Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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El buscador

Vuelve cuando quieras,
y trae a casa tu amor.
Así nos despedimos
la última vez.
Encantado de volver a verte,
le dije cuando salió
a recibirme a su puerta.
Cómo vas a estar encantado,
contestaría anudándose su pañuelo
que tenía los colores
de la bandera de la CNT
Cómo vas a estar encantado
si yo estoy viejo
y apenas me miro en el espejo
mientras temblorosamente
adecento esta barbita...
(su blanca perilla troskista)
Porque no sé cómo estos ojos
pueden brillar tanto
y esta mano moverse así,
sola, como si quisiera
rebanar de un tajo
esta nuez arrugada que sube y baja
cuando trago el vino triste
y poco que bebo.
Pero hombre, no te quedes ahí parado y siéntate
¡No, en la butaca no es posible!
Con lo alto que tu eres
y lo fuerte que estás
caerías rotundamente
y no quiero amigo mío
que sea tu caída primera
o cualquiera sabe cual
en mi casa y en mi compañía.
Esa foto no la toques
que es la foto de mi amada
¿Muerta? Tanto como yo
que no vivo desde que ella
se nos fue, y el plural que utilizo
motivos secretos tiene
querido amigo.
Ya no puedo más le dije,
¿Cómo es posible que tengas
ahí, sobre la mesa camilla
un periódico de 1.963?
¿Cómo es posible que esta mañana
te hayas levantado
y hayas cogido ese periódico
y tranquilamente lo hayas leído?
Tranquilamente no, amigo mío, tranquilamente no...
Ya me voy y jamás vuelvo...
esto es una farsa y no tiene sentido.
Salud, camarada y ya sabes
-como si no me hubiese oído-
cuando quieras vuelve
y trae a casa tu amor.

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Yonky

Cuenta que ahora ya no duele
que casi no se acuerda de cuando
tanto le dolía.
Cuenta que la luna, la vigía
ha menguando y ya no escribe
por las noches su canción.
Cuenta que la tormenta ya
es la calma, que apenas hay
caballos muertos en la noche
Que no succiona en las cunetas
desconocidos falos de viejos,
borrachos o solteros ardientes...
Que ya no asiste al horror de
su sangre sumergida
ni se rasca las heridas
con la punta
de la jeringa.
Que ahora cuando besa es que besa
de verdad.
Que se fue a vivir al campo
y que ha visto ya el mítico
rostro barbudo y canoso de Dios.
Que carga fardos de piedra
que planta árboles exóticos
en llanuras terribles
Que ha olvidado el sueño
del horror y los arcenes
y que acaricia un ángel por las noches.
Y cuenta y ríe y no soy yo quien
para poner en duda
ninguna de sus mentiras.

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Mañana

Hoy todo está todo dispuesto
hasta chirría el somier
como una bestia malherida
que exigiera su alimento.
Acaricio mi pelo mojado
sacudo la cabeza, perro feliz
que moverá tanto el rabo.
Hasta ti me acerco con una sonrisa
que ya no quiere ser mueca
enciendo cigarrillos apago cigarrillos
Compongo- ya la silbo- una música hermosa.

© Juan Antonio Gallardo