Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Escenas

Tenía la escopeta preparada, pero no le vi esa tarde. No importaba lo que ocurriera después, lo único importante era acabar con ese indeseable; tarde o temprano tenía que matarle. Jamás podré perdonarle el que me hubiera robado a mi chica, justo el día que me iba a casar con ella y delante de mis narices. Lo habría matado allí mismo si no hubiese sido porque me quede atontado viendo como se la llevaba en su Cadillac negro, sin ser capaz de reaccionar hasta pasadas dos horas. Entonces, ya era demasiado tarde, ya no iba a ser capaz de encontrarles ese día. No fue hasta una semana más tarde que tuve noticias de ellos; estaban en una ciudad distante mil kilómetros de la mía disfrutando de su luna de miel. Cuando me puse en contacto con ellos les hice creer que les había perdonado, que comprendía lo ocurrido (al fin y al cabo ella había sido su novia antes de conocerme, aunque cuando nos íbamos a casar me juro que ya no le quería (la muy zorra)), que no iba a haber represalias y que si querían podían venir a visitarme cuando quisieran, sin rencores.
Ahora han pasado dos años desde aquello. Han venido ha visitarme en varias ocasiones y se han quedado convencidos de la veracidad de mis palabras. Por lo que se son muy felices juntos. Claro que el no sabe que el padre de su hijo soy yo.
En un principio había pensado postergar mi venganza hasta que el crío tuviese la edad suficiente como para que le pudiera decir que yo era su padre y que pudiera comprender que era de justicia acabar con el que el creía era su padre. Pero después pense que de todas formas ella iba a sufrir, además que también debía pasarlo mal por lo que me hizo, así que decidí eliminarlo a la primera ocasión. Y esa tarde se presentaba propicia, ella se había ido a ver a un familiar al hospital con su hijo y el se había quedado solo y sin planes para la tarde; le propuse pasarla juntos y acepto salvo que le surgiera algo más importante (era Director Artístico de una Discográfica); y fue lo que ocurrió. Ahora solo me queda esperar a que se me presente otra ocasión parecida, invitarle a venir a mi casa y borrarle de la faz de la Tierra.

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Una niña pasea por el parque que hay cerca de su casa. Es un domingo de una deliciosa y cálida tarde de primavera. Cantan los Ruiseñores y otros pajarillos. Los niños juegan al fútbol, a la perinola, al escondite y otros mientras sus padres charlan entre si de cosas que olvidaran no mucho tiempo después. Se ve a gente haciendo footing. En una plaza del parque los jubilados juegan a la petanca. Todo el mundo es feliz en ese reducto de paz y aire puro que es el Parque Emperatriz María de Austria; a pesar de estar pegado a la carretera de Toledo, la Plaza de Fernández Ladreda y la Vía Lusitana. La niña se deleita con la felicidad aparente de los que la rodean, sonríe ante las cabriolas de un perro y desearía que su mejor amiga no estuviera enferma y la acompañara en su paseo como otras veces.

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Pisar aquel lugar por primera vez produjo una extraña sensación en mi. Roberto, el chico que me acompañaba, había estado allí en otras ocasiones. Estreche aun más nuestro abrazo, llena de gozo por estar con el en aquel maravilloso lugar. Era extasiante contemplar los kilómetros y kilómetros de profundo abismo terroso que se extendían ante nuestra vista. Si, había merecido la pena hacer un viaje tan largo para estar ante aquella megalítica construcción de la naturaleza. Parecía increíble que un río pudiera hacer algo así, pero allí estaba, ante nuestros ojos, el Gran Cañón del Colorado.

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Imaginaos una reunión de amigos. Todos juntos en la casa de uno de ellos. Son las tres de la mañana y están pensando que hacer a continuación, que nuevo juego de lógica enrevesada, que nuevo estrujamentes llevaran a cabo las siguientes horas. Suponed que eligen un juego en el que deben adivinar personajes creados por ellos mismos y uno de ellos no los conoce a todos y así lo declara. Ved como eso no les importa a los demás y el juego sigue adelante. Asombraos al constatar que una de la más diabólica y bella de las definiciones parte de los labios del que no sabia nada del personaje en cuestión. Mientras tanto, en otra de las habitaciones de la casa, sin que nadie les haga mucho caso, los Beatles interpretan "Things we said today".

© Carlos "Gharlhahath" González Corral