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Hueco americano

“Llego el último viernes del mes, 15 de junio. Aquí era verano en la ciudad de Nueva York, creo que nunca me hubiera imaginado conocer una ciudad tan ordenada, limpia y bella como esta.

Mientras caminaba por esta urbe me preguntaba y repreguntaba a cada momento, ¿y por qué el Perú no puede ser igual? Me era difícil poder imaginar por instantes que nuestra lima sería algún día parecido a todo esto. Desde acá todo se ve distinto.

Cómo me gustaría que todos los de Lima se pudieran dar una vuelta por aquí, sería fenomenal que pobres y ricos puedan conocer algún día esta parte del universo. Es otra vida, otra atmósfera, otro mundo.

Cada vez que me sentía solo entre enormes edificios, restaurantes lujosos y harta modernidad, me daba mucha tristeza que las personas que quedaron en Lima no lograsen conocer esta ordenada urbe; siempre tenía que tomar mi ron con Coca cola para que la congoja no me embargara de la peor forma. Acá la vida es dura, pesada, a veces llega a ser cruel… No creo que pueda acostumbrarme a vivir el tiempo que imaginé quedarme. Espero que los días pasen rápido, si no es así al final tendré que aguantarlo, caballero, hay que tener valor para estar en esta ciudad solo. Completamente solo.

La semana pasada me fui a una discoteca y ni te imaginas a quiénes logré ver. Me crucé con varios famosos, estaba Silvestre Stallone, sí el actor de Rambo, ese mismo, él estaba caminando muy cerca de todo el movimiento de la ciudad. Luego llegué a distinguir al sonero Oscar de León, pero lo curioso es que aquí nadie le para bola como sucedería en alguna calle de lima, el único era yo que estaba exaltado al verlo tan de cerca…

Esa discoteca era enorme y lujosa, aunque pensando bien esa noche, en eso no se tendría que envidiar con las que hay en Lima, creo que van parejos; me olvidaba, justo cuando salía de esa discoteca, vi cuando ingresaba otra famosa con su novia, era una rockera, ¿cómo se llamaba?, ah, era Christina Rosenvinge, ¿te acuerdas?, la vocalista de la banda Christina y los Subterráneos, es un cuerazo; yo creo que si se apareciera en alguna calle de San Isidro, Miraflores, o Surco, facilito llamaría la atención con tanta belleza encima: cabellos rubios, blanca, su tez parecía de porcelana, flaca, casi media 1.77, su ropa era espectacular, botas y un atuendo negro, un estilo muy vanguardistas.

Aquí en Nueva Cork se vive muy deprisa. La gente es muy desenfrenada. Hace unas semanas conocí a una falquita y solo me bastó de una sola cita para haberla llevado rendida a mi departamento; esta era una chica de algunos veinte años, súper delgada que parecía que se iba a quebrar, fue delicioso las veces que nos juntábamos por las noches para hacer travesuras. Pasé cuatro semanas juntos a ella, luego no la volví a ver más. Las chicas de Lima son, pero no tan dables, me gustaría volverla a encontrar en cualquiera de esas discotecas. Fue el primer hueco americano que conocí, ni me preguntes su nombre porque ni me acuerdo…

El que no se inyecta, fuma marihuana, inhala cocaína, o no se traga algunas pastillas es catalogado como un cabrón en esta ciudad. En una de las discotecas que visité me la ofrecieron sin tapujos, no me quise quedar atrás con la invitación, aquí nadie me conocía, ni sabían lo exitoso que era en lima, quizá por eso aproveche la oportunidad y creo que me pasé de la raya con toda esta porquería por un poco de libertinaje… Al final fue una cojudez actuar de esta forma. Cuando salí del baño de la discoteca con esa euforia química me sentí raro, me sentí estúpido, sin embargo en ese momento quería que todos me vieran así.

Fui al bar y pedí un vaso con whisky, solo con mi copa me puse a bailar frente a los espejos, la gente que estaba a mi alrededor no me hacían caso, también estaban en la onda, acá todo eso es normal, hay gente más desinhibida que fuma y aspira en sus propias mesas, muy cerca de todo; yo como idiota me fui al baño, creí que estaba en Lima, esa ciudad la que extraño cada vez más cuando estoy totalmente ebrio.

Dejar de vivir en el país en el que naciste es muy triste. Aquí puedo hacer lubricidades, pero luego de hacerlas extrañas la patria, creo que sí no regreso dentro de los días que proyecté tiro por la borda mi vida, juro que sí. Espero que estos meses pasen rápido para treparme en el primer avión comercial que salga y regresar a mi depa… A veces me arrepiento de toda esta estupidez.

Luego pedí un licor recontrafuerte, el nombre era en inglés, seguía bailando, moviéndome como fantoche junto a mi vaso, si alguno de Lima me viera en esta facha no llegarían a reconocerme, estaba descarriado esa noche.

Las luces que estaban colgadas sobre el techo de vidrio me estaban dejando ciego, nunca había gozado tanto en una sola noche, de pronto me di cuenta a mitad de canción que toda esa gente drogona bailaba con un tema peruano, era `Mi forma de ser` de Patricia Loaiza; no pude creerlo, casi toda la gente estaba alborotada por el buen rock de esa chiquilla, mientras que a mí me entró una gran tristeza de oír la canción, fue fatal. Me puse a un lado de la pista, cogí mi rostro con ambas manos, mis ojos se enrojecieron, quería llorar, creo que llegué a soltar algunas lágrimas, no lo niego, quedé recostado tomando con desgano y lentamente el trago que pedí, esperé que el tema terminara para armarme de valor y embestir a la pista de baile nuevamente. Pero esto nunca ocurrió.

Casi de inmediato me puse a extraer las desgracias de Lima: sus malolientes calles de Caquetá y San Martín de Porras, su fatal tránsito de las seis de la avenida La Marina, y la coima que le pagué al tombo para comerme la papeleta. Pero si así somos los peruanos, valoramos lo nuestro cuando lo perdemos o lo tenemos lejos.

Después de ese viaje saqué conclusiones. Mi país, el Perú, es el mejor. Aquí tenemos un buen clima, si sales en frío o calor, bacán, allá te mueres. Allá nunca podrás probar un limón como el nuestro o poder encontrar la sazón que tiene la tía de la esquina para preparar sus comidas. En el vestido nosotros tenemos el mejor algodón del mundo, allá solo valen sus estrafalarios modelos, sus telas es un carajo… Felizmente ya estoy de vuelta. Ahora, juro nunca más regresar por drogas ni por Nueva York.”.

 

© Carlos Ramírez Magán
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