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Maquinaciones intelectuales

Maquinaciones intelectuales que se suceden en los instantes, son invitaciones anónimas a descubrí el ser. Ahí se encuentra parado frente al invento multiplicador de existencia, no se encuentra, se reinventa, idealista era Descartes no un necio parado ante un espejo intentando decir seriamente pienso luego existo. El pobre infeliz, se dio cuenta de que existía cuando se enamoro, y se enamoro en el mismo instante en que la perdió, es que el amor es la necesidad.

Si, la vida siguió, se despertaba a la mañana, pero lo atormentaba el saber de la existencia de ella, en al algún lugar estaba, se paraba frente al espejo y se topaba con su propia existencia de vuelta el agotador pesar de la ausencia.

De que serbia esa ontología, digna según dios, nefasta según el, que estaba perdida en la necesidad de ella. Se consideraba como un conjunto de órganos, de materia lo suficientemente bien organizada como para contener a esa conciencia que cada vez se encarnizaba mas con despiadarce de si misma y entregarse al horror de la carencia.

Le era realmente pesado, el ser sujeto de todos los aforismos referidos al amor que había escuchado o leído en algún momento de su vida. “Los hombres inteligentes se enamoran como necios”, en verdad siempre le habían definido como inteligente, por modestia no se lo decía a si mismo, pero ahora el adjetivo de necio era el que mejor le quedaba y se lo proclamaba una y otra vez. El aforismo no podía ser valido a la inversa, “el hombre necio se enamora como inteligente”… se repetía a si mismo _no tiene sentido, si fuera cierto el amor seria el remedio ideal para la estupidez y no lo es, pero claro el amor estupidiza a cualquiera sea inteligente, fronterizo o estupido, a cualquiera, ese es el efecto natural del amor disminuir la capacidad racional del ser humano.

El amor surge de la subjetividad hacia algo q no poseemos o no queremos perder, y se quedaba pensando, _en realidad la he perdido? Desde que la tengo la estoy perdiendo, desde que empezó esta terminando… Y entonces en donde esta el sentido de que la siga amando? Si ya la he poseído y la he perdido, no volverá a mi como antes y es a esa a la que amo, no a la que vuelva a mis brazos después de probar en otros, esa será otra, ajena. Yo no soy dueño de sus noches, ni de su libertad, si lo fuera no la amaría.

Con que recompensa ficticia nos invita el amor al más grande de los sufrimientos, con que magia nos turba el pensamiento y nos deja perdidos en la red de la esperanza de ser felices un instante a costa de sufrir el resto de los días. Sin sufrimiento no hay pasión, que no es otra cosa que padecer, que no es otra cosa que sufrir, que no es otra cosa que amar, que no es otra cosa… y el volvía a pensar en ella y se olvidaba de lo q estaba razonando y se miraba de nuevo en sus propios ojos, ya no sabia cuanto tiempo llevaba frente de si mismo.

Somos humanos a partir de que nombramos a la selección de un individuo del otro sexo para la reproducción de la especie “amor”, y somos humanos ilusos desde que prometemos que ese amor será para siempre, no existe limitación más absurda a la personalidad. Cada tanto se le colaba un pensamiento de este tipo que le reacordaba de que tenia orgullo, de eso que le enseño su padre cuando descubría lo que eran los pantalones largos, no se llora y menos por mujeres, no se sufre por amor.

Que sentido tiene atarse por placeres fugaces a deberes sine die?? Y se lo preguntaba una y otra vez, como para despertar de ese estado en el cual sentía que la felicidad solo estaba en compartir cada instante de su vida con ella, aunque ese fuera el último, y mejor así sea.

El la amaba, locamente, la amaba como podía, no como quería.

Ella no era nada, simplemente era todo, eso que le faltaba para ser completo, no eran iguales, eran lo suficientemente distintos para encontrarse ciertas noches y separarse antes de que el sol los encontrara siendo uno.

Porque algunos insistían en distinguir el deseo del amor, y vise versa, si uno no es nada sin el otro, y no se le ocurría ninguna metáfora, pero tenía la certeza de que la amaba y la deseaba y cuanto más la deseaba mas la amaba… Cuando las cosas son hermosas de por si, sobran las metáforas, son necesidades subjetivas.

Quería ser sincero en ese instante en que la miraba a los ojos, quería decir amor, no quería mentir eternidad, en esos instantes amaba con la plenitud del ser. De nuevo su figura dibujada sin volumen, plana, en el espejo.

Cualquier resistencia seria inútil, estaba determinado a ella, sus labios tomaban al tiempo que sus manos pedían y ella se le entregaba en plenitud desplegada a la concupiscencia, para luego perderse dejando solo su ausencia que se agrandaba con las horas, esa era la rutina de su amor.

Sentía la fiebre de la pasión, y le temblaban las ideas en la frente, su rostro se empalidecía y de repente sonreía, era ella cruzándole el pensamiento, llenándole con su recuerdo el alma.

Como definen al amor los fisiólogos, no lo sabia, pero estaba seguro de que nunca había sentido el alma dentro del cuerpo como en esos días, sentía que le golpeaba los bordes del ser para salir, se le expandía la forma porque estaba plenificado en existencia. Era si físico lleno de alma.

Y se miraba en el retrato perfecto del espejo. Ya no era el, el que escribe diálogos de noches, hace tangos, el que tiene prole y le lee algunos cuentos, el que va a la curia cruzando la plaza, era ella la que deja los libros, le escribe y no le lee sentimientos, ella que va al puerto a cursar lo que el ya vivió. Eran. Nosotros. Sin espejo. Somos.

Somos demasiado irracionales y sentimentales para ser un pensamiento, demasiado racionales e insentimentales para ser mas que un pensamiento.

Se finí.

© Celina Carrizo Torrontegui
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