Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Las vacas dementes

Todo este revuelo de las vacas locas es como para volverse loco. Nadie entiende que se estén incinerando a estos bovinos por el hecho de estar desquiciados. Pero éste asunto no debería cogernos desprevenidos, sabemos que en oscuros periodos de la historia, a los enfermos mentales se le conducía a la hoguera, pues se le atribuían que dicha enajenación mental, era debida a la posesión que hacía al maligno de sus cuerpos.

Ya se han oído voces muy cualificadas, en el sentido de que la iglesia, sospechosamente, guarda silencio ante este problema que tan de cerca le llega. No podemos minimizar el hecho de que, en caso de posesión diabólica masiva, son las vacas cristianas las que están poseídas, mientras que, si no nos ciega el apasionamiento, caeremos en la cuenta de que, las vacas paganas de la India, no sufren de ese mal.

¡Pero ese es un análisis elemental, con errores propios de principiantes! Nuestro equipo analítico discrepa rotundamente de esa afirmación. Vivimos en un mundo tecnificado y moderno y por ello, no deberíamos pensar que la religión tiene algún papel en esto, ese argumento está bien en periodos prerrevolucionarios, pero no ahora.

Tampoco tienen culpa los rusos, recuérdese que ha caído el muro de Berlín y aún no hemos encontrado otro Coco que lo sustituya. Nada de esto tiene que ver con la incineración de las vacas enajenadas. Esa nueva inquisición, amante de la hoguera y negada a la ciencia, parte de una premisa diferente a las cuestiones religiosas. Aunque haya sectores judeomasónicos que por intereses particulares y ocultos, estén interesados en salpicar a la iglesia católica de toda la vida, con los problemas de las vacas enfermas de los nervios.

El problema de las vacas locas es que, en la Unión Europea, no existen psiquiatras para las vacas y no se pueden poner a estos animales en manos de médicos de cabecera, entiéndase en manos de veterinarios, sin más. En que cabeza cabe semejante despropósito. ¿Qué intereses existen para que las asociaciones protectoras de animales no reivindiquen el psiquiatra de vaca, mientras que por ejemplo, se afanan en defender a la foca monje?. ¿Por qué las vacas de la U.E. recibieron harina de origen animal, mientras que sus parientes de la India, siempre recibieron harina de otro costal?

Con las vacas se han hecho verdaderas carnicerías. Pero ahora les toca a la sociedad bregar con las vacas flacas y todos nos preguntamos ¿Están anoréxicas?. A lo que debemos contestar: Sí porque son vacas flacas. Entonces ¿Por qué a las vacas anoréxicas se les señalan como locas?. No es de extrañar que la población esté confundida con este tema y las propias vacas sanas enloquezcan.

Sólo nos cabe decir que esperamos haber contribuido a una información veraz e incluso cierta. No hemos querido entrar a valorar la incidencia, que la tiene y además mucho, de las incineraciones y su contribución a la destrucción de la capa de ozono, asunto del que las vacas son totalmente ajenas. Tampoco hemos querido sacar a la palestra el mapa de genoma humano y las escasas diferencias que tenemos con las vacas. ¿Para qué abrir nuevas líneas de debate?. Simplemente esperamos que se haya tomado conciencia de que, en vez de incinerar a las vacas, lo que necesitan esos animales es un buen tratamiento psiquiátrico. Si estas de acuerdo en una psiquiatría bovina pública, manda tus aportaciones a BANCA ROTA Nº 13 13 13 13 69 Suiza. Si no estás de acuerdo con una psiquiatría pública bovina, manda tus aportaciones a BANCA ROTA Nº  69 13 13 13 13 Suiza.

No seas indiferente. ¡Mójate!

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Mariquilla

El sol, como se estaba cayendo, pintaba el ribeteado de las nubes de un dorado tembloroso. Pero Mariquilla no prestaba atención a paisajes tan lejanos, con echarle agua al hormiguero del patio ya tenía suficiente entretenimiento.

Ahora se le venían estas cosas a la cabeza y se reía para sus adentros. El mar ya casi había llegado a sus pies descalzos y el sol repetía su liturgia del atardecer. Pequeños enjambres de mosquitos apuraban sus últimos alimentos sobre el verdín de las piedras, las mismas que deseaban el frescor que trae la subida de la marea y que las inunda en sus dos pleamares diarias.

La muchacha sentía los mordiscos de los insectos sobre los dedos de sus pies. Confundían su carne impregnada de sal con las rocas. Ella para amortiguar las punzadas, se restregaba con la arena mojada de la orilla, dejando sobre el empeine panes rosáceos.

Mariquilla mira el cielo, por el que nunca antes estuvo interesada y las últimas aves que lo cruzan, se le antojan que también son hormigas a las que el horizonte le ha mojado su hormiguero.

Ahora Mariquilla sí sabe mirar los paisajes lejanos y se imagina a sí misma sentada en una piedra, viendo caer la tarde en su liturgia, observando como se pintan las nubes del sempiterno ribete ígneo. Ahora el hormiguero, son insectos como recuerdos anidando en su corazón, porque ya solo le quedan edades para mirar hacia atrás y verse... verse allí, en el patio, como si nada hubiera sido realidad, como si todo hubiera sido imaginado.

© Sebastián Gómez Cama