Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Soldado plástico

Capítulo I: El descubrimiento

Habían llegado a aquella vieja casa de campo hacia unos días. En aquel abandonado cuarto de juegos encontró muchos juguetes, que habían sido de su tío. Alguien que apenas conocía, pues nunca lo había visto, a excepción de las fotografías que le enseñaba su madre de vez en cuando. Aquel pariente suyo tenia ahora unos cuarenta y tantos años, siendo algunos de aquellos juguetes de hacia mas de treinta años. La casa llevaba vacía unos diez años.

Carlos había llegado con sus padres de una forma apresurada, pues razones de fuerza mayor se habían impuesto sobre ellos; no había podido atraer ninguno de sus juguetes, de hecho la mayoría de las pertenencias personales de la familia, se habían perdido en el incendio de la casa. Por tanto debía conformarse con los viejos juguetes de su tío durante una temporada.

- Carlos, hora de cenar.

La voz de su madre interrumpió el recorrido que Carlos hacia por aquel viejo cuarto de juegos, pero de ninguna forma le creo ninguna resistencia, ni interrumpió nada que le fuera desagradable. Por primera vez en mucho tiempo Carlos experimento alivio al oír la voz de su madre, que le recordaba la obligación de acudir a cenar. La razón de su actitud causo sorpresa en Carlos, que sin embargo le resulto al mismo tiempo absolutamente natural. Carlos no tenía ningún vinculo con aquella casa, con aquellos juguetes y con aquel tío que de niño había jugado en aquel cuarto que el exploraba con el único propósito de matar el aburrimiento que generaba en el aquella casa y aquel lugar tan alejado de todas partes. Estaba completamente solo, sus amigos se habían quedado en la ciudad donde tenian su antigua casa. El incendio había tenido lugar a mediados de junio y, puesto que había aprobado todas las asignaturas, siendo el principal obstáculo que se oponía al traslado de la familia, los estudios de Carlos, no había razón para demorar el mismo.

A finales de junio la familia se había trasladado a su nueva residencia, lo que para Carlos suponía tres meses de aburrida soledad en aquel apartado lugar, antes de que se reanudaran las clases. De modo que pese a ser un buen estudiante, Carlos por primera vez en su vida comenzó a añorar la llegada del nuevo curso, tras llevar una semana de estancia en su nueva casa.

- ¿Qué tal van las cosas Carlos, has descubierto algo interesante en el cuarto de juegos de tu tío?
- La verdad es que he visto varias cosas, pero no se que son.
- Comprendo que estés aburrido hijo, pero ya sabes que la desgracia que hemos tenido nos obliga a vivir aquí, no sabemos por cuanto tiempo. Antes esta casa era mas alegre, yo y mi hermano jugabamos mucho y había algunas otras casas por los alrededores, lo que hacia que esto no fuera tan aburrido y solitario. Cada uno de nosotros tenia su cuarto de juegos, pero el mío lo arregle y me desprendí de todos los juguetes, en cuanto fuy un poco mayor, en cambio tu tío dado a que se instalo en el cuarto de arriba, no toco este cuarto y quedo como una especie de museo de juguetes. A veces pienso que esa fue la verdadera intención de tu tío y creo que a mis padres les agradaba la idea; hasta el punto de que me parece que les hubiera gustado que yo me instalara en otra habitación y dejara la mía como una especie de museo.
- Mama, ya se que lo que nos ha ocurrido es muy serio, por ello creo que podré adaptarme bien a este lugar, tan solo lo he visto muy poco, creo que dentro de pocos días descubriré muchas mas cosas, que me permitirán divertirme bastante.
- Puedes estar seguro de ello hijo.

Las palabras de mi madre sonaron en mis oídos como convencionales, aun cuando entonces, yo no tuviera claro ese concepto, sin embargo era capaz de captarlo de una forma muy confusa. Siempre fui un niño razonable, por ello acepte los argumentos de mi madre y estuve de acuerdo con ella en mi valoración de la situación. No sospechaba en aquellos momentos, que las palabras que acababa de pronunciar iban a ser la mayor verdad que yo conocería entonces y quizá también ahora.

Después de cenar no volví al antiguo cuarto de juegos, pero sostuve una animada conversación con mis padres, que no concluyo hasta después de la medianoche, en que mi madre sentencio, que debíamos irnos a dormir.

- Bienvenido Carlos, soy el coronel de Fort Bravo, estos son mis oficiales, el comandante Reno, los capitanes Kim y Roger, los tenientes Martin, Espentor, Azubia y Trazancor. Ellos son mis oficiales y nos ponemos a tu disposición para ejecutar cuantos juegos tu desees.
- Pero vosotros sois soldaditos de plástico, no podéis hablarme.
- ¡Ja ja ja ja ja! ¿Entonces por que te hablamos?
- No lo sé.
- Te contare un secreto, que nadie excepto tu tío conoce.
- ¡Nadie mas que mi tío!
- Bueno lo conocían también tus abuelos, por ello dejaron aquel cuarto, pero ellos ya sabes que murieron y con ellos el secreto que vas a conocer.
- ¿Cual es ese secreto?
- Tu tío tenia una portentosa imaginación. Tan portentosa, que a nosotros que somos simples figuritas de plástico, nos dio vida y, en compensación hicimos vivir a tu tío aventuras maravillosas.
- ¿Como pudo daros mi tío vida con su imaginación?
- Porque tu tío era un hombre destinado a cambiar el mundo, pero en los complicados procesos del mundo, se descarto la candidatura de tu tío en favor de otro mas apto, lo que hizo que esas portentosas facultades de tu tío, que debían haber ido desarrollándose a lo largo de su vida adulta carecieran de significado histórico. El resultado fue que tu tío las desarrollo en su infancia. Luego al crecer esas facultades quedaron aquí olvidadas y somos nosotros.
- Y, ¿por que habéis venido a verme?
- Porque tu te pareces a tu tío.
- Lo que significa que al igual que el perderé mis facultades, las cuales quedaran aquí olvidadas.
- Te equivocas Carlos, tu tío abandono esas facultades, porque no le servían de nada, tu las vas a desarrollar por que para ti serán necesarias en la vida adulta.
- ¿Para que me serán necesarias?
- Eso es algo que tu sabrás algún día, es algo que tu descubrirás a través de nuestras aventuras.
- ¿Que aventuras?
- Las que podrás vivir con nosotros.
- ¿Como son dichas aventuras?
- Son aquellas que tu creas mientras juegas con nosotros durante el día y que luego vives con nosotros durante la noche.
- ¿Queréis decir que todo lo que yo imagine y haga durante el día, será hecho realidad por la noche?
- Pero hoy, no he imaginado nada, no he jugado con vosotros, por tanto no ocurrirá nada.
- Te equivocas Carlos, nos has visto, has visto nuestro fuerte y al vernos como los juguetes que usaba tu tío, nos has devuelto la vida, que el nos concedió y que dejo aquí olvidada. Nos has devuelto todas las aventuras, que un día vivimos con tu tío. Si lo deseas podemos vivir esas aventuras y muchas mas, todas las que tu imagines.

El coronel me tendió la mano, la agarre y de pronto me encontré en Fort Bravo. Allí estaban los oficiales del coronel, así como la tropa formada. Vi como el coronel pasaba revista a las tropas. Después de que el coronel  pasara revista a las tropas, se dirigió a mi.

- Estas listo para tu primera aventura.
- ¡Si, coronel!
- Allí esta tu caballo.
- Pero no sé montar
- Súbete, descubrirás que sabes montar.

Todos los soldados montaron en sus caballos, en tanto que yo, lo hice en el mío. Comprobé que sabia montar. Comenzamos a alejarnos lentamente del fuerte. Paso un largo tiempo que sin embargo no fue tedioso, sino divertido, pues a cada paso encontraba plantas, animales y paisajes que me producían la impresión de algo siempre inesperado y maravilloso. De pronto llegamos a una pradera casi desértica y siguiendo la misma marcha poco a poco nos alejamos de todo lo anterior.

De pronto la columna se detuvo, yo mire a mi alrededor y solo vi una pradera desértica e inmensa. Por primera vez sentí temor y un escalofrío me recorrió el cuerpo, ante la desierta inmensidad que me rodeaba. Comprendí que si no fuera por aquellos soldados estaría completamente solo y que poco importaba cuan lejos fuera con mi caballo o cuan deprisa galopara, no tendría forma de salir de aquel lugar. Mire a distancia y vi que el coronel hablaba con sus oficiales, trate de llamar su atención, pero miraba el otra dirección y señalaba con el dedo hacia unas extrañas colinas.

- ¡Listos para marchar hacia las colinas de Cerbero!

La voz del coronel había sonado alta y clara, como si algo importante estuviera a punto de ejecutarse. Vi como el coronel que había alzado el brazo, en el momento de gritar lo bajaba con brusquedad. En ese momento toda la columna se lanzo a un rápido galope, cuando quise darme cuenta, la tropa estaba a una gran distancia y solo se veía una lejana y tenue nube de polvo que se alejaba rápidamente. Mire instintivamente para atrás y vi que unas negras nubes que avanzaban rápidamente envolvían todo en una terrible oscuridad. al mirar al frente vi aun mas lejana la caballería del coronel, me pregunte si mi pequeño caballo seria capaz de correr tanto y de alcanzarlos. A poca distancia de mi vi caer la sombra que se acercaba rápidamente. Me lance al galope en la dirección del coronel. No sabia si podía alcanzarle, no sabia si la sombra que iba tras de mi me atraparía, pero mi única esperanza era que mi caballo fuese mas rápido que el de los jinetes tras los cuales iba.

Capítulo II Las colinas de Cerbero

Durante mucho tiempo creí que aquella carrera no acabaría nunca, pues no lograba acercarme a ellos, de modo que mi desesperación fue en aumento, pero como mi esperanza era el galope de mi pequeño caballo, tan solo pude aferrarme a este galope pues sabia que fuera del mismo nada existía que me permitiera escapar de este desierto. A medida que la luz del día se iba extinguiendo sentí un renovado terror, pues si se hacia de noche no podría distinguir hacia donde iría el coronel con sus soldados y me perdería.

Trate de hacer que mi caballo fuera mas aprisa, pero no conseguía acercarme, antes al contrario, parecía que cuando trataba de forzar mi caballo, los caballos de ellos iban mas aprisa. Otro temor me asalto, sentí que el caballo hacia un gran esfuerzo cuando lo forzaba. Me acorde de aquellas películas en donde los caballos eran forzados y morían reventados. Sobreponiéndome a mi miedo infantil, afloje las riendas y mantuve al caballo a un trote equivalente al que el podría resistir durante un largo tiempo. Me dije a mi mismo que aun cuando cayera la noche, mi única esperanza era mi cabello y que si lo perdía entonces, no podría de ninguna forma volver a encontrar el coronel. Pude percatarme que al aflojar las riendas e ir un galope mas sosegado, ellos hacían lo mismo, pues nuestra distancia aunque grande se mantenía constante. Sin embargo al llegar la noche la nube de polvo se hizo cada vez mas tenue, perdiéndose entre el cada vez mas oscuro paisaje que tenia delante. Hice grandes esfuerzos para tratar de localizarla y de seguirlas, hasta que me di cuenta, de que ya no había ninguna nube delante de mi, que nada era ya distinguible. Poco despues ni tan siquiera veía apenas lo que tenia delante, temí que tropezáramos o cayéramos en algún desnivel, por otro lado ya no podía seguir galopando tras ellos, so pena de perderme. Detuve mi caballo y recordé que había seguido sus huellas, aun cuando no me fijara en las mismas mientras corría en pos de ellos.

Instintivamente me baje del caballo y mire en las alforjas, vi que tenia los materiales para hacer una antorcha y encenderla, tras mirar a mi caballo le hable.

- Me has hecho un gran servicio, voy a encender la antorcha y a seguir a pie las huellas del coronel.

Como si hubiera entendido mis palabras, el caballo sacudió la cabeza y emitió un relincho que a mi me pareció un si. Cuando termine de preparar la antorcha y la encendí, me di cuenta de que la noche se había cerrado completamente. La débil claridad que me había permitido preparar la antorcha fue devorada por la oscuridad. La noche era tan negra, que la oscuridad se podía palpar, sentía la sensación de que me envolvía por completo, que de la misma surgían sombras incorpóreas que se acercaban a mi. Pero mi corazón que latía con fuerza y mi animo excitado, se mantuvieron firmes, mientras yo que parecía sentir hasta el mas leve rumor, avanzaba lentamente con mi caballo y las sombras danzaban alrededor del pequeño circulo de luz que brotaba de mi antorcha. Mi caballo y mi antorcha eran los únicos apoyos en aquel mar de negrura que se prologaba interminable y que presentía terrible, pero seguí caminando ahuyentando los fantasmas con la débil luz que me guiaba.

De pronto vi una fogata y me acerque a la misma despacio, pues a lo largo de mi camino había visto varios desniveles terribles, al llegar a sus proximidades, escuche voces.

- Fijaos el chico nos ha alcanzado, tenia razón el coronel, es tan bueno como su tío.

Me acerque decidido hacia donde estaban los soldados, pero de pronto el coronel y el comandante Reno, salieron a mi encuentro.

- Bienvenido Carlos, veo que has hecho honor a tu tío. Sabia que vendrías.
- Quiere decir que ha sido una prueba.
- Si Carlos. Solo si eras capaz de pasar esta prueba, podías vivir las aventuras de tu tío y aquellas que tu vas a ir creando a lo largo del tiempo que estés en esta casa.

Me quede pensativo, no sabia que contestar al coronel y el alcance de sus palabras se me escapaba, aunque supe que decía la verdad. Me con condujeron hasta una de las fogatas en donde me sirvieron unas deliciosas judías con tocino, que comí con gran deleite. El teniente Trazancor que estaba a mi lado, fue el primero en hablar, cuando ya estaba casi terminando mi comida.

- El coronel me ha encargado que valla mañana a realizar una patrulla de exploración, ¿te apetece venir conmigo Carlos?

Me falto tiempo para contestar con un atropellado si. Tras ello el teniente trazancor me indico el equipo que debía llevar y como prepararlo, poco después el teniente me indico mi tienda, en donde había una colchoneta.

Me desnude ligeramente y me tendí en ella, pensando en las excitantes aventuras del próximo día.

Capítulo III La sorpresa

- Vamos Carlos, ya es hora de levantarse.
- ¡Mama!
- Si, soy yo.

Era tal la sorpresa y el desconcierto que se dibujo en mi rostro al contemplar a mi madre y darme cuenta de que estaba en mi cama, que esta reacciono de forma mucho mas sorprendida que yo mismo. La situación era tan absurda para mi madre y tan sorprendente para mi, que me creía descansando al pie de las colinas de Cerbero, que se produjo una situación de mutuo extrañamiento, en donde con mirada huidiza cada uno de nosotros, trato instintivamente de situarse y de saber que se debía hacer. En mi caso yo tenia un conocimiento de mi sorpresa e intuía que la sorpresa de mi madre estaba determinada por mi reacción de sorpresa, que mi madre había captado
perfectamente. Pero para mi madre esta reacción no tenia sentido alguno, por ello agobiada por el peso de una situación absurda e inexplicable, trato de deshacerla cuanto antes.

- Levántate, que quiero que me acompañes a familiarizarme con los alrededores....... Date prisa.

Aquellas ultimas palabras, dictadas tras un momento de vacilación por la escasa consistencia de la petición y la sorpresa que intuyo en mi ante la misma, debían cortar cualquier continuación de aquella situación absurda, con
aquel "date prisa".

- Buenos días, papa.
- Buenos días, has dormido bien hijo.
- Si papa. Mama me ha dicho que quiere que la acompañe a conocer los alrededores.
- Me parece muy bien, pero tu madre debe conocer esos alrededores, por tanto no creo que necesite recorrerlos, mas bien pienso que desea que tu los conozcas. Ya que ella tuvo muchos años para conocerlos.
- Sin duda es eso lo que quiso decir mama.
- Eso es precisamente lo que quise decir.
- Bien yo me iré ahora, de forma que si necesitáis algo me llamáis a la fabrica.

Mi padre era ingeniero, su padre fue peón de albañil; el estudio en la Escuela Industrial en donde alcanzo la titulación de Maestro Industrial mientras trabajaba en una fabrica como aprendiz. Después ingreso en la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales y tras terminar los estudios de Ingeniería Técnica, hizo el curso puente convirtiéndose en Ingeniero superior. Su padre fue no solo un obrero interesado por la cultura, sino un militante del
movimiento obrero y mi padre aunque subió en la escala social, jamas fue un trepador, antes al contrario mantuvo los ideales de su padre y logro que yo los comprendiera.

En cuanto a mi madre era hija de una familia de artesanos, que pudieron prosperar gracias al trabajo y el azar, y compraron esta casa de campo en donde crecieron ella y su hermano. Mi tío realizo estudios de economía y se convirtió en un importante hombre de negocios. Nunca se llevo muy bien con mi padre, mi madre o mis abuelos, según me dijeron. Por ello nos veíamos poco. Esta casa la heredo mi madre de mis abuelos, ya que mi tío por su saneada economía renuncio a ella. Pero nunca nos pasamos por aquí, hasta que la necesidad nos obligo, quizá debido a que mi madre quedo profundamente impresionada por la muerte de sus padres en el accidente en
que perdieron la vida y, a que esta casa estuviera llena de recuerdos sobre la feliz infancia, que ella y su hermano pasaron aquí en compañía de sus padres.

- Este es el bosque en donde jugamos tu tío y yo.
- Esta cerca las colinas de Cerbero mama.
- Allí en aquella zona, en donde se ve aquel claro, con aquellas elevaciones, esta lo que tu tío llamaba las colinas de Cerbero.
- Sabes me gusta mucho este lugar.
- A mi también, siempre conserve el recuerdo de este lugar y siempre volvía al mismo antes de la muerte de tus abuelos.
- ¿Que es aquella torre lejana, que hay sobre aquel monte?
- Tu tío decía que era la morada del malvado mago Fristo, el cual era necesario combatir. Mas hacia allá están la Tierra de los indios, en tanto que hacia allí, en aquel montículo donde se ven los últimos restos de una antigua
fortaleza, mi hermano situaba a Fort Bravo, bajo el mando de su amigo el coronel.
- Háblame de los soldaditos de plástico de mi tío.
- Por medio de ellos, el creaba verdaderas aventuras, realidades maravillosas, algo mas que lo que nos cuentan las famosas películas del Oeste. Para el los indios seguían viviendo en estos lugares, era tan hermoso participar en sus aventuras que yo abandonaba mis juegos y me sumaba a los de él.
- ¿Por que dejasteis de jugar a los soldaditos de plástico?
- Tu tío era seis años mayor que yo, sus juegos maravillosos duraron hasta los catorce años. Un día aquello cambio, se enfrento con la dura realidad de la vida, sin que aparentemente ocurriera nada. Nuestros juegos, yo y mis
padres dejamos de ser el mundo real, aquel en el que el debería vivir y que debería cambiar y frente al cual de nada servían nuestras inútiles y maravillosas fantasías. Sin que nadie sepa porque se distancio de nosotros y
solo cuando conocí a tu padre tuve la sensación de recuperar una parte de aquello que había perdido. Tu padre se parece bastante a tu tío, pero a diferencia de el no perdió aquello que la mayoría de los adultos pierden
cuando se hacen mayores, por ello le amo y por ello se que jamas dejara de ser ese adulto verdadero que todos perdemos al separarnos de la infancia y que nadie logra recuperar, pues no se puede ser verdaderamente hombre o mujer sin hacer que el niño crezca y que el adulto asuma la infancia del niño. Espero que cuando crezcas seas como tu padre y no te pierdas en el camino, como le paso a mi hermano.
- Cuando mi tío jugaba a los soldados, se traía el fuerte y los soldados fuera, o lo hacia en su cuarto.
- Si hacia buen día jugábamos al Sol, por otra parte comíamos a menudo en el campo, de forma que según el escenario así imaginábamos la aventura. Otras veces lo hacíamos en el cuarto de juegos de tu tío.

Después de pasar un día en el campo regresamos a casa. Mientras mi madre redactaba libros universitarios de matemáticas y seguía sus investigaciones en ese campo, yo me dirigí al cuarto de juegos de mi tío, para
jugar con los soldados y hacerme una idea del escenario, de forma que distribuí a los soldados y a los indios sobre la habitación. Poco después venia mi madre para que fuera a merendar. Merendamos juntos y pude contemplar la serie de complicadas formulas matemáticas que había sobre su mesa. Solo entonces me di cuenta, de que mi madre poseía una cultura y una imaginación tan extensa como mi padre, que ejercía un trabajo tan importante como este y que gracias a que podía ejercerlo en casa, debido a que estaba doctorada en matemáticas, podía yo disfrutar de su compañía y tener además una persona capaz de responder a todas mis curiosidades y preguntas, así como de compartir todos los momentos de mi infancia.

- ¡Viene papa!
- Nos levantamos y salimos alborozados al encuentro de aquel hombre que para ambos era la encarnación de algo, que por primera vez compartíamos.
- Hola, que tal vuestra nuevo día en esta nueva casa.
- ¡Maravilloso!

Tal fue la expresión unánime de ambos. Mi padre nos miro, midiendo la expresión de nuestros semblantes, recordó nuestro estado de animo de los días anteriores y sus palabras fueron el reflejo de que había comprendido lo que decíamos.
- Esta es vuestra casa, aquí has reencontrado tu infancia y tus felices recuerdos, en tanto que la sombra del pasado ya no perturba la dicha que se respira este lugar, mientras que tu has descubierto a una madre que se ha hecho mujer sin matar a la niña que un día fue.

Si la alegría fue desbordante cuando un instante antes nos encontramos con mi padre, ahora el beso y el abrazo con que respondimos mi madre y yo, fue como si anudáramos lazos irrompibles en torno a aquel hombre.

- ¿Que tal te ha ido a ti papa?
- Como siempre, lo cierto es que afortunadamente nos mantenemos y como somos una cooperativa no estamos al servicio de buitres que midan a la décima la tasa de ganancia.

Aquella noche al acostarme sentí y palpe el cariño de mis padres al arrullarme en mi cama, así como percibí mientras se alejaban el amor, la madurez y la sinceridad de aquella pareja, a la que sabia que habría amado, aun cuando no fuesen mis padres.

Capítulo III
La nueva historia del Oeste

- Vamos Carlos, ya es la hora tienes que salir de patrulla con el teniente trazancor.
- ¿Quien eres tu?
- Soy el soldado Ringo, trompeta del regimiento y voy a acompañar al teniente trazancor en la misión. Veo que tu equipo esta listo, vamos a salir dentro de muy poco.

Comprendí, que continuaba la aventura con los soldados de plástico, así que me levante aprisa, pues después de un día maravilloso con mis padres, me sentía fascinado por vivir una aventura maravillosa en el Oeste, con los soldados de mi amigo el coronel.

- Buenos días Carlos.
- Buenos días teniente.
- Acércate -dijo el coronel-, aquí esta tu desayuno.
- Has pasado una buena noche.
- Si coronel, he pasado una buena noche.
- Me alegro, la aventura que os espera exige haber dormido bien. Vais a atravesar las colinas de Cerbero y avanzareis hasta las verdes praderas, al objeto de que averigües la ruta de los búfalos y lleguéis al valle de los Tramperos.

Tras el desayuno montamos a caballo y a una orden del teniente trazancor iniciamos la marcha. Poco después llegamos a las colinas, comenzamos a subir y al llegar a la cima de las mismas, un maravilloso paisaje se alzo ante mis ojos. Jamas había visto nada tan increíble, pues los bosques y montes de los parajes que rodeaban mi casa me parecieron pequeños e insignificantes ante la majestuosa grandeza de aquella naturaleza que se manifestaba ante mis ojos y que iba mas allá de todo lo que mi vista podía alcanzar y de lo que mi imaginación podía concebir.

- Esta es la Tierra de los búfalos y de las verdes praderas, siente la tierra bajo tus pies y el cielo sobre tu cabeza, mientras los limites de tu imaginación se materializan a cada paso. Por estas praderas cabalgo conmigo tu tío muchas veces. El las ha olvidado, pero se que tu no las olvidaras jamas.

Descendimos hacia el valle donde pastaba una manada de caballos salvajes; mientras cabalgábamos vi a lo lejos un rebaño de bisontes que cruzaba la pradera mientras los indios se dedicaban a la caza de los mismos. Nosotros continuamos en otra dirección, por lo que supuse que el teniente no tenia intención de ir hacia donde estaban los bisontes y tenia la misión de evitar a los indios.

- Teniente, si no me equivoco teníamos que averiguar la ruta de los búfalos e ir al Valle de los tramperos.
- Así es Carlos, esa es nuestra misión.
- Pero entonces nos alejamos de los búfalos que hemos visto.
- Esos búfalos son uno de los primeros rebaños que han llegado, lo que nos interesa no son los rebaños que llegan al valle, sino la ruta que siguen los mismos.
- ¿Que haremos en el Valle de los Tramperos?
- Después de averiguar cual es la ruta que siguen este año los búfalos, deberemos ir al Valle de los Tramperos para establecer las cuotas de caza asignadas y evaluar la estrategia de caza a seguir. Esta es una de las mas  importante misiones del ejercito, ya que gracias a ello se preserva la caza y se evitan rivalidades inútiles, al tiempo que se mantiene la paz y la buena armonía entre todos los habitantes del Valle. El Valle de los Tramperos es un pequeño valle que existe dentro de este gran valle.

Seguimos por una ruta bordeada de arboles, mientras los cascos de nuestros caballos pisaban la blanda hierba y diversos arroyos discurrían caudalosos y próximos. De pronto a lo lejos divisamos un grupo de jinetes, que se acercaron al galope. Al aproximarse pude ver que eran indios, inmediatamente pense que íbamos a entrar en combate, instintivamente toque las armas de mi equipo y trate de hacerme a la idea de que iba a tener que luchar por mi vida y mi cabellera frente a feroces indios salvajes.

- Mano Amarilla, Caballo Loco y Toro Sentado vienen a darnos la bienvenida.
- Pero teniente esos indios son los mayores enemigos de la caballería, como pueden venir a darnos la bienvenida.
- Carlos esto no es lo que fue, sino lo que debió haber sido. Recuerda que tu tío, tenia la misión de cambiar el mundo, por ello pudo dar la vida a sus soldados de plástico por medio de su imaginación y hacer que lo que debió haber sido llegase a ser.
- Bienvenidos os saludo en nombre del coronel.
- Nosotros también te saludamos -dijo Toro sentado, que se fijo en Carlos-.
- No es necesario que nos presentes, sabemos quien es -dijo Mano Amarilla.
- Yo Caballo Loco, cabalgue muchas veces con tu tío y hablamos de muchas cosas.
- ¿De que cosas hablabais Caballo Loco?
- De todo lo que hay sobre la Tierra y bajo el cielo.

Mientras Caballo Loco hablaba me fije en el, en los jefes indios y en cuantos les acompañaban, recordé al coronel y a sus oficiales, me fije en Trazancor y en los soldados de la patrulla y vi que cada uno de ellos poseía algo, que solo da la limpia grandeza de un hombre, cuando se hace adulto sin dejar morir la raiz infantil de donde brota lo que es verdadero, cuando el hombre en lugar de asesinar al niño que lleva dentro lo convierte en adulto. Entonces supe cual era la terrible falta de mi tío.

- Caballo Loco habla en nombre de sus hermanos y quiere invitar a sus amigos Carlos, el teniente Trazancor y su patrulla al poblado de los Siux.

Tanto yo como Trazancor asentimos con la cabeza y fuimos entonces hacia el poblado indio, que ocupaba una inmensa llanura. Allí se habían reunido todas las tribus de la nación Siux, para celebrar la llegada del búfalo y tomar aquello que ellos necesitaban y que el Gran Espíritu de la Naturaleza les ofrecía, en esta estación gozosa.

Al llegar al poblado vimos a muchos hombres, así como a una gran cantidad de mujeres y niños que nos saludaban amistosamente. Me parecieron mas libres, mas bellos y mas altivos que me habían parecido nunca aquellos seres humanos, en todas las películas que había visto, así como en todas las historias que había leído. Podría hablar de la sabiduría y rectitud de los grandes jefes, de la majestuosa dignidad de su mujeres, de la alegría incontenible y contagiosa de sus niños, de los que muchas veces fui compañero de juego, de la serenidad y fortaleza interior de aquellos hombres, del profundo conocimiento de la naturaleza que tenían todos, así como de la incuestionable sabiduría de sus hechiceros, de las infinitas aventuras que corrí a lo largo de aquellas tierras, pero todo ello seria un mosaico de emociones que no dirían demasiado sobre aquel mundo desconocido que abrieron para mi los soldados de plástico de mi tío. Sin embargo si que voy a hablar de la conversación que tuve con el mas sabio de los sabios.

- Carlos es la primera vez que yo Zorro Rojo hablo contigo, en muchos aspectos eres como tu tío, pero posees algo que el no llego a alcanzar. El niño posee imaginación y poder para penetrar mas allá de los condicionamientos que limitan a los mayores, pero esta es una sabiduría emocional que se pierde con el paso de los años, frágil como una mirada, que muere con un suave parpadeo y tras la cual solo queda ya otra mirada y no a la anterior, que murió con el parpadeo que dio nacimiento a la nueva. Sin embargo tu posees la sabiduría del hombre que asume la totalidad de su existencia en tu limpia conciencia de niño. Se que muchos a lo largo de tu existencia trataran por diferentes medios de destruir ese tesoro que muy pocos poseen, pero también se que el niño que eres jamas morirá, sino que
tan solo se hará adulto. ¿Has iodo hablar de Peter Pan?
- Si, creo que es un cuento.
- Es mucho peor que eso, es el asesinato de la potencia humana que contiene el niño, en el momento de hacerse adulto.
- No lo entiendo Zorro Rojo.
- Los niños que no quieren crecer y que van al País de Nunca Jamas, aquellos a quienes se llama los niños perdidos, son los niños desterrados por aquellos hombres y mujeres, para los cuales hacerse adultos es asesinar la
potencia humana que el niño representa. Ese es el País de Nunca Jamas, donde la flor de la conciencia humana vegeta tras ser asesinada y perdida por quienes un día la poseyeron.
- ¿Es este el País de Nunca Jamas?
- Si este es el País de Nunca Jamas, aquel donde quedo olvidado aquello que un día fue tu tío.
- Zorro Rojo, muchas veces he venido al País de nunca Jamas, he jugado y me he divertido, he hablado con mis padres y siempre he obtenido su comprensión, por ello quiero acerté una pregunta.
- Habla Carlos.
- Nuestra conversación es distinta de otras muchas que hemos tenido, al mismo tiempo no noto que mis padres se hayan olvidado algo en el País de Nunca Jamas.
- Es cierto Carlos, esta conversación es distinta, porque el País de Nunca Jamas no existe como tal, eres tu mismo, en cuanto a tus padres jamas dejaron de ser ellos mismos al convertirse en adultos, por ello su esencia humana no se perdió en el País de Nunca Jamas, ellos no pertenecen a los niños perdidos que un día dejaron de ser humanos para convertirse en seudohombres o seudomujeres. Todo el inmenso mundo que los soldados de plástico te han enseñado están en ti y viven en ti. Tu esencia humana es inseparable de ti mismo y no ocurrirá la tragedia de tu tío, que al convertirse en adulto dio nacimiento a un niño perdido e impidió que un niño se convirtiera en hombre. Cuando tu madre se hizo adulta, la niña que ella era se convirtió en mujer, lo mismo paso con tu padre cuyo niño en lugar de perderse se hizo adulto. Yo Zorro Rojo soy tu mismo, soy la sabiduría que has sabido potenciar y que conservaras mientras vivas.

© Joaquín Félix Rodríguez Bassecourt