Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Al diablo todo

He salido muy tarde,no es la primera vez que por una mala decisión de mi jefa, yo tenga que quedarme a resolver los problemas que ocasiona su negligencia, y pensar que ingresamos juntos, ella, quien sabe como, consiguió ascender, lo peor es que me gustaba, aún me exito al verla, ella lo sabe, pero se esmera en hostigarme. Sólo la soporto porque necesito el trabajo y porque estupidamente no puedo vivir sin estar cerca de ella.

Siempre evito caminar por ésta calle, me dá miedo, pero hoy no me importa. Creo que debí pensarlo, alguien se acerca, tiene un mal aspecto me mira y me habla:

-¡Dame todo o te corto!- Me dice mientras saca un cuchillo. No puede ser no a mi, no sé como, al intentar sacar mi billetera, sin pensarlo, dirijo mi puño hacia su rostro, no se lo esperaba, luego le dí una patada justo en sus
genitales, lo he derribado, no espero que se levante, lo pateo dos veces más y luego corro, muy rápido, cuando estoy lejos, recién tomo conciencia de lo que he hecho y pienso: me siento bien, no tuve miedo, nada me importo. ¿Porqué no actuo asi más a menudo? Simple: por cobardía. Pero mañana será otro dia.

Hoy he salido temprano, muy temprano, la verdad: renuncié. Mi jefa queria que le ayudara a justificar el uso de un dinero ,claro yo debía firmar ciertos documentos que ayudarian a cubrir sus actividades fraudulentas. ¿Qué pasó con esa joven idealista con la que ingresé a trabajar?

Me negué, ella amenazó con despedirme, de repente me sentí como si estuviera en la calle con aquel ladrón, reaccioné y le dije que renunciaba, ella se empezó a reir, dijo que yo era un imbecil, le dije que tenía razon: sólo un
imbecil se enamora y soporta a una ramera como ella, se enfureció, iba a golpearme, sujeté su mano, tomé su cuerpo, la besé a la fuerza, luego la solté, ella no supo que hacer. Deje su oficina, redacté mi renuncia y abandoné
ese lugar para siempre.

Luego caminé, me detuve en un restaurant, entré y pedí el plato más caro y delicioso. Salí de comer me fuí a un cine, vi dos peliculas. Al salir del cine encontré a una prostituta, me fuí con ella a un hostal, hacia mucho tiempo que no disfrutaba tanto del sexo.

Me siento bien, de verdad, no me preocupa estar desempleado, mañana me preocuparé.

Vuelvo a caminar por la misma calle de anoche, el mismo ladrón se me vuelve a acercar, me preparo, un golpe en mi nuca me avisa que no está solo, hay dos más con él, me golpean, inexplicablemente empiezo a reir en vez de quejarme, el ladrón saca su cuchillo, siento como la hoja penetra en mi cuerpo cortándome, interrumpiendo mi vida justo en el momento en que me sentía más vivo.

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Musa de autobús

Te sentaste junto a mi, es raro pocas veces tengo la suerte de ir tan bien acompañado en un autobús,el camino es largo,quisiera hablarte, pero, ni
siquiera te conozco, llevas puesto un uniforme azul, te diriges a trabajar, te miro disimuladamente, sin que lo notes, eres bella, según mi modesta opinión.

Al mirarte descubro que estas dormida,sigo pensando que debo decirte algo, pero no se me ocurre que, pienso que clase de persona eres, si eres alegre, apasionada, trabajadora ó tal vez eres melancólica, fria, que se yo.

Estas tan dormida, veo tu rostro, pienso si tienes novio, envidio a quien llegue a poseer tu discreta belleza, de repente se me ocurre que puedo poseerte a mi manera, saco mi libreta de apuntes, un lapiz, sin que lo notes, estoy dibujándote, es difícil, el movimiento del autobús me dificulta el trabajo, tengo que voltear a mirarte para captar cada detalle de tu rostro y plasmarlo en el papel. El semáforo está en rojo, el autobús se ha
detenido, aprovecho éste momento, trato de dibujar lo mejor que puedo, pero, la luz cambia a verde y nuevamente tengo problemas.

He terminado, no es un dibujo perfecto, quisiera despertarte y mostrártelo, talvez te guste la idea de que alguien te dibuje o talvez te disguste, pues lo he hecho sin tu permiso.

Pienso que debo regalarte el dibujo,pero justo en éste momento despiertas, ves la ventana y te levantas del asiento, caminas hacia la puerta anunciando que deseas bajar.

Desde mi asiento te veo alejándote,quien sabe donde y quien sabe a que,jamás volveré a verte,conservaré el dibujo como un recuerdo de éste pequeño viaje,durante treinta minutos fuíste parte de mi vida,talvez te olvide,pero,lo que más me entristece es que nunca sabrás nada de mi.

© Manuel Alberto Carrasco Vásquez