Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Asumo cada una de las notas
que está tocando Benny Carter
levanto mi copa y brindo con el aire
y con las notas que Benny Carter
está tocando.
¿Quién me mira? ¿Está más o menos solo que yo?
¿La dama loca que ha pintado
sus labios varias veces
la que me pide que le encienda el cigarrillo
o la que ya me está tocando el brazo
porque quiere arrastrarme?
Me arrastrará...
y callaré durante años esta noche
esta noche con música y sexo
más años, más noches
y más motivos para permanecer callado.

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Un miedo

Se marcha.
no ha querido volver la cara,
enfrentarse con mis ojos
que miran insensibles
hermanos del fracaso.
Piensa que puedo fulminarla,
que puedo gritar fuerte como un loco
pero ya no tengo voz
ni enloquezco por nada ni por nadie.
Me encogeré de hombros
porque tengo abrigo
algo de dinero y juventud
y porque he vivido más dramas
verdaderas heridas del alma
que gotean su sangre aún
y jamás cicatrizan.
Se irá y me dará el viento
un beso nocivo
que ya interpreto
Y delatará el viento:
"Helo ahí, mientras los hombres duermen"

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Traición

Después me dijo que ya no lo amaba
Y yo la creí.

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Callejones

Ese rincón,
la luz que vierte el farol
como un puñado de lunas chicas
temblorosas
está pintado por un Chagall amargo
Y ya lo canta Abbey Lincoln
con lastimeros violines
y guitarras pentatónicas
Un universo enjuto
sembrado de jeringas y de orines
de condones y de esputos.
Ese ha sido nuestro rincón del amor
cremalleras que suben y bajan
y ciñen con su chasquido
el estrellado silencio de la noche.
Mis carreras con mi metro ochenta y siete
tras los mirones que se tocaban excitados
por nuestros besos antiguos
que en verdad eran excitantes
¡Ven aquí hijoputa!
Les gritaba y los infelices
corrían por la estrellada noche
con el pito todavía fuera.
(De cuantas palizas me habrá salvado
este metro ochenta y siete
del que tanto renegué en la adolescencia).
Los pisos de amigos
con más edad
o más dinero
en los que siempre temblábamos
de emoción y de frío
mientras nos desnudábamos,
el miedo a manchar las sábanas,
el disimulo al salir a la calle
y encontrarnos a los vecinos que sabían
pese a tus desvelos- perfectamente
de dónde y de qué veníamos...
el sexo clandestino,
más hermoso que nunca.

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Más yo

Huiría de la casa con este abrigo
Y a mirar con otros ojos
desde la barra de un bar
Cómo termina el día plácidamente
Para una buena parte del mundo.
Huiría como un niño huye
De un pecado que dio ganas de morir.
Besar es lo que me queda
besar como si en ello
me fuese la vida.
Y es que me va en ello

© Juan Antonio Gallardo