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Ceremonia

Porque, después de muchos años
en que el mundo me ha permitido varias experiencias,
lo que más sé, a la larga,
acerca de moral v de las obligaciones de los hombres,
se lo debo al fútbol.
Albert Camus

Los transportes modernísimos, las calles con historia de adoquines, las luces de la noche rutilante, el frío interminable en oposición al verano sofocante de Buenos Aires, la Gran Ciudad de una civilización latina de dulce idioma lo marean. Nunca había salido de la Argentina y de pronto la segunda ciudad más grande de Francia, el puerto comercial ante su cuerpo sin chapa y una nueva liga. Es simplemente un muchacho alto que llegó del sur del Gran Buenos Aires sin escalas desde el predio de Guillón a París. ¿Podrá hacer amigos en un país del que desconoce su cultura, su misma lengua? Es inevitable que sienta angustia ante la distancia de lo que ama pero quiere triunfar y esta es una instancia.

La ciudad de los Beatles −que floreció por el comercio de esclavos− impregnada del patrimonio marítimo, de música pop que definió una época, de obras de arte que resignifican la nación , de edificios singulares, lo encandiló cuando pisó tierra. Había emigrado de la Argentina para jugar un mundial juvenil pero esto es distinto porque ahora se tiene que quedar. Lo compraron porque dicen que es bueno, muy joven y con futuro, es decir, futuro exitoso porque la expresión implica ya que de alguien de quien se dice que tiene futuro no es precisamente nefasto. También sabe que el obstáculo para sentir felicidad plena es que Banfield está muy lejos. ¿Dejará de sentir soledad? ¿Se acostumbrará a esta nueva vida? El augurio del fututo exitoso lo condena al triunfo.

Al noroeste de la Península Ibérica, la París española, orgullosa de la identidad nacional y diferenciada por una lengua minoritaria, abierta al mundo, lo recibió con brazos extensos. Compatriotas y el español como lengua oficial lo esperaban gozosos como la promesa del mediocampo. Un diez diferente reflejado en su cabello, sus piernas y su timidez que lo condicionan y habilitan a la desfachatez. ¡Soledad incalculable por la distancia que se confunde con el tiempo! Sin embargo su mente lo acerca a la realidad.

Se ponen de acuerdo para no permitir que la memoria los traicione, para darse fuerza, para no olvidar de dónde vienen y quiénes son. Vienen de un país que en sus años dorados fue el granero del mundo y ellos son parte de lo mismo. Cuando dos de ellos se encuentran en la autopista, se sonríen avergonzados al verse en sendos autos lujosos, como si sus cuerpos no encajaran o se contradijera el lujo y la historia personal. Al llegar a Marsella, el punto de encuentro, las primeras cargadas:

Mirá el autazo que tenés.
Bueh, mirá quién habla.
Andá, negrito, que te hacés.
Pasen, che.

El departamento es amplio, de techos altos, el espacio bien distribuido, una vista abierta a varias islas entre las que se encuentra la isla de If que rememora el castillo de Dumas; muebles y adornos kitsch del que se destaca un alhajero con horribles caracoles de diversos tamaños pegados con cola transparente.

¿Quién fue el último que llegó a Europa?
Yo.
Bueno, entonces, yo pongo el agua y vos cebás.
No, no vale.
Ni siquiera sos el más joven, así que calláte.
¡Qué tiene que ver!
Amargo, eh.
Amargo.

Entre mates amargos dan comienzo a la ceremonia: recuerdan al maestro porque para lo que están viviendo es imprescindible.

Descendiente de aborígenes, austríacos y ucranianos, mixtura muy argentina, nunca jugó en Europa −ni del Este ni del Oeste− ni sabía que cuando él nacía en Valentín Alsina los jóvenes parisinos sostenían vehementemente que debajo de los adoquines estaba la playa. Los vecinos se reían por el grito estridente y suplicante con el que en la esquina el chico de ocho años alumbraba la acera intentando vender diarios. Luego pan, alimento esencial vinculado con la fuerza, la seguridad, el perdón… tan vinculado con él… Mientras tanto acompañaba a su padre a canchas difíciles del ascenso. Con un padre deportista, ¡cómo no serlo! La mirada del joven entrenador del club 6 de enero vislumbró que tenía un futuro símil. Llegó a Independiente en prenovena por donde pasaron diferentes técnicos. De Independiente a préstamo a La Plata, a Estudiantes, pero una lesión lo dejó a un lado. Cuando volvió a Avellaneda lo dejaron libre sin embargo no quiso hacer juicio porque sabía distinguir la antinomia dirigentes y club.

¿Estás finoli ahora?
Sí, ¡cómo vas a limpiar la bombilla!
Es que acá si no la limpiás no toma nadie y terminé acostumbrándome. Uno se acostumbra a todo.
Si te viera…

Se quería casar virgen por convicción. La juventud y la falta de estabilidad económica fue el obstáculo para que no los dejaran. Entonces, la estrategia fue Daiana. Y así llegaron, tiempo después, Carla, Denise, Carlitos y Brian, comprobación de la felicidad marital. Se fue al ascenso: Chacarita y luego, Banfield. ¡Cómo aprendió! El entrenador que lo pidió desde el Sur enseñaba más que fútbol. Cada veinte días tenían que leer un libro y después, examen. ¿Qué quería enseñar? Rufini lo recuerda bien porque no le gustaba –o le costaba− leer por lo que sus compañeros le contaban los argumentos hasta que quedó en evidencia: le contaron un argumento diferente y el grupo coronó con carcajadas el vínculo generado.

¿Cómo era lo que decía del respeto?
−“Vivir en sociedad nos hace reflexionar sobre el valor del respeto, pero con éste viene la diferencia de ideas y la tolerancia.”
−“El que está en primera desde hace más de 10 años merece el respeto de todos. Tener un celular nuevo y caro no nos hace mejores…”
−“Hablar de respeto es hablar de los demás, es establecer hasta dónde llegan las posibilidades de hacer o no hacer, y dónde comienzan las posibilidades de los demás. El respeto es la base de toda convivencia en sociedad.”

Papeles amarillos esgrimen ante sus hijos los logros deportivos como jugador que ya nadie recuerda: goleador en Chaca y en el Taladro.

−“Lo que queda es otra cosa. La estadística no es más que eso, estadística.”
−“Equipo significa solidaridad.”

Tras muchas lesiones y diecisiete operaciones se retiró. En Banfield estaba todo ocupado. Necesitaba desprenderse del jugador por lo que tuvo que inventar un trabajo para chicos de inferiores. Sabía que la carrera del futbolista era corta, no obstante el amor al juego no le permitió alejarse del fútbol. Un trabajo por las tardes, ejercicios repetitivos, técnica: patear con derecha, con izquierda, pelotear al arquero, definir, tenis-fútbol sólo con la pierna izquierda o con la cabeza. Los chicos de la pensión se divertían. Pero también iban otros, hasta coreanos que no sabían pegarle con ninguna pierna. Todos podían ir a jugar con él. Los chicos se divertían… se divertían…

Cambiále la yerba.
Che, ¿tus viejos?
No…. Mi hermano vino hace dos meses, ¿te acordás que te conté?
Ups.
Dale, cambiále la yerba.
Tengo un compañero que viene al entrenamiento con la cuatro por cuatro, anteojos negros, celular en la cintura y cara de langa que si lo viera él, le bajaría los humos en tres segundos.

Y llegó a la tercera con la Virgen de Luján (y todas las demás para que no se pusieran celosas), San Expedito, el santo de las causas urgentes, el santo de Malvinas… (Solía regalar una Virgen de acrílico a los que pudieran apreciarlo. ¡Qué mejor regalo que las bendiciones del que tiene fe!). Por primera vez, en una historia de más de un siglo, su equipo de adolescentes del Sur logró el campeonato. Adolescentes que aprendían fútbol y a ser persona.

Yo fui dos o tres veces a la tarde. Lo conocí realmente cuando tomó la tercera.
¿Cuántos puntos fueron de diferencia?
Diecisiete.
Sí, pero como por la Copa tuvimos que jugar en primera, terminaron siendo menos.
¿Te acordás cómo estaba?
Así llegó a dirigir la primera. ¡Qué responsabilidad!
−“Si los resultados son adversos, te vas.”
−“Si me voy, no vuelvo a la reserva.”
¡Cómo iba a volver a la reserva!
¿Te acordás? “Si se buscan buenos jugadores…
−…se venden, además, buenas personas.”
Para enseñar a ser persona, hay que serlo…
−“Todos somos uno más, así funciona un equipo.”
−“Banfield va a quedar bien en cualquier lado. Es mi sueño, ver un Banfield millonario, que ya no viva de prestado.”
−“Las cosas feas del fútbol hay que minimizarlas, no prestarle demasiada atención.”
Acá las cosas son más difíciles de lo que él imagina.
Sabe, sabe. Por eso tanta palabra… y cargada de lo esencial…

Conocer la historia del maestro los ayuda. Ahora es el momento de aplicar, que la teoría se lleve a la práctica. Los unifica el haber tenido al maestro para poder ahora SER a la distancia.

Che, ¿él sabe que nos vemos?
Sí, yo lo llamo seguido.
Uy, yo no lo llamo nunca.
Llamálo, lo vas a poner contento.
Sí, es cierto.
Si no fuera por él…
Es cierto.

Banfield está quedando bien en Europa, en los países del Centro, de la mano del joven maestro con sus primeros hijos deportivos. La memoria es un don que jamás hay que subestimar.

 

© Daniel Varela
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