Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Mis otoñitos

Me burlo de matiz de esos líricos
que se percatan de que en ellos
el otoño es eterno
y que la floresta verde
sólo creció en su mocedad adolescente

Pero eso no les importa
sólo pernoctan en clavos
de notas farisaicas

En la simpleza de seguir
en la vileza de su egocentrismo
marcado en impureza inmovible

Pero me agradan, son buenas
pizcas de tinta a mi demencia,
que sigan pues son mi cosecha
tempranera de mi primavera
en esta floresta de poesía

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Recuerdos prohibidos en la mano del diablo

Recuerdos prohibidos
en la mano del diablo

Ruiseñor de mañana
Felonía al valle arriero
Floresta insana siniestro
a portento

No es un ruiseñor;
es un buitre que presagia
mal agüero

Después del rigor mortis
de ese cadáver abandonado
de mil calderos de hedor,
putrefacción ajenjo de macabro
hallazgo

De un animal seco grotesco
rasgo tenue prologo al dolor
de vil pesadilla
que sigue en mi agonía
noche tras noche

Al luto de mi musa
bella dama de mis galanteos
puros capullo etéreo de mis
salmos y proverbios

Alejada de mi alma
por la condena de una plaga
muerta en bella plenitud
de juventud sin mancha
carnal

Flor sin deshojarse
mujer sin ser desflorada
intacta virgen pura hembra

Mis condenas  a este amor
incrustados de cadenas
a su esfinge de porte embeleso

Solo amor a ese recuerdo
pero manchado por el juego
del príncipe de los infiernos

Pues la miro en mi lecho
y a cada beso mi piel se desmorona
a la cascada de sentirla desnuda
Bella a ser desposada
en la dicha de las puertas de mil
derrames en la batalla de la
penetración de las almas fundidas

Y sentir ese nacimiento al orgasmo
del ser amado y esperara en ese momento
la mirada arrullada por un suspiro

¡Pero purgatorio en azufre y caldero ardiente!
a quien despose fue un cadáver
muerto en la sacudida de cenizas desgastadas
por él frió espectro

Y despierto escurrido de sal amarga
en rechinido de dientes en mi sien
sangre en el postre de lagrimas de un amor
arrebatado

Y no duermo y quedo en el silencio
de la risa del demonio que me mira
en las sombras del dolor ufano

Me miro en esta mansión
esta casa de gritos malditos

Una voz de juez de susurros habla
paciente numero 345
su comida esta lista
Me escondo y muero
en la condena del diablo

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Las primeras monedas

Tarde en el día triste de siempre
al asalto de los locos del volante
con espuma y soberbia  faena taurina,
un hombre limpiando parabrisas
con un gesto de hambre y alegría
en una mirada noble altruista.

Pide humilde taco para su estomago vació
con desempeño limpia la suciedad de ese auto
y solo en sus ojos;
oración a Dios por ese pan de cada día.

Y no el abismo de los desencantados
a la indeferencia continua en él toxico
de drogas que les matan la vida
en el pasaje de fuga pasajera.

Tal vez este hombre
ya probo ese escape

pero en sus ojos no hay malicia .

Solo esa espera de llevarle algo
a su familia, a los hermanos
de las sombras desposeídas.

No le entrego una moneda, si no 10

y su alegría es tan grande
que en sus ojos hay brillo
sintiéndose importante.

En esos ojos se mira
el sacrificio de las monedas
pensando en si esas 10 monedas

son un tesoro para su paraíso.

Y de  mi corazón a ese joven
solo amor a mi oración
para que siempre tenga más
de una sola moneda.

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Amando el asesinar

Maldito soy en la voz   conjunta
machos purgados de miedo y envidia
 me llaman hijo muerto sangre ufana
asesino de trova  a la amada poesía

Rebelde escritor de muerte de espanto
Loco sátiro cínico fulano de momento
Amador de la muerte del abismo profundo
Insensato mentecato al escribir bello verso

Pero soy libre lubricado al momento
De sentir la tinta en regazo manso fino
Como un sexo limpio desnudo etéreo

De simple miedo  no siento nada
Por ser callado en escribir alegría
Lo diré seguiré siendo su envidia

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Condenas

Muerte, cabalgata pronta fiera
soñando en portento
golpe de fiera pasajera 
dormido lacerado nefasto tiempo

Hades de fiebre trémula
traición al corazón
brisa y viento flora gris alondra
que se tiñe roja se muere sin razón

Fortaleza al monte Olimpo
preludio al fin abismo
Céfiro cortado en horrendo martirio
polvo siempre polvo

¡Hay madre tierra!
los muros son acero maldito
saeta de Cronos llena de fermento
sin vida eterna

Soy cobarde y no lucho
contra esta triste guerra
corriendo a la salida
me encuentro estando solo

Inmortal lúgubre saliente pecado
ufanidad simple sin gran valor
sólo queda esperar muerte sin par
en fulminación que llega al infierno

Y no soy nada
un guiñapo loco
sin tener algo de respeto
marcho sin tener fuerza

¡Hay dolor maldito¡
cazador de fuero eterna muerte
cadenas amargas de demente
para mi áspero designio

Muero, calcinado por miedo
recordando la dicha
de amar la primavera
que no miraré  muerto

© Aarón David Cuevas Eguiluz