manto de ironías,
seguiré esperándote en la vieja hamaca
donde no existen los olvidos.

 

© Gustavo Tisocco
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