Mondo Kronhela Literatura - Literatura On Line


Volver al Listado de Autores
Cualquier cosa puede suceder

CUALQUIER COSA aquí ahora puede suceder, nunca se sabe, no puede saberse nunca con certeza y sin embargo tú lo sabes, lo captas en el ambiente, sientes cómo se insinúa sutil por encima del penoso jolgorio y la música que en vano intenta la alegría, distender esta forzada atmósfera de terrible soledad multitudinaria; algo como un fluido o líquido micronizado o leve vibración o tenue-sutil polvillo que se te cuela cuerpo adentro y te obliga a observarlo todo minucioso, sin perder detalle, con la vehemente crispación del animal acorralado, al acecho, temiendo lo peor en cualquier momento, mientras notas asimismo como a su vez eso –sí, eso, ¡lo que diablos sea!– a ti mismo te aguija y te incita, te lanza incontenible al demencial estallido de violencia a pesar de cuanto haces porque la música, el alcohol y el tabaco (sempiterno en tus labios) te hundan en la inconsciencia, calmen por fin el agitado pálpito en tus venas, atenúen o aplaquen esta profunda sensación de ansiedad y angustia que te socava el alma y te obliga a preguntarte una y otra vez por qué no coges la puerta y te marchas ahora que todavía estás a tiempo, por qué y para qué vienes una vez y otra y otra más a sepultar aquí, en la irreal semipenumbra de este insidioso catafalco bullicioso, tu soledad y tu angustia, por qué y para qué, consciente como estás de cómo en verdad ya nada puede brindarte este ambiente que conoces hasta la saciedad y la náusea, donde desde el momento mismo de tu primer descenso –sí, mientras colocabas cauteloso los pies en los escalones demasiado altos, mal iluminados, estrechos–, de alguna oscura forma intuiste que cualquier cosa aquí ahora puede suceder, algo pánico, monstruoso, fuera completamente del catecismo, tal como lo percibes ahora en este preciso instante en toda su aterradora potencialidad en las variopintas parejas que sudorosas bailan en la pista, en los desastrados borrachos que acodados en la barra cortejan obscenos a las muchachas, en los heterogéneos especimenes de indescifrable, ambiguo sexo que en las mesas –colmadas de vasos, copas, botellas, platos, cubetas con hielo, servilletas, ceniceros–, fuman, beben, comen, ríen y parlotean sin cesar exultantes, felices, todos sí (así lo sientes) “pasándoselo bien” como ridículamente se dice, Príncipes y Cenicientas reinando ilusos sobre el reloj y su implacable avance, sobre la soledad y la angustia, sobre la sinrazón y las amargas frustraciones y las cuantiosas e incalificables derrotas, fantasiosamente convencidos de haber logrado domeñar o al menos adormilar un instante a la omnipresente y todopoderosa Bestia (¡el Tedio!) que cruje sus dientes tras las dulcíneas máscaras de los días en los que como éste hay que divertirse por Decreto, a como dé lugar, nos cueste lo que nos cueste, cuando la realidad es que todo aquí (¡todo sí, todo!), los traiciona y eso –sí, eso, ¡lo que diablos sea!–, muy a su pesar se manifiesta, impone su rotunda presencia de cosa viva en el claustrofóbico y opresivo recinto donde todo, ¡todo!, desde las paredes (rojas, amarillas, verdes) hasta las enfermizas luces purulentas que desde el techo vomitan las bombillas lo proclama y lo anuncia a “puro grito vivo” por encima del penoso jolgorio y la música que en vano intenta la alegría, distender esta forzada atmósfera de terrible soledad multitudinaria donde una sola palabra mal interpretada o cualquier broma o chiste trivial o simple salida de tono ¡o vaya usted a saber qué inane, fútil e insustancial suceso! puede ser el aguijón para que todo recomience: el hipnótico fulgor de las navajas ante los ojos incrédulos, atónitos, la vida que se escapa súbita e incontenible en borbotones de gritos y de sangre por la boca, la crispada mano que instintiva tiende a taponar inútil la herida, este tu cuerpo que convulso rueda al suelo entre colillas, escupitajos y papeles, en cerrada nublasón de soledad frente la muerte...

Información aportada por el autor: Carlos Enrique Cabrera es escritor, profesor universitario y promotor cultural. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y desde 1994 se desempeña como profesor a tiempo completo del Área de Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En 2001 fundó la revista cultural de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección lleva ya publicados 26 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría el libro: Reflexiones de bolsillo (2002) y el conjunto de microcuentos de pronta aparición: Conjuros. Mantiene en la comunidad del diario madrileño El País el blog Conjuros y en Blogger el blog promocional de la revista Caudal.

 

© Carlos Enrique Cabrera
Imprimir todos los textos

Volver al Listado de Autores

Kronhela Ediciones Argentina - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
ARGENTINA