Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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El hijo del sol

Reencarno en ti el sol
Ser, héroe de una tierra remota
Más lejana que el horizonte
Amo y señor de las venas del sur
Lo que es no ha sido y no es será
Te alimentaras de pétalos de carne
Lluvia, hielo y miel
Y divorciaras a la luna del mar
Tomaras del cáliz, comerás del pan
Sembraras piedras con las que alimentaras a la especie
Y serás plasmado en la galería de los profetas
Pintado con sangre, humo de incienso y sal
Héroe de un planeta de universo paralelo
En un laberinto de sonrisa y mal
Eres el Dios de la nada, y de la nada mueres
Eres el hijo de un sol que predico la paz
Cargaras en la mano izquierda una rosa
Y llevaras por estirpe una cruz
Llevaras por nombre una estrella
Y beberás del cielo la luz
Tendrás de coraza una nube
Y como tu arma tu piel y conciencia
Harás caer falsos monasterios
Y usaras de tu Biblia a la ciencia
Tu lapida será de flores y tu tumba de cristal
Cenizas de amapolas embalsamaran Tu vientre
Y lloraras lagrimas de miel después de muerto
Tus huesos se cubrirán de azufre y tu cráneo de metal.

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En el atardecer del cáliz

¿Que es aquello que hace del metal hambre?
¿Que es aquello que permite salir al sol?
aquello que tiñe de negro mi carne
Esa sustancia que escurre del cielo y tiene al infierno
Partido en dos
¿Un tumor en la luna?
¿Un cerebro de cal?
¿Un poema de Blake?
¿Un rosario enlamado en lo mas profundo del mar?
¿Que es aquello que siento?
¿Que es aquello que soy?
Glóbulos rojos hirviendo lento
En un camino sin ruta ni humor ni placer
Es tabaco fumado despacio
Que es una flor rozando el ayer
Son moléculas de guerra dispersas en aire
No es vino ni droga ni sexo,
Es un ser
Es su raíz quien pinta en un cuadro el alba
Es el tallo de su día el que voltea a ver al sol
Sus pétalos son la noche que crecen
Después correr durante el atardecer
Del cáliz de la flor.

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Poema No. 8
(1ra declaración a la humanidad)

Aquello que ves arriba de tu cabeza
No son mas que hiedras forrando el horizonte
No son mas que llanos de milpa y de fiebre
Que adornan las calles al atardecer
Son mas que troncos saliendo de nubes
Son hongos de cielo
Que engendran serpientes
Los amos del nilo de nubes y fuentes
Son mas que campanas teñidas de sangre
Son mas que murciélagos que parió el edén
Mas que las sombras de dos mil soldados
Marchando derecho, matando a placer
Por cada segundo desfilan las almas retorcidas hacia los jardines de fuego de Abel, brotando lagrimas que se hacen cenizas hechas de la carne de sus victimas, levantan la cara hundida encarnando en el cielo su grito dolor que ha de convierte en canto fúnebre que deleite los oídos de Luzbel, sus ojos serán el alimento de los cerberos, sus manos de la peste negra que profane a su ves las tumbas olvidadas del cementerio de los pastores, el único rayo de luz de luna en una noche de tinieblas, ha de iluminar el deformado rostro de un anima en penitencia por una vida predicante de muerte y de peste, un cuervo le devorara el cerebro y a su ves su raquítica alma, la cual echa del cuervo excremento a la misma anima alimentara por la eternidad. Sonaran así por cada anima las campanas del infierno, que proclamen en bajo el cielo el imperio de Satán.

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Agrio

Se encarnan en mi garganta los
Sueños de una noche pálida
Se vuelven ríos de lumbre
Que salpican a su paso a las golondrinas
El hombre se vuelve animal feroz por las noches
E insecto invalido al amanecer
Soy el vino agrio de la tregua que ha dado el
Alma del nuevo día
Sangre de estupor y sudor que emanan
Del cielo en el fin de siglo
El la banda de la vía Láctea
En un sol que alumbra penurias
Todas las voces ocultas
Unidas en un solo canto
Aclamando flores, bríos, llantos
Extrañando el agua pura
La uva que entrega su cuerpo
Para convertirse en droga de desquiciados
De infelices, de malogrados
De tristes y abandonados
Soy el sudor que emerge de los poros acuíferos de
La tierra, el volcán, el armaggedon del nuevo siglo
La nube de soledad
La noche cubierta de frío
La hierba que hace que tus párpados estilen
inconscientes
emanando lo que no saldría de tu alma
ni en su sobria y "conciente" presencia
El ogro que levanta la alfombra
del placer nocturno
y en la realidad te sumerge involuntariamente
haciendo de tu fantasía una lapida
el fuego fatuo en un rojo vivo
de todos los ayeres consumados en un solo grito
una flor marchita de en el desierto
en el funeral de un alma perdida
el anima que ronda frotando las ruinas
de lo que alguna vez fue en vida.

© Luis Carlos Gómez Figueroa