Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Yo soy el asesino

 "Yo soy el asesino. Mi nombre es Marcos Despra y esta es mi dirección. Usted tiene que averiguar quien es la víctima. Claro que puede no hacer nada, pero al ver los titulares de los diarios de mañana se dará cuenta que podría haberlo evitado y tendrá que vivir con eso para el resto de su vida".

Este fue el mensaje que encontré en la casilla de correo al levantarme esa mañana. Mi primer pensamiento era que se trataba de una broma pero, y si era cierto...

Casi sin pensarlo, sin darle mucha importancia, como un juego, empecé a averiguar. Me dirigí a su casa y al llegar al pórtico estuve a punto de dar media vuelta pero de pronto la puerta se abrió.

-Perdón, acá vive el señor Marcos Despra.
-Si, es mi esposo – me contesto una señora de unos sesenta años – . Pero él esta en la universidad en estos momentos, ¿Desea dejarle un mensaje?.

Me parecía una situación totalmente surrealista ¿Qué le podía decir a esa mujer? Por otra parte debía sacar la máxima información posible sin que me echara a patadas.

-No, solo quería hacerle unas consultas – me costaba improvisar sobre la marcha – . ¿Todavía da clase en el mismo lugar?
-Si, en la cátedra de filosofía – comenzó a mirarme con dudas – . ¿Usted quién es?
-Un ex-alumno suyo – le di la mano como para despedirme y luego de una pausa, como si estuviera dudando en preguntar, le dije – . Disculpe mi atrevimiento, pero ¿Me comentaron que andaba un poco mal últimamente?
-¿En qué sentido?
-No sé, como deprimido
-Para nada, está como siempre, si usted ya lo conoce sabe como es – la mujer comenzó a mirarme en forma extraña - Si me permite, estoy un poco apurada.
-Sí claro, muchas gracias.

Sé que debí interrogar mucho más, pero claro yo no soy un experto en el tema, además creo que dejé esa conversación porque aún no entendía que estaba haciendo. Subí al auto dispuesto a volver a mi casa y aprovechar ese sábado para descansar, que buena falta me hacía, pero de golpe estaba estacionando en la universidad.

Me dirigí al departamento de filosofía y pregunté a una secretaria por el profesor.

-Él no vino el día de hoy, aviso ayer que los exámenes a los alumnos se los tomara el ayudante de cátedra.
-¿Podría hablar con él?
-Por supuesto, está en aquella aula.

Esperé que terminara el examen y cuando salía lo interrumpí.

-Discúlpeme pero soy un amigo del profesor Marcos y quería ubicarlo.
-Hoy falto.
-Recién vengo de la casa y tampoco estaba, ¿No sabe dónde puedo encontrarlo?
-Ni idea, me dijo que tenía algo importante que hacer, pero nada más.
-La pregunta te va a parecer extraña pero... ¿Notaste algo raro en él últimamente?

Me miro desconcertado y luego de preguntarme de nuevo quien era me respondió.

-Está como siempre, refunfuñando, quejándose de los chicos de ahora que no estudian, no sé.

La conversación siguió un poco más pero no pude sacar ningún dato de interés.

Llegué a mi casa y ahora sí dispuesto a dejarlo todo, pero mi mente seguía pensando. ¿Qué sabía hasta ahora? Donde vivía, a que se dedicaba, que era casado, nada extraño en su actividad y punto. Pero ¿Por qué una persona normal decide matar?¿ Por qué envía un mensaje? ¿Cuál es el motivo? Y lo más importante ¿A quién?. Las respuestas eran innumerables y los caminos a seguir aún más, me encontraba en un callejón sin salida y no sabía como seguir.

Me fijé de nuevo en el mensaje, ¿Qué conclusiones podía sacar? Escribía que saldría mañana en el diario por lo que ¡Mierda, el asesinato sería hoy!

Por otra parte, si iba a salir en el periódico ya mañana, cabrían dos posibilidades: o el homicidio sería en algún lugar que hallarían el cadáver rápidamente o la víctima sería alguien conocido. Era evidente que tenía que indagar más sobre la víctima, por lo que averigüé el teléfono en la guía y llamé de nuevo a la esposa.

Le comenté que era del centro de alumnos y que le habíamos hecho una entrevista, que nos faltaba algunos datos

-¿Hijos?
-No
-¿Su mejor amigo?
-El doctor Batista, inseparable desde hace muchos años.
-¿Me podría decir como ubicarlo?

Me dio el teléfono

-¿Enemigos?
-¿Qué clase de pregunta es esa?
-Usted sabe señora. "Dime quienes son tus enemigos y te diré quien eres".

Intenté hacerme el simpático pero no dio resultado, continué con más preguntas que me dieron una idea de cómo era Marcos Despra, pero no pude sacar nada en claro.

-Una última pregunta señora, ¿Tengo alguna forma de comunicarme con él ahora?
-No sé dónde estará, pero le doy el número del celular.
-Muchas gracias, si no es molestia nos faltaría una foto del profesor, ¿Puede pasar un mensajero a buscarla?

Marque el número del celular, dispuesto a terminar de una vez con esto, pero me dio apagado. Acto seguido llamé al doctor Batista con la misma mentira que usé con su esposa. Por suerte el doctor se mostró mucho más abierto al dialogo y muy dispuesto a colaborar con un meritorio homenaje a su gran amigo.

-Doctor, una pregunta para conocer un poco más sobre la personalidad del profesor ¿ Qué cosas le enfadan?

-Bueno, ustedes saben, él es un gran pensador, demasiado para mi gusto – comentó entre risas –. Le molesta mucho la ineptitud de ciertas personas de la universidad. Eso le irrita tanto como los políticos corruptos que acabaran con este país. Nuestras grandes discusiones pasan principalmente por esos temas. Es muy intolerante con estas clases de personas.

-¿Alguna en particular?
-Por favor, no pienso dar nombres.
-Esta bien, solo una cosa... Puede llegar a enojarse tanto con algunos de sus adversarios como para causarle daño.
-A veces se enoja tanto que temo que le dé un infarto, está más cerca de provocarse daño, que de lastimar a otra persona, en fin creo que somos teóricos de café. Muchas veces hemos charlado sobre dejar de teorizar y actuar, sobretodo en otra época – se tomó una pausa y luego acotó – . En fin... A esta altura ya es tarde, quizás tendríamos que haber tomado más contacto con la realidad

Decidí darme una ducha para resfrescarme y pensar un poco. El profesor daba con el perfil de una persona mayor, con una vida respetable, una persona de fuertes ideales. Podía llegar a tener enemigos, pero no se si alguien a destacar como para quererlo asesinar. ¿Y si tenía una especie de doble vida, o una amante, o alguien lo estaba extorsionando? La cuestión era que ya faltaba poco para el mediodía y aun no había averiguado nada.

Sonó el timbre de la puerta. Era el mensajero que envié por la foto. El profesor tenía aspecto de una persona mayor, canoso, con barba blanca en candado, anteojos redondos, pero con buen estado físico para sus 63 años.

Tomé el teléfono y llamé de nuevo al celular. Sonó el tono varias veces y cuando estaba por cortar, me responde una voz.

-¡Hola!
-¿El profesor Despra?
-Si, ¿Quién habla?
-La persona a la que usted hoy le dejó un mensaje.

Hubo un largo silencio del otro lado de la línea.

-Veo que le dio importancia al asunto
-¿Qué es lo que está pasando profesor?
-Lo que le escribí... voy a matar a alguien
-¿Por qué? ¿A quién?
-Ese es su trabajo, eso es lo que tiene que investigar.
-Profesor... ¿Es un juego o qué?
-Le sugiero que se lo tome bien enserio – se tomo una larga pausa antes de proseguir –. Quizás usted evite que asesine y a su vez me haga un favor, o quizás yo lo logre y me perjudique. Pero en ese caso le habré hecho un gran favor a la humanidad. ¿Quién sabe las respuestas?
-No entiendo nada de lo que esta pasando, usted parece una persona respetable. ¿Por qué va a tomar esa decisión?
-Lo siento, no puedo seguir hablando. Yo que usted pensaría rápido, le queda muy poco tiempo.
-Escuché... voy a llamar a la policía.
-¡Por favor! ¿Qué les va a decir? Este hombre es un asesino que todavía no cometió ningún crimen. ¿A la policía de acá?
-Recuerde que no existe el crimen perfecto
-¿Crimen perfecto? – La risa sonó en mis oídos de modo que tube que alejar el tubo – . En este país son todos crímenes perfectos. ¿O acaso alguna vez se encuentra al asesino?. Acá el desafío sería realizar un crimen tan imperfecto, de modo que a uno lo descubran.

Y me colgó. Intente llamar de nuevo, pero el teléfono daba apagado. ¿ Qué había averiguado de esa conversación? Evidentemente iba a matar a alguien importante si pensaba hacer un favor a la humanidad. Inconscientemente o no tanto, me había dado pistas importantes, es más, hasta daba la impresión que quería que yo lo evitara.

¿Alguien importante? De pronto me quede helado, se me había ocurrido una idea. ¿Podiá ser posible? Tomé el periódico y busqué en los titulares: "El candidato por la gobernación visita hoy la ciudad".

¿Qué posibilidades remotas había de que estuviera en lo cierto? Y si era una teoría totalmente errada ¿Cómo se puede acertar a quién va a matar una persona, en que lugar y de que modo en menos de veinticuatro horas?. Pero lo peor de todo, era que por muy remota que fuera la posibilidad, podía llegar a salvar a esa persona.

El tema era una lotería, no me quedaba tiempo ni se me ocurría otra víctima. Por lo que asumí que el profesor mataría a ese político. Si acertaba, tenia una posibilidad de salvarlo, era mejor que no hacer nada. Paso siguiente comencé a evaluar cual sería el lugar más apropiado. El candidato daría una conferencia en un hotel céntrico y luego inauguraría un conjunto de viviendas. Bien, debía elegir una de los dos. Despra me había dicho que había muy poco tiempo, y la conferencia sería en cuarenta y cinco minutos. Sin pensarlo más me dirigí hacia allá.

Me subí al auto y comencé a manejar hacia el lugar, si lo pensaba matar al ingresar llegaría tarde. Como pasa siempre el tráfico estaba terrible y todos los cacharros se ponían delante. Estaba a cinco cuadras, cuando escucho por la radio que el candidato estaba entrando en el hotel. Contuve la respiración esperando lo peor, pero no hubo ningún incidente.

Estacioné el auto y fui hacia la entrada. Me paró alguno de seguridad pero lo pude evitar diciéndole que me alojaba en el hotel. Por suerte mi imagen de joven ejecutivo incapaz de matar una mosca, me ayudo esa vez como en otras oportunidades. Me acerqué lentamente hasta el salón donde se daría la charla, y para mi sorpresa nadie me detuvo. Ya estaba en la puerta y el policía se encontraba discutiendo no sé que cosa con otro agente, cuando veo que se acercan un grupo de cuatro personas. Me coloco detrás de ellos e ingreso a la sala sin llamar la atención. La conferencia era abierta al publico o a ¡Cierto tipo de publico!, Por lo que los controles no eran tan estrictos, claro que eso también beneficiaría a Marcos Despra si fuera a cometer el asesinato en ese lugar.

Comencé a observar por todas las filas de asientos. Esto se estaba haciendo más difícil de lo que pensaba, ya que me había parecido ver a cuatro o cinco personas similares al profesor.

De pronto las luces de la sala se apagaron y el candidato apareció junto con dos hombres en el escenario.

El corazón se me salía por la boca, tenía las manos empapadas de sudor, miraba entre penumbras las personas sospechosas. Uno de los señores se acercó al micrófono y comenzó a presentar al político, yo permanecía parado en el fondo, tratando de observar a todos. Me empecé a sentir mal, me faltaba el aire. Escucho aplausos que me sobresaltan y veo al candidato que se acerca al micrófono. De pronto se me ocurre que quizás él no estuviera en la audiencia, si no oculto en algún lugar. Comienzo a ver hacía otros lugares cuando de reojo veo que alguien empieza a ponerse de pie. Mis piernas se mueven más rápido que mi mente y me abalanzo contra el hombre cayendo ambos al suelo. Estoy a punto de golpearlo cuando me doy cuenta de mi error. El hombre no era el profesor. Me doy vuelta y veo que se acercan corriendo los policías. Todo el auditorio se da vuelta para ver que era lo que pasaba. El político se queda absorto viendo la escena y cuando ya los agentes están por agarrarme, veo tres filas adelante como el profesor se levanta y comienza a sacar un arma. Empujo con todas mis fuerzas al policía que ya me tenía sujeto y subiéndome a la butaca de un asiento vuelo hacia el profesor. Todo pasó en una fracción de segundos, en ningún momento tube un instante para pensar mis actos. Cuando mis manos caen sobre la espalda de Despra alcanzo a oír un disparo y caigo al suelo junto con él. Luego es un montón de imágenes confusas, gente que se abalanza sobre mí, golpes, ruidos y gritos, gente que sale corriendo.

La bala se incrustó en una pared.

Después de eso no recuerdo bien como sucedieron los hechos, tengo imágenes aisladas de policías, periodistas, interrogatorios, el candidato que pide hablar con migo y me felicita, el profesor que es llevado preso. Fueron días totalmente confusos y agotadores. Tengo todos los recuerdos perdidos y nebulosos, como en un sueño.

Días después, cuando me dejan en libertad, logro por fin estar solo y tranquilo en mi departamento. Desen-chufo el teléfono, como algo, me doy una ducha y me voy a dormir sin pensar en nada.

Al mes de estos incidentes, un día, suena el teléfono. Era la esposa de Marcos, él quería tener una charla con migo, me esperaba al otro día en el horario de visitas.

Me estrechó la mano con firmeza y me miró directamente a los ojos.

-¿Cómo le va? – Tomó asiento lentamente –. Le pedí que viniera ya que me supongo, debe estar lleno de interrogantes.
-Así es, todavía no salgo de mi letargo, no entiendo lo que pasó.
-Bien, intentaré explicarle – se lo veía muy cansado y abatido –. Si estuviera en sus manos evitar una catástrofe que mate a muchas personas, con un solo acto suyo. ¿Usted haría ese acto?.
-Sí, pero escu...
-Hay una pregunta clásica que debo realizarle... si usted viajara en el tiempo y se encontrara con Hitler cuando aún era joven. ¿Usted sería capaz de convertirse en un asesino, asumiendo todos los riesgos, para evitar que ese hombre no cometiera el genocidio?
-¿ Qué me quiere decir?
-No importa su respuesta, es una pregunta retórica. Asumamos que muchos tomarían ese desafío, ahora bien, si usted se encontrara con Einstein cuando solo era un empleado. ¿Lo mataría para evitar que estalle la bomba atómica y destruya dos ciudades enteras con mujeres y niños inocentes? La respuesta es muy difícil – se quedo con la mirada perdida por unos segundos –. Yo sé fehacientemente, que ese político que intenté matar será un genocida y producirá la persecución y muerte de miles de personas inocentes. Toda mi vida fui un teórico y nunca me involucré como para evitar el más mínimo acto. Bien, este era el momento de hacerlo a costa de perderlo todo.
-Pero, ¿Cómo sabe usted que ese hombre será un genocida? –. Le pregunté asombrado
-Eso no importa. Puedo estar loco o tener pruebas certeras, puedo conocer sus pensamientos ocultos, aquellos que aún no expresa o hasta pude haber viajado en el tiempo, no tiene la menor importancia. Lo que sí importa es que esta vez no lo iba a permitir. Pero en este punto caemos en la siguiente intriga: ¿ qué derecho tengo yo a intervenir?¿ Me entiende? Veo por su cara que no. Yo puedo matar a ese hombre, pero como sé que ese acto no tendrá consecuencias aún peores. Si yo hubiese matado a Einstein tampoco se hubieran producido grandes adelantos que también sirvieron para salvar a mucha gente. No estaría jugando a Dios. Es aquí cuando interviene usted.
-¿Cómo?
-Una vez que decidí matar a ese hombre, también tomé la decisión de avisarle a alguien que cometería un crimen, de ese modo daba una oportunidad a la historia. La responsabilidad no sería solo mía. Si usted lograba evitar el asesinato, como de hecho sucedió, las cosas seguirían su curso.
-Pero ¿Por qué a mí?
-Azar, puro y simple azar, ese es el punto de todo. Si usted quiere encontrarle una lógica a la vida, si desea una respuesta a todo lo que pasa, la encontrara de ese modo. Todas las cosas se dan por azar, no hay destino ni nada que lo determine. La única lógica para explicar todo es que nada esta determinado, todo es caos.
-Sigo sin entender porque me eligió.
-Le dije, por azar. Tome una dirección de correo electrónico cualquiera y envié el mensaje.

Me costaba entender el pensamiento de ese hombre, era un loco de atar o tenía algún sentido todo lo que me decía.

-Entonces usted no cree que exista un Dios que guía a la humanidad.
-Esa pregunta no la puedo responder, quizás no exista o quizás si, pero nos pudo haber dejados librado a nuestra suerte, o tal vez a muerto, no lo sé. A la conclusión que llego luego de estudiar la historia es que todas las desgracias terribles que han pasado se explican, le repito, porque nada esta determinado, no hay nada que nos dirija o nos cuide. Nosotros somos los únicos responsables de nuestros actos.

Y esa fue la última vez que tube contacto con el profesor de filosofía Marcos Despra.

Hoy a pasado ya mucho tiempo de todo aquello. Como podrán entender mi vida y la forma de ver las cosas ya nunca fueron las mismas. Cada ves que veía a alguien preguntándose porque le había pasado semejante desgracia, resonaban en mis oídos las palabras del profesor.

¿Será que solo somos una pequeña partícula de polvo desplazada de aquí para allá por el viento, sin ningún destino? ¿Será qué tanto las cosas buenas como las malas se dan porque simplemente se pueden dar como que no? ¿Será que la única lógica es el caos?

Claro que si uno admite que esta premisa puede ser cierta se debe sacar inmediatamente otra conclusión: "depende de todos nosotros darle un orden a ese caos indeterminado a lo que todo tiende"

El profesor me hizo responsable a mí también de aquél acto. Hoy ese hombre que en aquel entonces, era un candidato a gobernador, esta a punto de ser elegido presidente.

Ahora sé fehacientemente, yo y muchos otros, de que está a punto de comenzar una sangrienta dictadura. Un montón de hechos me lo confirman. ¿Voy a evitarlo o voy a quedarme de brazos cruzados?

En estos momentos estoy sentado frente a mi computadora enviando un mensaje.

Yo soy el asesino...

© Pablo Curino