Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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¿Cómo llora un poeta?

Es hora de mi ocaso, dice fiel
La hechicera, merezco esa pena,
Pues de la vida extraje toda la miel.

Una tarde clara , quieta y serena
Cuando el sol, la siesta, está tomando,
Oigo el pipiar en los nidos. sin pena.

Y sí la brisa me arrulla dormido,
me acaricia tu amor, que es mi hechizo,
No quiero despertar, si no es en tu nido.

Te veo en mi sueño como Dios te hizo,
hija de aldea, cariñosa y discreta
Que trocó mi choza en oro macizo.

Al despertar, no vea, en la faceta
Nunca, aquel recuerdo que me humilla,
O llorar como solo llora un poeta.

Y ¿cómo llora un poeta? -dice ella-
¡el papel se queda blanco de repente,
se vuelve casi imperfecta la plumilla;

la primavera pasa indiferente,
los polos no abrigan la esfinge de nieve,
y el trino de las aves, no oye la gente!
¡las campanas no se alegran cuando llueve,
las notas musicales enmudecen
y con aire, la hoja, no se mueve!

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Vida, después... ¡De la muerte!

I  Muerte

Un día tranquilo y tras la faena,
camino solitario y satesfecho,
voy rumbo al hogar pues honor he hecho
a mi himno... fuera de mística pena.

Entrada la noche y de la sombra,
un rayo de luz veo, y con el batallo,
a su trueno duermo en mortal desmayo
y al rodar -la banqueta- fué mi alfombra.

Me sumerjo en desgarrador instante
oyendo liras entre efluvia brisa
y una transparencia veo delante.

Se fue borrando, apagando mi riza,
ya sín plegarias, me abrazó la muerte,
aspiró profundo ... y se fué indecisa.

II  Vida

¡Un disparo en el corazón! - ya es mío-
dice la muerte ... y vió que le cubrían
lo velaron, sollozaron, no dormían.
Pero no dejaron solo al cuerpo frío.

Los cuatro cirios no encendieron su luz
cuando el rigido cuerpo recibieron;
"ya falleció" dicen quienes le vieron,
que con ojos fijos, miraba la cruz.

Diecisiete días en capilla ardiente
y ¡ví de nuevo! la risa de los mios,
¿Si creo en los milagros?, nó pregunte.

Con la calma imprecisa de los ríos,
ligera, leve, voluble, se siente
cómo a la vida, vuelvo, de mis desvíos.

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Ausencia

Te tengo a ti y en ti no estoy presente
Y el odio se me hace mas profundo,
Que estando aqui, no soy ni gente.

Para mí ya no existe el mundo
Se hicieron las noches, zahareñas,
Pues acaso soy un gusano inmundo.

Llevo en mi corazón todos los pesares
Ya ni siquiera luchar puedo
Me siento huir de todos los lugares.

De todo ese amor estoy desnudo
Y ahora ¡cómo es? Dudando inquiero,
Soñé con su amor, como nadie pudo.

Me quedé solo y aunque no quiero
Aún con dsilusión y desgano
Te llamo mi amor. Y muero.

Entre flores de Mayo nació un gusano,
Y el sapo emplumado que cacarea
Pide al jájaro desnudo le dé la mano.

Escuché hoy a Kempis, asceta yermo
Y aclaró todo lo que en mí estaba incierto
-me dijo- si amas a Dios tu amor no ha muerto
y entendí, que nada es cierto.¡que estoy enfermo!

© Rafael Merida y Cruz Lascano