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Una figura paterna... ¿Julio?

Estoy sentada sobre el pasto. En la ruta no hay nadie, yo. Un camionero me llevaba a Choele Choel, -sí, donde nació Cortázar- y luego de manejar unos diez kilómetros me pidió que me baje. Por eso estoy acá: sentada sóla en medio del campo..."al lado del camino" diría Fito.

¿Por qué el conductor me hizo bajar del camión? (Aclaro que todavía no estoy segura de los motivos reales) Bien, se me ocurre que como rechazé todas sus propuestas de tener sexo y no quise tomar mate dulce con él, se puede haber ofuscado.

Claro...Esos parecerían motivos relevantes, pero como hace varias horas que estoy acá tan aburrida, me acordé de algunos detalles que pueden haberlo incomodado. Propongo recapitular el viaje.

- Hola, piba. Voy a Buenos Aires, ¿Te llevo?

-En realidad yo voy a Choele Choel (fíjense como en lugar de subir directamente, pongo esa resistencia absurda).

-Pero eso a mí me queda de paso, subíte. (El tipo se desgasta un poco y se seca la "gota gorda" que le chorrea de la frente al vaquero).

-Mire que no tengo un peso, eh? (que el lector observe mi grado de estupidez: ¿Quién te cobra por hacer dedo???!!!)

-¿Subís o querés seguir contando vaquitas? (Se me hace que me estaba burlando un poco para no insultarme)

-Eh, bueno, pero tengo que llamar por teléfono desde la estación de servicio que está allá, porque mi tía me espera con los ravioles, ¿vio? (Ahora que lo medito mejor, el "vio?" estuvo de más, ¿cierto?)

-Mirá, si querés subir hacélo ahora, porque yo a la estación ya fui y no voy a seguir perdiendo el tiempo. Lo único que falta (sube el tono) es que yo (ese fue un "yo" enfatizadísimo) te tenga que convencer de hacerte el favor (sonó con mayúsculas) de llevarte a ese pueblo de mierda. (Primera palabrota en toda la conversación. Sobrio para ser camionero).

No, ahí no le dije nada y me trepé al vehículo. Un minuto de silencio (no se había muerto nadie que nosotros estuviéramos viendo). Otro minuto de silencio. Pac: un ave se estroló violentamente contra el vidrio y quedó enganchada del parabrisas.

-Piba, ahí tengo el termo, hacéme unos verdes. (Me estaba dando una orden. Decidí acatar a modo de agradecimiento porque me llevara).

-Amarguitos, ¿no?

-¡´Tas loca! Acá arriba el mate se toma con azúcar, bien cargado. Y si no te gusta, "su ruta".

-No entiendo. (La respuesta fue tonta, me hago cargo).

-Que lo endulces y lo tomes así porque sino te rajo. (Se puso severa la cosa...)

-Yo le cebo a usted, pero yo prefiero no tomar porque no me gusta el azúcar, soy alérgica (es cierto).

-¿Vos me estás tomando el pelo? ¿¡Alérgica al azúcar?! ¿También sos alérgica a ésta? (Me señala su "parte noble" con la mirada).

-No sé porque nunca probé, pero tampoco quisiera saberlo. No se ofenda. Gracias, igual. (Sabía que rechazarlo iba a ser grave).

-Escucháme una cosa, pendeja (dejé de ser piba) o hacés lo que te pedí o te tiro entre los chanchos y no te levanta nadie hasta mañana. (la disyuntiva era clarísima).

-Señor, ¿No puedo hacer otra cosa por usted? (Traté de buscar una alternativa...)

-¿Vos me estás cargando? Te pido un mate, y no. Te pido un favorcito, y no. ¿Qué vas a hacer ahora, recitarme un poema? (Volvieron las ironías).

-Y, sí, en realidad recuerdo uno que me enseñó mi abuelo Cacho que es muy musical (me interrumpe)

-Jjajajaja, vos sos una boluda, nena, ¿tus papás no te quieren, no?

-Bueno, de hecho soy huérfana. Pero me crió mi tía, la de los ravioles. Muy buena, mi tía. Pero, ¿Le puedo recitar la poesía?

-¿Me estás hablando en serio? ¡Qué insoportable! (resopla y luego de una pausa continúa) Yo escucho el poema, pero si no me gusta a comer los ravioles te lleva otro. ¿Ok?

-Sí, sí. (demasiado entusiasmo) Ahí va:

                                "Nunca olvidaré las noches con la Juana
                                 su aroma, su color y su llama.
                                 Nunca olvidaré lo generosa
                                 que se presentaba en cada noche, la famosa.

                                Doña Juana era graciosa, y un tanto dormilona
                                yo la quería en mi boca, yo la tomaba a toda hora
                                ¿Dónde andará mi Juanita, mi Juanita escurridiza?
                                Quizás en otros labios, tal vez allá en la brisa..."

- Tu poema es un sorete, y tu abuelo un drogón. Te lo digo en rima: "Bajáte de mi camión".

Y...acá sigo. Pensando que me equivoqué en todo. Aunque el poema me gusta mucho. Les seguiría contando qué me pasó desde que me bajé, pero veo que a lo lejos viene algo. Supongo que por el tamaño es un micro o un camión, tal vez que pueda llevarme. Mejor que me apure a pararme, porque pasan tan rápido que uno nunca sabe bien si pasó un auto o un cohete de la Nasa. Además... ya se deben haber enfriado los ravioles.

 

© Agustina Yacachury
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