Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Nosotros

Afuera llueve
noches frías
como los muertos,
acongojadas en los rincones;
y nosotros con los pies tibios,
perpendiculares sobre otros cuerpos,
los ojos entreabiertos de culpa
y ávidos de menesteres.

Afuera caen profundamente heridos
los incorruptos y mujeres
que marchitas se prometen;
hay beodos dormidos en la opacidad
de los muros y de las nubes que viajan
muy lejos de las tragedias,
y nosotros en las azoteas
-inexistentes-
reparamos en nuestras confesas
almas perdidas.

Afuera hurtan a los niños su inocencia
y les abren los ocultos secretos en las callejuelas
y nosotros apareándonos, sin querer llorar,
desnudos de piedad sobre el tálamo.

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Ahora vives

Ahora vives,   exultante,
con pequeñas alas blancas
en los pies y en las manos
para remontar entre las flores
suspendidas del cielo.

Un niño azul se desprendió de ti
llorando cuando dormías
y cuando clamabas en el viaje aquel,
a tus adentros,   seducida.

El se elevaba hacia lo insondable,
tú caías.

Luego se inclinaba interrogándote
y reías con los brazos abiertos,
como la tierra fértil.

Ahora tienes diminutas alas blancas
en las manos para cobijar la vida,
y tus pies alados se mueven contigo,
antes del llanto de tu propia carne
del regazo apartada.

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Menos mal

Menos mal que me dí cuenta
de esa manía tuya de planear
vuelos de riesgo con la mirada.

Por eso alargué la sombra de mi cuerpo
como tú hubieras querido,
para quebrarme,
que me plegara de huesos.

Menos mal que arranqué tus ojos
del precipicio para que no cayeran
sobre mi partida
y en tantos miedos pegados
en las murallas prominentes.

Menos mal que tú y que yo
nos comprendemos,
y no miento si digo que ahora sí
viajaremos desnudos desde el alma,
como atados,
hacia reinos siderales.

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Dios es un matemático

Mientras más viejo
se muere menos:
matemática pura
Dios es un matemático
prolijo,   previsible,
y la naturaleza el libro
que se le quedó abierto,
olvidado,
con pájaros inocentes
escapando del destello,
engañados como las flores
de un espejismo;
como los peces efímeros
vagando en una tierra
infecunda,
como los días que se mueren
a la hora señalada
todos los días,
cuando el sol es un reloj
agonizante allá en la vida,
que apunta prosternado
hacia el ocaso.

Matemática pura
Hábito de cándidos silencios
apocalípticos
Memoria que fuiste,
memoria que eres,
doliente,
mucho antes de haber sido
y de ahora que menos
se muere.

Matemática pura.
Sentencia sin secretos
virginales
Diseño de mundos irrecusables
construido
Mientras más viejo
menos se muere
Dios es un matemático.

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Cansancio

Tengo sueño de la cabeza a los pies,
un sueño abundante e intenso
para pensar que dormido
vago por el mundo
detrás de una quimera,
descalzo,
a rostro descubierto.

Tengo de tí, de mí y de todos
algunas cuantas verdades ocultas
que no quiero penetrar,
pero sólo es apariencia
porque yazgo inquieto
bajo tantos velos de barbarie.

Acaso es el cansancio
de despertar cada mañana,
de abrir los ojos cada día.

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Vade Mecum

Tengo la idea de que mientras escriba
no me voy a morir,y duermo afilando navajas
con el alba hasta expirar el día.
No permitiré que me maten fantasmas fatigados
o me despierten en las calles con fraudulosos
violines de madera. Ya ves, ahora me la paso
garabateando en los muros más altivos
de la tierra, araño las níveas puertas
de las ciudades y arrastro como obstinada
pluma mis huesos por los sepulcros.

Tengo cubierta la frente de edictos que me
mandan no morir todavía,y de papiros con
historias fantásticas para reproducir en las
páginas de los árboles y de las flores.
Tengo obcecados diccionarios trepanando mi
cabeza como trenes que bufan iracundos por
túneles brumosos.

Para no desaparecer engullo miles de guías
telefónicas de las naciones más abundantes
y me baño a cada minuto en agua bendita sin
dejar de hojear los vade mecum que he
acumulado en los tantos tiempos de locura.

Voy en cada segundo deletreando mi nombre
y los nombres no inventados todavía de los otros,
y creo canciones y novelas prodigiosas y combato
contra los tormentosos vientos del olvido
para no querer morirme hasta que me muera.

Yo pendido como araña de la tela frágil de lo
infinito y todo muere sin remedio. Ya ves,
un día no me quiero ir y escribo.
Estuve maldito y orinaba mis insomnios por las
noches como si me pidieran que me quedara
suspendido, con el corazón atrofiado y sosegada
la mirada.

Pero sigo escribiendo vade mecum en todas las
paredes que conozco,porque tengo la idea de que no
me voy a morir mientras escriba.
Lo haré hasta no sé. Iré de nube en nube colgando
discursos y de morada en morada dejando testimonio
de mi contrato con la vida para que nadie dude
de mis intenciones de morirme sólo cuando me llegue
la muerte. Nunca antes. Y es definitivo.  

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Esos árboles desnudos

Qué perverso es el invierno con los árboles
desnudos y ateridos,  agraviados
por la exaltación de los vendavales;
forzados a contorsionarse extravagantes
entre los aplausos infatuados de la lluvia,
con faroles de inoportunos ademanes
que los celan en las umbrosas avenidas
y silencios quebrajados por el llanto
de los seres traicionados.
 
Qué severo es el invierno con los árboles
desvestidos por las tormentas y los céfiros;
plañideros desde las cepas y los brazos
desarticulados de sus cuerpos,
suplicantes tras la postrimera furia,
como manos  con lágrimas entre los dedos
brotando de la tierra.
 
Esos árboles desnudos y entumecidos
de todos los inviernos iracundos.
Esos tristes fantasmas profanados,
que no pueden surcar los territorios
como las aves en busca de indumento
para cobijarse.
                                                     
Esos viejos árboles que vomitan resina
en los caminos lejanos,
con las entrañas abiertas a tajo de viento.
Desdichados árboles ofreciéndose 
en holocausto como esculturas mutantes,
despojadas de su fronda 
y de la dignidad de los árboles en primavera.

© Antonio Alvarez Bürger