Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Resignación…

Allí estaba ese ardor de nuevo. Ya lo había sentido antes, pero estaba parecía como si fuera la primera vez. Como si hubiese olvidado todo y lo único que le permitia saber que estaba vivo era ese ardor. Un ador que quemaba su corazón.

Desde que decidió someterse, el ardor se había vuelto algo común. No lo sentía todo el tiempo, pero cuando llegaba el ardor lo hacía sin contemplación, cauterizando lentamente sus emociones y su conciencia.

Miles de pensamientos invadian su mente, haciéndole preguntas que no se podian contestar con lógica humana. Era inútil; por mas que le intentara encontrar un explicación, no lo lograba. Tenía innumerables argumentos a su alrededor pero ninguno le daba la respuesta; todos lo condenaban a el. Su mente no lo dejaba en paz. Se sentía como un estúpido al no poder explicarse a si mismo su comportamiento.

Sentía una voz interior que le demandaba incasablemente la razón del porque no podía estar con ella; pero por mas que lo intentara no lo lograba y eso era como un combustible inflamable para su ardor.

Su ardor comenzaba con un sentimiento de miedo que le subía desde el estomago hasta el corazón. Cuando llegaba al corazón se agrandaba con cada latido y se esparcía por todas sus venas. Entonces sentía que el aire se le iba y tenía que respirar profundo. Al tomar el aire sus manos formaban puños que buscaban una pared donde descargar toda esa energía. Pero no podía.

Así que esa toda la energía se le concentraba en su garganta y la única forma de liberarla era a través de un grito. Pero no podía; se vería mal, el había decidido someterse por su propia voluntad. Así que se tragaba el ardor, el cual volvía a su estomago y subía de nuevo hasta su corazón haciendolo doblemente insoportable, este ciclo podría termina si solo…

"¡¡¡si solo pudiera encontrar una explicación!!!" Pero no la había. El decidió someterse y esa era la única razón que le impedía poder estar con ella.

Su líder le dijo que no; que no podía involucrase en ninguna relación por un buen tiempo, y mucho menos con ella, su hija adoptiva.

" ¿Te gusta?…ah eso es normal, ¡ahora que te desguste!" le afirmó su líder con palabras directas y cortantes, dejándolo sin ninguna posibilidad para regatear. Incluso si lo hacía, quedaría peor ante su líder, como un rebelde que no acepta las decisiones de parte de sus autoridades.

"¿Autoridades? ¿Hasta dónde puede mi líder espiritual intervenir en mi vida personal?", la única respuesta que se ofrecía para es interrogante era muy sencilla y a la vez extremadamente complicada de definir, "hasta donde tu le permitas".

Pero por ser un miembro del grupo ecleciástico, tenía que pagar el precio y parte de ese precio era su libertad. Si entraba dentro del sistema, debía que someterse a las reglas, no era nada nuevo, "¿no lo es asi en todos los sistemas? Empresas, equipos de futbol, colegios, en fin en todo…"

Pero en el fondo el sabía que todos esos sistemas no podrían tener tanta incidencia dentro de su vida personal, el tenía derecho de tomar sus propias decisiones en cuanto a la mujer que le gustaba. Pero bajo este sistema, ¡NO! y el había decidido someterse.

La solución parecía muy facil, simplemente abandonar el sistema del grupo espiritual al cual había decidido someterse y tendría la oportunidad de hacer lo que el quería, ir trás ella.

Pero…¿valdría la pena? Ella también estaba dentro de ese sistema, y el líder era su padre adoptivo. Si el se salía sus posibilidades de estar con ella se reducirían enormente. Ademas el sentía que si se salía, Dios se enfadaría con él y le quitaría su cobertura de protección a través de la estructura de autoridad y le podría ir muy mal.

Si, el tenia la opción de salirse, el podía tomar cualquier decisíon, ¿pero estaba el realmente libre? El sistema formó dentro de el un esquema de valores que definía el bien y el mal, y el no someterse al sistema, por mucho que el qusiera, estaba mal. El amaba a Dios y no quería defraudarlo y pensaba que manteniendose dentro del sistema tendría a Dios contento.

Sabía que salirse no era una buena opción, lo mejor era quedarse y someterse y tratar de apagar el ardor que sentia en medio de su pecho.

Con el pasar del tiempo y estando a solas con Dios el ardor disminuía y se iba yendo, pero estaba seguro que pronto volvería y lo sentiría de nuevo como si fuese la primera vez…

© Tito José Crissien Borrero