Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Él lo sabe pero no entendemos su idioma

Un gato caminándome la espalda mientras estoy tirado en una cama. Esa es la felisidad. La puedo reconocer. Una silla que me aguante pipón después de un asado, sin pensar en nada. Esa también es la felicidad.

Ffd b´fg ps p p p . Tres pees seguidas. Querrá decir algo? O si? Eh? Ágætis Byrjun es lo que tuve. O si? La felicidad es eso. Es tener un buen final, pero también un Ágætis Byrjun, que quiere decir “un buen comienzo” en islandés. Yo no sé islandés igual. No me pidan que diga algo en islandés. Tampoco sé hebreo, como algunos decían por ahí.

Camino por una terraza. Dos y tres más, otros días. Pienso cosas parecidas. Pero todas tienen algo en común. No te lo voy a decir. Lo que más importa es lo que se pisa. Los que pisan mierda le dan importancia a esto. Los que pisamos las veredas, que somos prácticamente el cien, ciento veinte por ciento de la gente, tendríamos que reflexionar. Si no hubieran veredas o calles, o suelos, que pisaríamos??? ¿Nuestras cabezas?

X fb fb zfb. No quiere decir nada. Una æronave. Tampoco. Nada, dije. Nokkrum dögum síðar pisé caca de murciélago aunque nunca lo llegué a comprobar. Bailé, salté y fui feliz a pesar de que en el diario pusieron la cara de alguien muy feo, que asusta a los niños y no los deja dormir. Un político de mucha edad.

La felicidad reaparece recién cuando la dejamos de llamar. En serio. Y en broma. Y en otras. Me cansé de esperar una respuesta de tu parte. Tu parte… ¿No sabe contestar? Eh? O no?

Para los que no lo saben: Nokkrum dögum síðar quiere decir “días después” en islandés. Si, esa pequeña isla donde nació Björk, y dónde además tomó leche Björk. También hay muchos fanáticos de Bjök, y cantan sus canciones. Islandia es fría, yo no estuve nunca, y si llego a ir alguna vez, lo voy a hacer con pullover. Y una gorrita.

No piensen en mí, piensen en sus jefes y sus mascotas, que no son ni sus jefes ni “mí”. Piensen sino en flores con aromas increíbles, que no están para ser creídos sino para ser olidos. Para los que en algún momento se pusieron a dudar de mi ortografía, les comento que la décimo quinta  palabra de este texto está escrito a propósito así. Lo hice para que la compu me la subrayara. Es una palabra importante y merece ser subrayada.

Ya es tarde. Nada de lo que escribo tiene sentido. O poco. O mucho. Depende. De que depende. Delirios de algún nómade de bibliotecas, o de bares llenos de gentes con sonrisas de distintos tipos. Traigan las pruebas de que yo estuve caminando en terrazas pensando en Michelle Pfeifer y les regalo una manzana acaramelada.

Que lindo es escuchar a Pugliese tocar el bandoneón y a Piazzolla su flauta traversa. Juanjo Domínguez es un gran flautista, y Gieco sacó un disco donde toca el sitar en todos los temas, veinticuatro. Nadie se enteró de ese disco salvo él y yo, que lo compré debajo de una baldosa. No voy a hablar mucho más de música. Sólo quiero agregar que la mejor música que escuché en mi vida es un gato ronroneando.

Esa es la felicidad. La que no se puede explicar, como el idioma islandés. Dos lápices se pelean por el protagonismo en un dibujo de un famoso dibujante. Se muestran sexys ante él, tratando de convencerlo de que sean usados. Después cuando el dibujo sea aclamado por las multitudes, el lápiz rojo va a decir: “ven, ese rojo es mío”.

Opna augun: “abro los ojos”. Bien abiertos puedo ver todos los que me persiguen. De ninguna manera puedo ver a todos los que no me persiguen, porque son muchísimos. Mi maestra de cuarto grado no me persigue.

Canto una chacarera y el alma se pone a bailar en el patio. Antes de irme a lo de Juampi, le aviso que vuelva, porque me molesta tener que buscarla por toda la casa, a la noche cuando vuelvo. La otra vez la encontré durmiendo bajo un almohadón verde y celeste. Si, mi alma duerme. Igual que la mamá de el verdulero, igual que el Diablo, que Michelle Pfeifr, que la Casa Rosada, y que algún que otro roquero.

¿Te felicitaron por nacer? O sí? Kjb iu iuh td. A los que nacen en países como Bhután, Malawi o Argentina habría que felicitarlos porque… hay que tener el coraje… Hay que tratar de pensar lo que decimos cuando decimos cosas que decimos. Hay que no pensar las cosas que decimos. Nunca me contradije.

Como este cuento no tiene una historia, aquí va: un hombre se enamora. Ese hombre se casa. Fin. Un final trágico… Dicen que la segunda parte del cuento la edita Alfaguara el año que viene. Yo me la voy a comprar porque me quedé con las ganas de saber si el tipo es feliz.

Alfinál (todojuntoycontílde)…  ¿Qué es la felicidad? La gente se lo pregunta caminando en la calle, en la vereda, o en las terrazas. Se lo pregunta el Diablo, Michelle Pfeifer y otras personas, como la mamá del verdulero. Quizás la respuesta esté anotada en un papelito bajo una baldosa en un país que no es Rumania. El único que no se lo pregunta es el gato, que solo se dedica a caminar espaldas y ronronear, y hace bien.

© Mariano Giorgi