Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Cuestión de visionarios

Pan, queso, pan, queso... En una plaza, calle de tierra o asfalto, descampado da igual. Si lo único que queremos es jugar a la pelota, cualquiera sea la estación de año. Si solo tenemos que dividir a los capitanes y que ellos elijan... Que Walter juegue para mi equipo. Entonces yo elijo a Javier. Yo quiero a Pablo porque es arquero. Bueno Roberto juega para mí si en defensa vos no lo pasas. El que la mueve viene a mí equipo. Vení Ricardo. Daniel que venga conmigo, el cabecea muy bien. Che, con José Manuel qué hacemos. El charro no vino por que salío anoche y debe estar durmiendo.

Cuántas veces habremos escuchado el famoso libro de pases "pan y queso". Ahí la pelota no tiene un solo dueño, ahí es de todos. Podíamos jugar todos, nadie se quedaba afuera.

Jugábamos en el potrero o en algún lugar que nos sirviera de cancha. Sabiamos correr entre 6 o 7 horas. Los partidos se ganaban por goleada... 2 de Ricardo, 4 de Daniel. Es tan lindo verlo jugar a Ricardo , a la pelota la trata mejor que a su mamá, caño por acá, gambeta por alla. El Bocha si que la movia. Los otros equipos decían que era medio pecho frio. Pero se morían de envidia por tenerlo ellos. Decían que Javier era flaquito. Pero como corría, siempre dominando la pelota... y Walter era un desfachatado que cuando más te calentabas mejor jugaba. Puro caño. El que hacía los goles en los partidos dificiles era José. Pero le gustaba salir. Atrás no nos pasaba nadie, si a Roberto nadie le ganaba. Mientras que Daniel y Héctor sacaban todo lo que venía por arriba. Eramos buenos casi todos. Al que le gustaba jugar por jugar era a Gustavo.

Salimos segundos en el último torneo que jugamos juntos. Nos habían robado el partido. Todas nuestras caras estaban llenas de lágrimas... ¡Cómo le pegarón al Bocha!. Lo expulsaron a Daniel sin que tuviera nada que ver con la jugada. Lágrimas y más lágrimas. No entendíamos nada. De golpe alguien nos dijo "juegan bien chicos". Nos dimos vuelta para insultarlo porque pensabamos que nos estaban gastando. Y vimos a un señor viejo y gordo que sabia de fútbol poco y nada. Eso pensabamos. Y nos dijo que a Dani, al Bocha, Gustavo y al Charro los llevaba a Boca.

Que a Roberto y a Walter a River. Que Javier a los Rojos de Avellaneda y que Héctor se iba a probar a Belgrano de Córdoba.

Las lágrimas ya no eran de tristeza. Eran de alegría. Sabíamos que íbamos a triunfar o por lo menos eso pensabamos. A los dos meses nos juntamos en la misma canchita de siempre. En la misma que habíamos perdido el campeonato. A ninguno nos habían aceptado. Porque éramos flaquitos. A otros porque no nos daba el físico. Que estabamos mal alimentados y no sé qué otras cosas nos habían dicho. Pero sabíamos que eran cosas del fútbol. Y también sabíamos que el fútbol da siempre revancha.

© Juan Ignacio Moreno