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El mentor y su pluma

Las caducas hojas tácitamente van trazando las irónicas respuestas de los dilemas que tradicionalmente convergen bajo el efecto de la nicotina, o, a veces, en un alegórico nocturno de Chopin. La mediocre banalidad que conforma cada uno de los compendiosos e irreflexivos actos humanos puede impedir distinguir la belleza, que siempre habitó en este mundo, yerta, inconmovible, a la oportuna espera de una sonrisa, de una poesía.


Preámbulo del alba
"Lo eternamente femenino me eleva"
Fausto, J. von Goethe

Perpleja aquiescencia a la que me sometes
Agridulce miscelánea de oro y barro
Aún en mi confusión decidí intempestivo beber de tus labios
y en la tierna melancolía, inoportuna como el tiempo y el viento,
quebrar la tibia y húmeda frontera, lívidas fronteras de tu pulcritud.

Oigo las cenicientas palabras que inventas en la cadencia de
tu lengua y tu boca, como detrás de una improvisada tímida celosía.
Y como las fulgurantes estrellas del etéreo abismo reverberarán en
mi réproba conciencia para emerger de la nada a la eternidad.


Cuan deleitables fueron

Niña de melancolías nocturnas y de pasadizos oníricos
Me has condenado a mis recuerdos.

Cuan deleitables ante mis ojos fueron tus ojos,
Cuan firmes al principio; titubeantes al encontrar los míos.
Cuan deleitables ante mis ojos fueron tus labios,
imprecisos parecieron suspirar deseos.
Cuan bello tu recogido y sombrío cabello.

Ahora no recuerdo tu terso rostro ni la comprensión bajo tus párpados.
Apenas si tu grácil contorno
Como una ligera sombra bajo la luz de la luna
Como un tenue reflejo en las aguas de tus ojos.
Sólo un efímero destello. Eso recuerdo.

Niña de pasadizos nocturnos y de oníricas melancolías
Me has condenado a mi inútil retrospección, a mi imaginación.

© David Fosque
 
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